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sobre Bejís
Histórica villa rodeada de montañas y famosa por la calidad de sus aguas; conserva un acueducto romano y un castillo que atestiguan su importancia estratégica pasada
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A primera hora de la mañana, cuando el sol todavía no supera del todo las lomas que rodean el Alto Palancia, Bejís se mueve despacio. Alguna persiana se levanta, suena una puerta de garaje, y el olor a leña —en invierno— se queda flotando entre las calles estrechas. El pueblo aparece en lo alto de un cerro, a unos 800 metros de altitud, con las casas de piedra subiendo en zigzag hacia las ruinas del castillo y el verde oscuro de los pinares rodeándolo todo.
El turismo en Bejís tiene más que ver con caminar sin prisa que con ir tachando lugares. Las calles son estrechas, con tramos donde apenas cabe un coche, y muchas conservan portales de madera vieja y muros que mezclan piedra antigua con reformas recientes. Al fondo del valle discurre el río Palancia, casi siempre escondido entre árboles, aunque en algunos puntos se oye claramente si el pueblo está en silencio.
Aquí no suele haber grandes aglomeraciones. Incluso en verano, basta alejarse dos calles de la plaza para que el ritmo vuelva a ser el de un pueblo pequeño: pasos sobre piedra, alguna conversación desde un balcón, el viento moviendo las copas de los pinos que rodean el casco urbano.
Restos históricos que aún se reconocen en el trazado del pueblo
El castillo de Bejís ocupa la parte más alta del cerro. Hoy quedan sobre todo fragmentos de muralla y algunas estructuras que permiten intuir la fortificación que hubo aquí durante época islámica y después en tiempos medievales. La subida se hace por calles empinadas y algún tramo de camino irregular; conviene llevar calzado con suela firme porque hay piedra suelta y escalones desiguales.
Arriba suele soplar algo más de viento. Desde ese punto se abre el valle del Palancia con una mezcla de pinares, barrancos y pequeñas parcelas de cultivo. En días claros se distingue bien la sucesión de montes que separan esta zona del interior de Teruel.
La iglesia parroquial de San Pedro Apóstol aparece casi de repente al girar una esquina. El edificio actual se levantó entre finales de la Edad Media y épocas posteriores, y desde fuera mantiene una sobriedad bastante marcada. Dentro, la nave única y algunos elementos decorativos recuerdan que Bejís tuvo más peso en la zona siglos atrás, cuando este corredor entre Aragón y Valencia era un paso estratégico.
Paseando por el casco antiguo todavía se ven restos de muralla integrados en viviendas y lienzos de piedra que no siguen exactamente la línea de las calles actuales. En algunos puntos el trazado medieval sigue bastante claro: callejones que suben, pequeñas plazas irregulares y miradores improvisados hacia el valle.
En el pueblo también se guardan piezas arqueológicas encontradas en el entorno —restos ibéricos, romanos y de época islámica— que ayudan a entender que esta zona ha estado habitada desde mucho antes de que existiera el Bejís actual.
Caminar junto al Palancia y por los pinares
Alrededor de Bejís hay varios caminos señalizados que salen casi desde el mismo casco urbano. El paisaje cambia rápido: en pocos minutos se pasa de las casas a senderos entre pinos, carrascas y bancales antiguos.
Uno de los recorridos habituales sube hacia el castillo y continúa por caminos forestales con vistas abiertas al valle. No es una ruta larga, pero algunos tramos tienen pendiente y suelo irregular. En verano conviene empezar temprano; el sol cae con fuerza a partir del mediodía y hay zonas con poca sombra.
Otra opción sigue el curso del río Palancia. El sendero baja entre vegetación más densa, donde el ambiente se vuelve más fresco y húmedo. A lo largo del recorrido aparecen fuentes y restos de antiguas construcciones ligadas al uso del agua, como pequeños molinos o conducciones que hoy están medio cubiertas por la vegetación.
Quien se mueva en bicicleta suele encontrar pistas forestales que conectan Bejís con otros puntos del Alto Palancia. No son recorridos técnicos, pero sí largos en algunos casos, con subidas constantes típicas de esta sierra.
Lo que se come aquí cuando llega la hora
La cocina local sigue bastante pegada al recetario de interior: migas hechas con pan duro, guisos contundentes para los meses fríos, cordero asado y embutidos curados en clima de sierra. Son platos que nacen de la necesidad de aprovechar bien lo que había en casa y aguantar jornadas largas de trabajo.
En invierno, cuando baja la temperatura por la tarde y el humo empieza a salir de algunas chimeneas, esos platos calientes tienen bastante sentido. En verano el ritmo cambia y muchas comidas se alargan más de la cuenta, sobre todo cuando regresan familias que tienen aquí sus raíces.
Fiestas que marcan el calendario del pueblo
Las celebraciones en honor a San Pedro suelen concentrarse a finales de junio. Durante esos días hay actos religiosos, música en la calle y encuentros entre vecinos que vuelven al pueblo para las fiestas.
En agosto el ambiente suele animarse algo más. Con la llegada de gente que pasa aquí parte del verano, se organizan actividades deportivas, verbenas y actos culturales sencillos repartidos por diferentes espacios del pueblo.
También es habitual que en septiembre se programen actividades culturales o talleres relacionados con la historia y las tradiciones locales, impulsados muchas veces por asociaciones del propio municipio.
Cómo llegar y cuándo merece más la pena venir
Bejís se encuentra en el interior de la provincia de Castellón, dentro de la comarca del Alto Palancia. Desde Segorbe se llega por carretera de montaña, con curvas y tramos donde conviene conducir sin prisa. El paisaje cambia poco a poco: huerta en el fondo del valle, luego pinares y, finalmente, el pueblo encaramado sobre el cerro.
Para recorrer el casco antiguo o subir al castillo conviene llevar calzado cómodo. Las calles tienen bastante pendiente y el pavimento no siempre es regular.
Primavera y otoño suelen ser las épocas más agradables para caminar por los alrededores: temperaturas suaves, menos gente que en pleno agosto y una luz que alarga las tardes sobre los pinares. En verano es mejor salir temprano y dejar las horas centrales para descansar a la sombra. Aquí el calor también aprieta.