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sobre Benaguasil
Población con restos de muralla árabe y tradición musical en la comarca del Túria
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El tren que conecta Valencia con el interior del Camp de Túria para en Benaguasil desde finales del siglo XIX, pero el asentamiento es mucho más antiguo. El lugar ocupaba un punto útil en la ruta que remonta el Turia hacia las sierras interiores, y por eso ya en época andalusí se levantó aquí una fortificación para vigilar el paso. Tras la conquista cristiana se mantuvo esa función estratégica. Hoy el castillo sigue marcando el perfil del pueblo, aunque lo que define la vida cotidiana es otra cosa: la huerta que lo rodea, los guisos de invierno y la actividad constante de la banda de música que ensaya en el antiguo edificio de la cárcel.
De alquería islámica a pueblo de hortelanos
La conquista cristiana de 1237 no alteró de inmediato la estructura agrícola del lugar. Jaime I entregó Benaguasil a uno de sus caballeros, pero la población mudéjar continuó trabajando las mismas tierras y utilizando el sistema de acequias heredado de época andalusí. Documentos posteriores —como la carta de población otorgada a finales del siglo XIV— reflejan una convivencia compleja: se reparten tierras a nuevos colonos cristianos, pero se reconocen también propiedades y cultivos que ya estaban en manos musulmanas.
La reorganización más profunda llegó tras la expulsión de los moriscos a comienzos del siglo XVII, cuando el señorío redistribuyó las tierras. De ese periodo procede en buena medida la trama urbana actual: calles estrechas que descienden desde la zona del castillo hacia la llanura de huerta.
El castillo, levantado sobre una elevación que domina el casco urbano, conserva parte de sus estructuras y hoy acoge actividades culturales y musicales. Subir hasta allí lleva pocos minutos y ayuda a entender la geografía del término: el pueblo se agrupa junto a la colina porque todo alrededor es huerta llana, regada por una red de acequias históricas vinculadas al Turia. Hacia el oeste se alza el Turó de Montiel, una referencia constante en el paisaje local; en su cima está la ermita que da nombre a la patrona.
El tiempo de las naranjas y de las alfombras
Benaguasil no es un destino costero ni un pueblo de montaña. Su relación con Valencia, a poco más de media hora en transporte público, ha hecho que convivan dos ritmos distintos: el de quienes trabajan en la capital y regresan cada tarde, y el de quienes siguen ligados a la huerta.
En invierno la actividad agrícola sigue marcando el calendario. Durante la recogida de la naranja el movimiento de tractores y cajas forma parte del paisaje habitual. Cuando llega mayo, el centro del pueblo cambia de registro con la celebración del Corpus. Las calles se cubren con alfombras de serrín teñido que los vecinos preparan durante días. Los dibujos suelen mezclar iconografía religiosa con escenas reconocibles del propio pueblo: cestos de naranjas, figuras de danzantes o la silueta del castillo.
En septiembre se celebran las fiestas dedicadas a la Virgen de Montiel. Conservan rasgos de antiguas ferias y celebraciones agrícolas. Es habitual ver enramadas hechas con ramas de algarrobo y puestos de productos de la zona desde primeras horas del día. Entre los embutidos tradicionales se menciona a menudo la longaniza local, que los vecinos asocian al secado al aire de la huerta.
Subir al Turó y otros caminos
La subida al Turó de Montiel es uno de los paseos más habituales desde el casco urbano. El recorrido ronda el kilómetro y medio y alterna tramos de camino rural con zonas empedradas. Se atraviesan campos de naranjos y antiguas casas de labranza antes de llegar a la ermita.
Desde arriba se entiende bien la disposición del Camp de Túria: parcelas rectangulares de cultivo, la línea de las acequias y el caserío de Benaguasil agrupado alrededor de la colina. En días claros, hacia el este, se alcanza a distinguir la franja urbana de Valencia.
La ermita, levantada en el siglo XVIII según la tradición local, responde al modelo sencillo de muchas ermitas rurales valencianas: una nave única, tejado a dos aguas y un pequeño campanario de ladrillo que sirve de referencia visual en la llanura.
Para caminar algo más, hay rutas que rodean parte del término municipal y pasan junto a antiguas construcciones vinculadas al paisaje agrícola. Algunas pequeñas ermitas rurales ocupan el lugar de antiguos oratorios islámicos o estructuras similares, lo que recuerda hasta qué punto el territorio actual se levantó sobre el anterior.
Olla de cardet y otros asuntos serios
La cocina local sigue muy ligada a la huerta y al calendario agrícola. La olla de cardet —con cardo, alubias y distintas carnes— aparece en muchas mesas durante el invierno, sobre todo los domingos. El cardo fresco suele encontrarse en el mercado semanal cuando llega la temporada.
Otra preparación habitual es la coca en tomata i tonyina, muy fina, con tomate y atún. Se consume mucho a media mañana o como comida rápida en días de fiesta. También se cocina fideuà, a menudo con un caldo intenso y menos protagonismo del marisco que en las versiones costeras.
Durante las fiestas de septiembre es fácil ver cómo estas comidas pasan de las casas a la calle. Las peñas montan barracas y cocinan para amigos y vecinos. La banda municipal suele tocar en la plaza cercana al castillo, y el ambiente se alarga hasta bien entrada la noche.
Cómo llegar y cuándo
Benaguasil está a unos 25 km de Valencia por la CV‑35. En coche el trayecto suele rondar los veinte o treinta minutos, según el tráfico. También llega el metro de Valencia, con estaciones en el municipio y conexiones frecuentes con la capital.
En verano el calor aprieta —no es raro superar los 35 °C en julio o agosto—, así que conviene moverse a primera hora o al atardecer si se quiere caminar por la huerta o subir al Turó de Montiel. En septiembre, con las fiestas patronales y las noches algo más frescas, el pueblo suele tener más vida en la calle.
No hay demasiada oferta hotelera dentro del casco urbano, aunque en el término municipal existen alojamientos rurales instalados en antiguas casas de campo. Muchos visitantes prefieren dormir en Valencia y acercarse durante el día. Antes de marcharte, es fácil encontrar en las panaderías locales rosquilletas y otros dulces secos pensados para acompañar el camino.