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sobre Crevillent
Ciudad de la alfombra y puerta al desierto alicantino; destaca por su Semana Santa y el parque natural de El Hondo
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La sierra aparece de golpe cuando se llega al Baix Vinalopó desde el interior: una alineación de roca clara que corta la llanura agrícola que rodea Elche. A sus pies está Crevillent. La relación entre el pueblo y esa montaña explica muchas cosas: el tipo de casas, los cultivos tradicionales y también una parte importante de su economía. Mientras buena parte del litoral cercano acabó orientado al turismo, aquí la industria —sobre todo la alfombra— marcó durante décadas el ritmo del municipio.
La montaña que marcó el territorio
La Sierra de Crevillent funciona como frontera natural entre la llanura litoral y las tierras más secas del interior. Ese paso ha estado ocupado desde antiguo. En el Castellar se documenta un asentamiento íbero que vigilaba el corredor natural que comunica la costa con el valle del Vinalopó.
Durante la etapa andalusí se organizaron pequeños sistemas de regadío aprovechando barrancos y manantiales. Como en muchos lugares del sureste, el agua determinaba la vida del lugar: acequias, turnos de riego y parcelas pequeñas donde prosperaban cultivos resistentes al clima seco.
En las laderas de la sierra crecía abundante esparto. Durante siglos fue un recurso básico: servía para cuerdas, capazos, alpargatas y esteras. A partir del siglo XIX esa tradición artesanal fue derivando hacia la fabricación de alfombras y tejidos. La mecanización llegó relativamente pronto y acabó configurando una industria local que todavía hoy forma parte de la identidad del municipio.
El Museo de la Alfombra ayuda a entender ese proceso. Conserva maquinaria histórica y explica cómo un trabajo doméstico ligado al esparto y a la lana terminó convirtiéndose en una actividad industrial que dio empleo a varias generaciones.
Moros y Cristianos en otoño
Las fiestas de Moros y Cristianos se celebran en torno a la festividad de San Francisco de Asís, patrón de la localidad. No son un añadido reciente: llevan celebrándose mucho tiempo y forman parte de la vida del pueblo.
Las comparsas mantienen trajes, estandartes y músicas que se han ido transmitiendo dentro de las propias familias. Durante esos días el centro se llena de desfiles, bandas y cuarteles donde se reúnen los festeros. Más que un espectáculo pensado para visitantes, funciona como una celebración muy arraigada en la población local.
Las casas excavadas en la roca
En algunas laderas cercanas al casco urbano aún se ven viviendas excavadas directamente en la piedra. Son las llamadas casas‑cueva o casas trogloditas, utilizadas hasta bien entrado el siglo XX por jornaleros y familias con pocos recursos.
La roca caliza de la sierra permite abrir estancias con relativa facilidad. Muchas de estas viviendas tenían cocina, horno y pequeños corrales. La temperatura interior se mantiene bastante estable durante todo el año, algo especialmente útil en un clima donde los veranos pueden ser muy calurosos.
Algunas se han recuperado con fines educativos y permiten entender cómo se organizaba la vida cotidiana en estos espacios.
Subir a la sierra
La sierra puede recorrerse por varios senderos que parten desde el propio municipio o desde caminos agrícolas cercanos. El paisaje es seco y abierto: esparto, romero, tomillo y matorral bajo adaptado a la falta de agua.
Desde los puntos más altos, en días claros, se alcanza a ver el Mediterráneo hacia el este y las sierras del interior hacia el oeste. También quedan restos de antiguos pozos de nieve y otras construcciones vinculadas al aprovechamiento tradicional de la montaña.
Conviene llevar agua y evitar las horas centrales del día en verano. Apenas hay sombra y las fuentes son escasas.
Cómo situarse en el pueblo
Crevillent está bien comunicado por carretera con Elche y Alicante. El núcleo urbano se extiende en pendiente desde la rambla hacia las zonas más altas del casco antiguo.
La iglesia de San Francisco de Asís, levantada en el siglo XVIII y reformada posteriormente, actúa como uno de los puntos de referencia del centro. Desde allí salen calles estrechas que conservan parte de la trama tradicional del municipio.
El pueblo puede recorrerse a pie en poco tiempo, aunque algunas calles tienen bastante cuesta. Si se quiere entender mejor el lugar, lo más interesante es alternar el paseo por el casco antiguo con una pequeña salida hacia la sierra: es allí donde se entiende de verdad por qué Crevillent es como es.