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sobre Villamalur
Pueblo elevado en la Sierra de Espadán con vistas panorámicas; rodeado de bosques y trincheras de la Guerra Civil
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Hay pueblos que se recorren con un mapa en la mano y otros que se entienden simplemente andando. Villamalur es más bien de los segundos. De esos sitios donde entras por una calle, giras una esquina sin pensarlo demasiado y acabas en una plazoleta pequeña o en una cuesta que parece subir hacia el monte.
El turismo en Villamalur gira precisamente alrededor de eso: caminar sin demasiada prisa por un pueblo muy pequeño, en mitad del Alto Mijares, donde viven alrededor de cien personas y donde el ritmo no se ha acelerado demasiado con los años.
Está a unos 640 metros de altitud y se nota en el ambiente. No es alta montaña, pero sí ese interior de Castellón donde los pinares empiezan a rodearlo todo y el silencio aparece en cuanto te alejas dos calles.
Cómo es el casco urbano
El casco urbano es compacto. Calles estrechas, bastante desnivel y tramos empedrados que hacen que camines más despacio de lo que pensabas. Si vienes en verano, se agradece: aquí las sombras entre casas funcionan casi como un refugio.
Las viviendas conservan bastante piedra vista y muchas puertas de madera que llevan décadas ahí. Todavía se ven corrales integrados en el propio pueblo y alguna fuente tradicional donde antes se recogía agua para casa o para los animales.
En el centro aparece la iglesia parroquial de San Miguel Arcángel, levantada en el siglo XVI y reformada varias veces con el paso del tiempo. No es un edificio monumental ni especialmente grande; más bien cumple el papel de referencia del pueblo, el punto donde suelen encontrarse las calles principales.
Si te gusta curiosear, Villamalur tiene ese tipo de rincones donde te paras sin motivo: un arco, una fachada antigua, una escalera que sube entre dos casas. Nada espectacular, pero todo bastante coherente con la vida que ha tenido el pueblo.
El paisaje alrededor: pinar y antiguos bancales
Lo que realmente manda aquí es el entorno. Villamalur está rodeado de monte mediterráneo, sobre todo pinar, que cambia bastante según la época del año. En primavera el verde es más claro y el suelo se llena de brotes; en otoño el paisaje se vuelve más apagado y tranquilo.
Si te alejas un poco del núcleo aparecen restos de la agricultura de otros tiempos: bancales de piedra seca, pequeños corrales y construcciones que hoy quedan medio integradas en el bosque. Son señales de cuando el campo tenía mucha más actividad.
Desde algunos puntos altos del término municipal se abren vistas amplias del Alto Mijares y de las sierras cercanas. No es el típico mirador señalizado con cartel y barandilla; más bien son claros en el monte o tramos de camino donde el paisaje se abre de golpe.
Caminos sencillos para andar
Desde el propio pueblo salen varios caminos que se internan en el pinar. No son rutas especialmente largas ni técnicas, más bien recorridos tranquilos que usan antiguos caminos rurales.
Uno de los lugares al que suele acercarse la gente es la fuente de la Escueleta, donde tradicionalmente brota agua fresca durante todo el año. Es uno de esos sitios donde acabas sentándote un rato aunque no lo tuvieras planeado.
Conviene venir con calzado cómodo porque entre cuestas, piedra y tierra suelta el terreno cambia bastante. Y en verano el calor aprieta en las horas centrales, algo bastante típico en esta parte del interior castellonense.
Un pueblo pequeño, con vida a su manera
Con menos de cien habitantes, Villamalur funciona mucho por temporadas. En verano y en algunos fines de semana el pueblo se anima porque regresan familias que tienen casa aquí desde hace generaciones.
Las fiestas patronales de San Miguel, que suelen celebrarse hacia finales de septiembre, son uno de los momentos en que el pueblo se llena más. Procesiones, música y reuniones entre vecinos que muchas veces viven fuera el resto del año.
Durante el verano también aparecen actividades sencillas organizadas por los propios vecinos: juegos tradicionales, alguna actuación pequeña o cenas populares en la plaza. Nada pensado como espectáculo; más bien encuentros de pueblo que, si coincides, se viven con bastante naturalidad.
Qué esperar si vas a Villamalur
Villamalur no es un sitio para pasar todo el día saltando de monumento en monumento. En realidad se recorre rápido. En un par de horas ya habrás visto el núcleo urbano con calma.
La gracia está en combinar el paseo por el pueblo con un rato de camino entre pinares, sentarte un momento en una fuente o simplemente escuchar el silencio cuando te alejas un poco de las casas.
Es ese tipo de lugar donde no pasa gran cosa… y justo por eso mucha gente vuelve. Porque a veces lo único que apetece es caminar un rato, mirar alrededor y notar que aquí el tiempo va a otra velocidad.