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sobre Castillo de Villamalefa
Pequeña población de montaña situada en lo alto de un cerro; destaca por sus vistas sobre el río Villahermosa y su entorno forestal de pinos
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Castillo de Villamalefa, en el Alto Mijares (interior de Castellón), se asienta a unos 800 metros de altitud en una zona de relieve quebrado donde los barrancos y las lomas boscosas condicionan tanto el paisaje como la forma de vivir. Hoy rondará el centenar de habitantes. El caserío se agrupa en un puñado de calles estrechas, adaptadas a la pendiente, y mantiene un ritmo cotidiano propio de los pueblos pequeños del interior: pocos coches, puertas abiertas en verano y bastante silencio durante buena parte del día.
El municipio pertenece a una de las comarcas menos pobladas de la Comunidad Valenciana. El Alto Mijares es territorio de pinares, carrascas y bancales abandonados que recuerdan una economía agrícola hoy muy reducida. Durante buena parte del siglo XX estos pueblos perdieron población de forma constante, y esa historia reciente todavía se percibe al recorrerlos: casas cerradas, huertos que vuelven al monte y una tranquilidad que no tiene nada de buscada, simplemente es la que queda cuando la densidad humana baja tanto.
Patrimonio y arquitectura local
La iglesia parroquial de la Asunción ocupa el centro del núcleo urbano. El edificio actual suele fecharse en el siglo XVI, aunque, como ocurre en muchos templos de la zona, ha pasado por varias reformas posteriores. La fachada es sobria, construida en piedra, y responde más a la tradición constructiva local que a un programa artístico especialmente ambicioso. En el interior se conservan elementos barrocos incorporados en reformas posteriores.
El resto del casco urbano se entiende mejor fijándose en la arquitectura doméstica. Las viviendas tradicionales se levantaron con mampostería y vigas de madera, con cubiertas de teja árabe y alturas irregulares para adaptarse a la pendiente. En algunas fachadas aún se ven balcones de hierro y antiguos portones de madera. No es un casco monumental, pero sí bastante representativo de cómo se construía en los pueblos de montaña del interior castellonense.
En los bordes del pueblo, donde las calles empiezan a abrirse hacia el campo, aparecen varias vistas amplias sobre el valle. No son miradores señalizados, más bien pequeños puntos desde los que se entiende bien el relieve del Alto Mijares: laderas cubiertas de pinar, barrancos profundos y carreteras que serpentean entre montes.
Caminos y entorno natural
Castillo de Villamalefa funciona mejor como base para moverse por el entorno que como lugar de paseo largo dentro del propio casco urbano. Desde el pueblo salen pistas forestales y senderos tradicionales que comunican con otros núcleos del Alto Mijares y con antiguas zonas de cultivo.
Los recorridos atraviesan pinares, zonas de carrasca y barrancos donde todavía aparecen muros de piedra seca y restos de bancales. Son caminos que durante décadas sirvieron para ir de un pueblo a otro a pie o con ganado. Hoy se utilizan sobre todo para caminar o recorrer la zona en bicicleta de montaña.
En determinadas épocas del año, sobre todo tras las primeras lluvias de otoño, el monte es frecuentado por gente de la comarca que sale a buscar setas. También es un buen territorio para observar fauna común del monte mediterráneo, aunque aquí conviene más paciencia que expectativas.
Celebraciones y costumbres
Las fiestas patronales se celebran en agosto en honor a la Asunción. Durante esos días el pueblo cambia bastante: regresan vecinos que viven fuera y se organizan actos religiosos junto con actividades populares en la plaza y en las calles cercanas.
En enero suele celebrarse San Antón, una tradición muy extendida en el interior valenciano. Es habitual encender una hoguera y bendecir animales, un gesto que remite a la antigua importancia del ganado en la economía local.
A lo largo del año también se mantienen pequeñas romerías o encuentros en ermitas del término municipal o de los alrededores. Son celebraciones sencillas, muy ligadas a la vida de los vecinos.
Cómo llegar y qué tener en cuenta
Desde Castellón de la Plana lo habitual es subir por la CV‑20 hacia el interior y, más adelante, continuar por carreteras comarcales que atraviesan el Alto Mijares. El último tramo discurre por vías estrechas y con curvas, algo habitual en esta parte de la provincia.
El pueblo se recorre rápido. Si la idea es caminar por el entorno conviene llevar calzado de montaña y contar con agua, sobre todo en verano. Los servicios en el propio municipio son limitados, así que muchas veces se combina la visita con otros pueblos cercanos del valle.