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sobre Casinos
Famoso por sus peladillas y turrones artesanos y vinos de la zona
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La primera vez que supe de Casinos fue por unas peladillas. No eran las de bote, sino las que una vecina guardaba en una lata metálica, traídas por su hermana desde Valencia. “Son de Casinos”, decía. Años después, al llegar al pueblo, entendí que ese dulce llevaba el nombre de un lugar concreto del Camp de Túria, donde la almendra es parte de la memoria.
El sabor de una almendra
Casinos se asienta en una zona de secano donde el almendro ha sido, durante siglos, uno de los pocos cultivos viables. La carta puebla se concedió a mediados del siglo XIII, tras la conquista cristiana. El núcleo original era disperso, entre campos y caminos interiores.
Los sistemas de recogida de agua, con aljibes en parte heredados de época andalusí, sostuvieron la vida agrícola. Algunos se conservan.
La almendra acabó definiendo al pueblo. Surgieron obradores familiares que la trabajaban con azúcar y miel. Las peladillas y las tortas se convirtieron en el producto reconocible de Casinos, una tradición que mantienen varias familias.
La Feria del Dulce suele celebrarse a finales de noviembre. Esos días el pueblo se llena sobre todo de gente que vuelve: familias que viven fuera, pasean por la plaza y se llevan cajas de dulces.
La Torre Seca y el paso antiguo
El paraje de la Torre Seca ayuda a entender por qué hay un asentamiento aquí. No queda torre visible; el nombre persiste por tradición. Lo documentado es un yacimiento ibérico en posición estratégica entre la llanura litoral y los caminos al interior.
Las excavaciones hallaron cerámica, monedas y estructuras para almacenar agua. La lógica es clara: visibilidad, control del paso y acceso a recursos.
Desde cerca del cementerio sale un recorrido circular que pasa por la zona. No es largo y se puede hacer caminando. A primera hora, con la humedad baja sobre los campos, el paisaje se lee mejor: ramblas, cultivos de secano y el pueblo en una pequeña elevación.
El cerro de la Clocha
Al oeste del término se levanta el cerro de la Clocha, uno de los puntos más altos del entorno. La subida es continua. Desde arriba se domina buena parte del Camp de Túria y las sierras hacia el interior.
En días despejados el horizonte se abre hacia el Mediterráneo. Más allá de si se distingue o no una línea en el mar, el lugar funciona como mirador natural del paisaje agrícola que rodea Casinos.
La iglesia de San Juan Bautista
La iglesia parroquial de San Juan Bautista ocupa el centro del pueblo. El edificio actual es esencialmente del siglo XVIII, reconstruido tras los daños de la guerra de Sucesión.
No es un templo monumental, pero su portada barroca tiene interés dentro de un municipio pequeño. El campanario, visible desde los caminos, sirve de referencia para quien vuelve del campo.
Dentro hay un retablo sencillo y una imagen de San Juan en madera que sufrió daños durante la guerra civil y fue restaurada después. La iglesia sigue siendo un espacio cotidiano: gente que entra un momento, vecinos que hablan en la puerta.
Durante las fiestas de Santa Bárbara, en septiembre, la imagen de la patrona baja desde su ermita en el cerro hasta el pueblo acompañada por la banda y los vecinos. Es una procesión tranquila, más de participación local que de espectáculo.
Los aljibes y la gestión del agua
En un territorio de lluvias irregulares, los aljibes fueron durante siglos infraestructura esencial. En Casinos se conservan varios, algunos integrados en el tejido urbano.
El llamado Aljibe Nou es uno de los más conocidos. Recoge agua de lluvia con un sistema sencillo de canalización. Verlo ayuda a entender cómo se organizaba la vida cuando el acceso al agua dependía de estas construcciones.
Hay recorridos señalizados que conectan algunos depósitos y atraviesan zonas de almendro. No son largos, pero permiten leer el paisaje con otra perspectiva: agua almacenada, agricultura de secano y caminos que enlazan campos y casas.
Cómo llegar y orientarse
Casinos está a unos 35–40 kilómetros de Valencia, en el Camp de Túria. El acceso habitual es por la CV‑35 en dirección al interior, con desvío hacia el municipio poco antes de Losa del Obispo.
El pueblo se recorre andando sin dificultad. Para caminar por los alrededores conviene llevar agua, sobre todo en los meses de calor: el terreno es abierto y la sombra escasea. En noviembre, con la feria del dulce, el ambiente en las calles cambia y el movimiento se concentra en el centro.