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sobre Torrechiva
Pequeña localidad junto al río Mijares con una torre defensiva árabe; entorno de ribera y montaña muy tranquilo
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En el interior de Castellón, en la comarca del Alto Mijares, Torrechiva es de esos pueblos pequeños donde el ruido baja de golpe. Con 114 habitantes y a 339 metros de altitud, el casco urbano se recorre en un paseo: calles estrechas, casas de piedra y ese ritmo lento que aquí no se fuerza.
Qué ver en Torrechiva
La iglesia parroquial marca el centro del pueblo. A partir de ahí, lo mejor es callejear sin mapa y asomarse a los puntos donde se abren vistas hacia el valle del Mijares y las lomas que lo rodean.
En las afueras aparecen los bancales tradicionales de olivos y algarrobos, un paisaje trabajado durante generaciones. También encontrarás fuentes y pequeños rincones de sombra vinculados al agua; si vienes a pie, agradecen una parada corta.
Qué hacer
Lo más natural aquí es caminar. Hay sendas y caminos antiguos que conectan con el entorno agrícola y las laderas cercanas; conviene llevar calzado con suela decente y agua, porque el sol aprieta incluso en días suaves.
La fotografía funciona especialmente al amanecer y al final de la tarde, cuando el relieve gana contraste. Si te mueves en bici, las carreteras secundarias tienen poco tráfico, pero son de interior: subidas y bajadas continuas.
Fiestas y tradiciones
En agosto se celebran las fiestas patronales con el esquema habitual de los pueblos: actos religiosos, verbenas y comidas populares. En otoño, el ambiente gira en torno a las faenas de almendra y aceituna. La Navidad se vive de forma recogida, con un belén en las calles cuando toca.
Si solo tienes 2 horas
- Vuelta tranquila por el casco urbano y la iglesia.
- Paseo corto hacia los bancales y alguna fuente cercana.
- Parada en un mirador natural del pueblo para ver el valle del Mijares.
Mejor época
Primavera y otoño son las estaciones más agradecidas para caminar. En verano se está más fresco que en la costa, pero a mediodía el sol sigue siendo serio; mejor primera y última hora. En días de lluvia, algunos caminos de tierra se vuelven resbaladizos.