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sobre Benifairó de la Valldigna
En el corazón de la Valldigna rodeado de naranjos y montañas cerca del monasterio
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El turismo en Benifairó de la Valldigna se parece un poco a cuando quedas con un amigo en su pueblo y te dice: “no hay mucho que ver, pero ya verás”. Llegas, das dos vueltas y te das cuenta de que tenía razón… y a la vez no. No hay monumentos gigantes ni calles pensadas para hacer cien fotos seguidas, pero el valle, los naranjos y la vida tranquila del pueblo acaban teniendo su gracia.
Benifairó está en el valle de la Valldigna, dentro de la Safor, a pocos kilómetros del mar. En coche estás enseguida en la costa, pero aquí el ambiente cambia: menos apartamentos, más huerta. El casco urbano es pequeño y se recorre andando sin pensarlo mucho. Casas sencillas, algunas más nuevas, otras con balcones de hierro y portones grandes que recuerdan cuando el dinero venía del campo y de la naranja.
Calles que cuentan cómo ha vivido el pueblo
Una de las referencias del pueblo es la iglesia parroquial de San Lorenzo. El edificio actual se levantó hace varios siglos y tiene ese aire sobrio bastante típico de muchos pueblos valencianos del interior cercano a la costa. Más que un monumento espectacular, funciona como punto de encuentro: fiestas, procesiones y vida del pueblo pasan por aquí.
Caminando por las calles principales aparecen casas de finales del XIX y principios del XX. Si te fijas en las fachadas —rejas trabajadas, puertas altas para carruajes o almacenes— se entiende bien la etapa en la que la agricultura, sobre todo los cítricos, movía la economía del valle.
Alrededor del núcleo urbano todavía se ven alquerías entre los campos. Algunas están restauradas, otras siguen teniendo ese aspecto de casa de huerta de toda la vida: muros encalados, tejado de teja curva y bancales alrededor. Son pequeñas pistas de cómo se organizaba la vida agrícola en esta zona.
El valle de la Valldigna, entre naranjos y montaña
El paisaje manda aquí. Naranjos por casi todas partes, sobre todo cuando sales del pueblo por los caminos rurales. Si vienes en época de floración del azahar, el olor aparece sin avisar, como cuando pasas por la puerta de una panadería que acaba de sacar el pan.
El terreno es bastante amable: caminos agrícolas llanos o con pendientes suaves que se pueden recorrer andando o en bici sin demasiada planificación. Conforme te acercas a las montañas que cierran el valle, el paisaje se abre y empiezas a ver toda la Valldigna extendida: campos, pueblos cercanos y la sierra al fondo.
Por esta zona también discurre el río Vernissa. No es un río espectacular, pero forma parte del sistema de riego que ha permitido cultivar estas tierras durante generaciones. Seguir algunos caminos próximos al río ayuda a entender cómo el agua y la huerta han ido de la mano aquí.
Y luego está el mar. Gandia, Xeraco o Tavernes quedan relativamente cerca, así que mucha gente combina ambas cosas: mañana de playa y tarde tranquila por el valle.
Caminos para bici y vida de pueblo
Si te gusta pedalear, Benifairó sirve como punto de partida para moverte por la Valldigna. Los caminos agrícolas conectan con pueblos como Simat o Tavernes sin demasiado tráfico. No es ciclismo de montaña técnico; es más bien rodar entre huertos, acequias y caminos secundarios.
El calendario festivo mantiene bastante actividad para el tamaño del pueblo. En agosto suelen celebrarse las fiestas dedicadas a San Lorenzo, con actos religiosos, música y bastante movimiento en las calles. En marzo también se plantan fallas, más pequeñas que en las grandes ciudades pero con mucha implicación vecinal. Y durante la Semana Santa las procesiones siguen teniendo presencia en el pueblo.
Cómo llegar y cuándo acercarse
Llegar a Benifairó de la Valldigna desde Valencia suele llevar alrededor de una hora en coche, utilizando la autovía hacia el sur y después las carreteras que entran al valle de la Valldigna.
Primavera y otoño suelen ser los momentos más agradables para pasear por la zona: temperaturas suaves y el campo bastante vivo. En verano aprieta el calor, como en buena parte de la Safor, aunque la ventaja es tener la playa a pocos minutos.
No es un pueblo al que vengas a llenar un día entero de visitas. Es más bien de esos sitios que funcionan bien como pausa: un paseo por el casco urbano, una vuelta entre naranjos y luego seguir explorando el valle. A veces, con eso ya basta.