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sobre La Pobla de Vallbona
Municipio en expansión con zonas residenciales y la Casa Blanca como edificio emblemático
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La Pobla de Vallbona está a pocos kilómetros de Valencia, en el llano del Camp de Túria, donde la huerta aún marca el ritmo del paisaje. Alrededor del casco urbano siguen apareciendo parcelas de cítricos y caminos agrícolas que conectan con antiguas acequias. Esa relación con la huerta explica bastante bien cómo ha crecido el municipio.
A primera hora del día todavía se ve movimiento en los campos que rodean el término. Hoy la mayoría llega en coche por la CV‑35 o por caminos asfaltados. Hace no tanto se iba andando desde el pueblo. Las distancias son cortas, pero esa separación entre el casco y los campos ayuda a entender cómo se organizó históricamente el lugar.
La trama de una pobla medieval
La Pobla nació como una fundación cristiana vinculada al señorío de Benaguacil, dentro del proceso de reorganización del territorio tras la conquista feudal. El nombre antiguo —La Pobla de Benaguasil o variantes similares en los documentos— ya indica esa dependencia. Como en otras “poblas” valencianas, el asentamiento se diseñó con una trama bastante regular.
Esa cuadrícula todavía se percibe en el centro. Las calles que rodean la plaza mantienen alineaciones bastante rectas y manzanas de tamaño parecido. No es un trazado monumental, pero sí muy legible. Basta caminar un rato por las calles cercanas a la plaza para ver cómo se repite el mismo patrón de solares estrechos y profundos.
La llamada Casa Gran ocupa una de las esquinas de ese núcleo. El edificio ha tenido distintos usos a lo largo del tiempo; tradicionalmente se asocia con actividades agrícolas como almacén, almazara o bodega. Los muros gruesos y la gran entrada en arco responden a esa función práctica: permitir el paso de carros y guardar producción.
Pintura medieval en la iglesia
La iglesia de Santiago Apóstol es el principal edificio histórico del pueblo. El exterior es sobrio, con reformas acumuladas en distintas épocas. El interés aparece al entrar.
En el presbiterio se conservan restos de pintura mural gótica. Se atribuyen al final de la Edad Media, probablemente al siglo XIV o comienzos del XV. Representan escenas religiosas con una técnica sencilla, aplicada directamente sobre el enlucido. No son pinturas refinadas, pero ayudan a entender cómo llegaban los lenguajes del gótico a parroquias pequeñas del interior valenciano.
En uno de los laterales del templo hay también una antigua cisterna que recogía el agua de lluvia del tejado. Este tipo de depósitos eran habituales en edificios religiosos y casas grandes cuando el abastecimiento dependía casi por completo de la lluvia y de las acequias cercanas.
Piedra en seco en los montes cercanos
Hacia el Tos Pelat el paisaje cambia. La huerta queda atrás y aparecen lomas bajas con pinar y matorral mediterráneo. Por caminos como el de la Manguilla se encuentran pequeñas construcciones de piedra en seco.
En la zona se conocen como catxirulos. Son refugios muy simples levantados por pastores o agricultores. Planta pequeña, entrada baja y cubierta hecha con losas encajadas sin mortero. Forman parte de una tradición constructiva muy extendida en el Mediterráneo, basada en aprovechar la propia piedra del terreno.
En algunos puntos del término también se han documentado restos antiguos —ibéricos o de época islámica— relacionados con la ocupación agrícola del territorio. No siempre son estructuras visibles; a veces solo quedan trazas o pequeñas elevaciones señalizadas en el paisaje.
Un pueblo que ha crecido alrededor de la huerta
La Pobla de Vallbona ha cambiado mucho en las últimas décadas. La cercanía con Valencia y las buenas conexiones han hecho que aumente la población y aparezcan nuevas urbanizaciones. Aun así, el borde agrícola sigue muy presente.
En muchos puntos las últimas calles terminan directamente en caminos de huerta. Los naranjos llegan hasta bastante cerca de las casas. Esa continuidad explica parte de la vida local y también la cocina cotidiana.
En las casas todavía se preparan platos muy ligados a lo que da el campo cercano: arroz con bajoques y tomaca, tortilla de carabasseta, cocas de verdura. Recetas sencillas que aparecen en muchas mesas del interior valenciano.
Cómo moverse por La Pobla
Desde Valencia se llega en poco tiempo por la CV‑35. El casco urbano se recorre a pie sin dificultad. El centro histórico es pequeño y permite entender rápido la estructura del antiguo asentamiento.
Conviene caminar sin prisa por las calles que salen de la plaza. Ahí aparecen portones antiguos, patios interiores y algunas fachadas con escudos o elementos de piedra reutilizados.
Si apetece salir del casco urbano, el entorno del Tos Pelat tiene caminos fáciles. Desde las partes altas se abre la vista sobre la llanura del Camp de Túria y, en días claros, hacia la franja donde empieza el área metropolitana de Valencia. En verano el calor se nota pronto, así que es mejor salir temprano y llevar agua.