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sobre Chóvar
Municipio enclavado en la Sierra de Espadán rodeado de alcornoques; destaca por su embalse y sus rutas de senderismo en un entorno muy verde
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Situado en las laderas de la Sierra de Espadán, el turismo en Chóvar está muy condicionado por la propia geografía. El pueblo se asienta en una pendiente clara y eso se nota en cuanto uno entra: calles cortas, cuestas continuas y un trazado que sigue la forma del terreno. Con algo más de trescientos habitantes y a unos 400 metros de altitud, Chóvar mantiene una escala pequeña, ligada históricamente a los aprovechamientos de la sierra.
La configuración del pueblo y su historia
La iglesia parroquial de la Purísima Concepción ocupa el centro del núcleo urbano. El edificio es sobrio, construido con materiales de la zona y sin una decoración especialmente elaborada. Como sucede en muchos pueblos del interior de Castellón, su importancia es tanto religiosa como urbana: la plaza y las calles inmediatas organizan la vida del municipio. Desde el entorno de la iglesia se abre una vista clara hacia el valle y las primeras laderas de Espadán.
El resto del casco urbano conserva bastante de la arquitectura popular del Alto Palancia. Casas de piedra o revocadas, portadas anchas pensadas para el uso agrícola y balcones con rejas de hierro. Muchas viviendas se han reformado con el tiempo, pero aún se reconocen rasgos de las casas tradicionales vinculadas a una economía de secano y monte.
El paisaje que rodea al pueblo explica buena parte de su historia. La Sierra de Espadán es uno de los pocos lugares del este peninsular donde aparecen alcornoques de forma natural, mezclados con pinos y carrascas. En algunos puntos afloran rocas de tonos rojizos —propias de esta sierra— que contrastan con el verde del bosque. Son elementos muy reconocibles del paisaje de la zona.
Caminar por la Sierra de Espadán desde Chóvar
La actividad más habitual aquí es salir a andar. Desde el propio pueblo parten varios caminos que enlazan con senderos más largos dentro del parque natural. Algunos recorridos discurren entre pinares y antiguos bancales abandonados; otros suben hacia zonas más abiertas de la sierra, donde el terreno se vuelve pedregoso y las pendientes se notan más.
Conviene tener en cuenta el calor en verano. Aunque la sierra tiene zonas de sombra, muchas pistas quedan expuestas en las horas centrales del día. Agua y protección básica se vuelven casi obligatorios si se planea caminar más de un par de horas.
En otoño es frecuente ver gente buscando setas en los pinares cercanos. La recolección forma parte de las costumbres locales, aunque cada vez se insiste más en hacerlo con conocimiento y respeto por el monte.
Cocina de interior
La cocina del pueblo responde al entorno: platos de cuchara, productos de temporada y recetas que tradicionalmente se preparaban en casa. En determinadas épocas también aparecen carnes de caza o embutidos elaborados en la zona.
Fuera de fines de semana o de periodos festivos, el movimiento en el pueblo es tranquilo y las opciones para comer pueden ser limitadas. Si se piensa pasar el día allí, suele ser buena idea comprobar antes qué hay abierto.
Por la noche, la poca iluminación del entorno permite ver el cielo con bastante claridad. Basta alejarse unos minutos del centro del pueblo para notar la diferencia.
Tradiciones y calendario festivo
Las celebraciones siguen marcando el ritmo del año. La festividad de la Purísima Concepción, a comienzos de diciembre, mantiene un peso importante en el calendario local y reúne a vecinos y a gente que conserva vínculos familiares con el pueblo.
En agosto suelen celebrarse las fiestas principales, cuando Chóvar se llena más de lo habitual y el ambiente cambia durante unos días. Actividades culturales, actos religiosos y propuestas populares conviven en un programa que sigue teniendo un carácter bastante local.
Muchas tradiciones culinarias aparecen sobre todo en el ámbito doméstico, en fechas como Semana Santa o durante el otoño, cuando se preparan dulces y platos que forman parte de la memoria familiar.
Cómo llegar y cuándo acercarse
Desde Castellón de la Plana se llega normalmente por la CV‑25 en dirección a Segorbe y, desde allí, por carreteras locales que suben hacia la sierra. El último tramo tiene curvas y gana altura poco a poco, algo habitual en los accesos a los pueblos de Espadán.
Primavera y otoño suelen ser los momentos más agradables para recorrer la zona: temperaturas moderadas y el monte especialmente vivo. En verano el calor aprieta a mediodía, aunque las tardes y las noches suelen ser más llevaderas en esta parte de la sierra. Los fines de semana conviene llegar con algo de margen si se viene en coche, porque el espacio para aparcar en el centro es limitado.