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sobre Traiguera
Villa histórica famosa por su cerámica y el Real Santuario de la Virgen de la Fuente de la Salud; rico patrimonio arquitectónico renacentista
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Si vienes a hacer turismo en Traiguera, lo primero: aparca en la plaza Mayor o en alguna calle cercana. Suele haber sitio y el pueblo se recorre andando en poco rato. En agosto la cosa cambia por las fiestas y pueden cortar algunas calles, así que conviene llegar temprano.
Un detalle que resume bastante bien el lugar: en los alrededores hay olivos que llevan más de mil años plantados. Algunos están catalogados y numerados. Siguen produciendo aceite. Aquí el calendario todavía gira alrededor de la cosecha.
Cómo llegar sin perderse
Desde la plaza Mayor llegas a casi todo en menos de diez minutos. El casco urbano es pequeño y con tres o cuatro calles ya te orientas.
El GPS suele mandar por la CV‑15. Funciona, pero si vienes desde San Rafael del Río mucha gente usa la carretera local porque tiene menos tráfico pesado y atraviesa campos de olivos.
Lo que merece la pena (y lo que no)
La iglesia de la Asunción
El campanario tiene base octogonal, algo poco común por la zona. La construcción arrancó a finales del siglo XIV. El interior depende de si está abierta o no; pasa a mirar si encuentras la puerta sin cerrar. Si no, desde la plaza ya se ve bastante.
El Santuario de la Fuente de la Salud
Está a unos cuatro kilómetros del pueblo. Se llega por carretera sin problema. El conjunto es grande: iglesia, antigua hospedería y la fuente que da nombre al lugar, con varios caños. Tradicionalmente se cuenta que Carlos V pasó por aquí en el siglo XVI y dejó constancia escrita de las propiedades del agua. Más allá de la historia, el entorno es tranquilo y hay olivos muy viejos alrededor.
Los alfares
Quedan pocos talleres de cerámica activos. En el pueblo todavía hay alguno donde el torno sigue funcionando. Si nunca has visto uno, tiene interés. Si ya has visitado otros, la parada es breve.
La ruta de los olivos milenarios
Desde Traiguera salen caminos entre fincas con olivos muy antiguos, muchos de la variedad Farga. En el término municipal hay más de quinientos ejemplares catalogados. Algunos superan ampliamente el milenio. No es un paseo urbano: son caminos agrícolas, así que toca ir con coche o caminar un buen rato.
Comer sin complicarse
Coca de ceba: masa fina con cebolla cocinada despacio y algo de hierbas. Se suele vender por raciones en panaderías del pueblo, a veces ciertos días de la semana.
Aceite de oliva de Farga: intenso, con amargor y picante claros. Aquí se usa mucho en crudo.
Embutidos del Maestrat: butifarra blanca y negra, longaniza seca y derivados del cerdo de la zona.
En el pueblo hay pocos sitios donde sentarse a comer. Lo habitual son bares sencillos con bocadillos, plato combinado y café.
Cuándo ir (y cuándo no)
Septiembre suele concentrar una de las romerías más conocidas hacia el santuario. El ambiente es animado y el entorno se llena de gente del pueblo y de localidades cercanas.
En otoño a veces se organiza una feria con mercado y puestos de artesanía inspirados en época romana. Sirve para ver el pueblo con movimiento, aunque el formato es parecido al de muchas ferias de la comarca.
Enero es tranquilo hasta el extremo: varios negocios cierran algunos días. Agosto es lo contrario. Calor fuerte durante el día y bastante ruido por la noche.
Primavera es buena época para caminar por los campos de olivos. Temperatura más llevadera y paisaje verde antes del verano.
Consejo de pueblo
Traiguera funciona mejor como parada corta. Una vuelta por el casco, subir al santuario y acercarte a ver algún olivo milenario. Con una mañana vas sobrado. Luego sigues ruta por el Maestrat o bajas hacia la costa. Los olivos seguirán ahí cuando vuelvas.