Artículo completo
sobre Benafer
Pequeño municipio agrícola situado cerca de Caudiel; destaca por sus fuentes naturales y la tranquilidad de sus calles ideales para el turismo de descanso
Ocultar artículo Leer artículo completo
A media mañana, cuando la luz atraviesa los huecos de las persianas y cae a tiras sobre el suelo, el único sonido en Benafer es el de una radio encendida al fondo de una casa. Las calles son cortas y estrechas; en cinco minutos has cruzado medio pueblo. A unos 587 metros de altitud, en la parte baja de la sierra del Alto Palancia, apenas llega a los doscientos habitantes y mantiene un ritmo que todavía depende del campo.
Alrededor del casco urbano el terreno ondula suavemente. Hay almendros, algunos olivos, parcelas pequeñas sostenidas por muros de piedra seca que se repiten ladera arriba. A finales de invierno los almendros se llenan de flores blancas y rosadas y el paisaje cambia durante unas semanas; luego vuelve el tono seco del secano, más ocre, más áspero. Muchos bancales siguen reconocibles aunque ya no todos se trabajen.
Una iglesia clara y calles irregulares
El punto que organiza el pueblo es la iglesia parroquial de San Miguel Arcángel. No es un edificio monumental: fachada clara, tejado de teja curva y muros gruesos que guardan bien el fresco en verano. A su alrededor salen unas pocas calles irregulares, con fachadas encaladas y portones de madera oscurecida por los años.
Caminar por el núcleo histórico lleva poco tiempo. Hay alguna cuesta que obliga a bajar el ritmo y varios rincones donde el pavimento cambia de textura. A ciertas horas se oye con claridad el motor de un coche que pasa por la carretera cercana.
Conviene venir sin prisa y sin expectativas de “ver mucho”. Benafer funciona mejor como pausa breve dentro de una ruta por el Alto Palancia que como destino de una jornada entera.
Bancales, senderos y aire seco
En cuanto sales del casco urbano aparecen caminos agrícolas que serpentean entre parcelas. Algunos siguen antiguos márgenes de piedra seca; otros se convierten en senderos de tierra donde crecen tomillo, aliaga y alguna mata de romero. Cuando el sol calienta, el olor de estas plantas se nota enseguida.
Por los alrededores quedan pequeñas construcciones rurales y alguna fuente que tradicionalmente servía a los campos, aunque no siempre están en uso. También hay puntos altos desde donde se abren vistas sobre las lomas del Alto Palancia: colinas suaves, manchas de cultivo y un horizonte amplio.
Si vas a caminar, mejor hacerlo a primera hora o al final de la tarde en los meses de calor. El secano aquí no perdona el sol del mediodía.
Fiestas y reuniones que mantienen el pueblo vivo
El calendario festivo gira en torno a San Miguel Arcángel, el patrón. En septiembre suelen celebrarse los actos religiosos y las procesiones, bastante recogidas, con vecinos que se conocen por nombre y apellido.
En agosto el ambiente cambia un poco. Con la llegada de gente que vuelve al pueblo durante las vacaciones, las calles tienen más movimiento y se organizan actividades sencillas: música, comidas colectivas, juegos para los más pequeños. No es un calendario constante durante todo el año, pero esos días recuerdan que el pueblo sigue teniendo una vida comunitaria fuerte.
Cómo llegar y cuándo pasar
Benafer queda en el interior de la provincia de Castellón, dentro de la comarca del Alto Palancia. Se llega por carreteras comarcales que atraviesan campos y pequeñas sierras; el trayecto desde ciudades cercanas suele rondar una hora, dependiendo del punto de partida.
La visita resulta más agradable entre primavera y otoño. En febrero o marzo, si el invierno ha sido suave, la floración de los almendros cambia bastante el paisaje. En otoño, en cambio, la luz de la tarde se vuelve más baja y dorada, y los campos toman tonos ocres muy marcados.
El pueblo es pequeño y los servicios son limitados, así que mucha gente lo visita en una parada corta y continúa hacia otras localidades de la comarca.
Un lugar pequeño
Benafer se recorre rápido. En una o dos horas puedes caminar sus calles, salir hacia los bancales cercanos y sentarte un rato a mirar el paisaje. No hay grandes monumentos ni actividad turística constante.
Lo que permanece es otra cosa: un pueblo que todavía se organiza alrededor del campo, con pocas casas, poco ruido y un horizonte abierto de almendros y lomas bajas. A veces eso es suficiente para entender esta parte del Alto Palancia.