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sobre L'Eliana
Ciudad residencial con muchas urbanizaciones y el parque de la Vallesa
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L'Eliana se entiende mejor desde el tren. En pocos minutos el paisaje cambia: la ciudad queda atrás y aparecen urbanizaciones, huertos y calles tranquilas. El municipio forma parte del Camp de Túria y vive muy ligado a Valencia. Mucha gente trabaja allí y vuelve por la tarde. Aun así, el lugar mantiene una identidad propia, construida a medio camino entre la huerta tradicional y la expansión residencial de las últimas décadas.
En la plaza y en los parques se oye valenciano y castellano mezclados con otros acentos. No es raro. Desde hace años se instalaron aquí familias llegadas de otros puntos de Europa, atraídas por la cercanía con la capital y por un entorno más abierto que el de la ciudad.
De tierras de convento a municipio residencial
El origen del lugar está ligado a propiedades religiosas. Durante la Edad Moderna estas tierras del Camp de Túria se explotaban como finca agrícola vinculada a un convento valenciano. El nombre de L'Eliana suele relacionarse con una antigua advocación religiosa que combinaba a San Elías y Santa Ana. Aquella presencia monástica organizó el territorio: cultivos, caminos y una pequeña ermita que actuaba como referencia para los labradores.
Con el tiempo las propiedades cambiaron de manos y aparecieron casas dispersas entre campos de secano. La gran transformación llegó cuando el ferrocarril conectó la zona con Valencia. A partir de entonces empezó a verse como lugar de veraneo. Más tarde llegaron quienes decidieron quedarse todo el año. El municipio creció alrededor de la estación y de las carreteras que lo conectan con la capital.
Hoy el término municipal está muy urbanizado, aunque todavía quedan parcelas agrícolas y caminos rurales que recuerdan ese origen.
Búnkeres entre pinos
En las pequeñas lomas que rodean el núcleo urbano quedan restos de la Guerra Civil. La defensa de Valencia pasó por esta comarca y se construyeron posiciones de hormigón, trincheras y refugios. Algunos se conservan entre pinares y campos de cultivo.
Existe un recorrido señalizado que enlaza varios de esos búnkeres. Caminar por allí produce cierta extrañeza. El paisaje es tranquilo, con ciclistas y gente paseando, pero de repente aparece una estructura militar cubierta de grafitis o medio escondida entre la vegetación. Desde esas posiciones se vigilaban los accesos hacia Valencia.
No es un conjunto monumental en el sentido clásico. Tiene interés porque ayuda a entender cómo se organizó la defensa de la capital durante la guerra.
La Torre del Virrey y el paisaje agrícola
La Torre del Virrey suele aparecer en cualquier conversación sobre L'Eliana. No fue residencia de virreyes. El nombre parece venir de una familia que poseyó la finca durante bastante tiempo. La construcción, de aspecto sobrio, responde más a una casa agrícola acomodada que a un edificio palaciego.
Se levanta dentro de una propiedad privada rodeada de campos. Desde los caminos cercanos se distingue bien su volumen rectangular y la cubierta de teja. Durante siglos estas fincas funcionaron como centros de explotación agrícola, muy ligadas al cultivo de cítricos que marcó la economía local.
Aún hoy, al alejarse unas calles del centro, aparecen parcelas de naranjos. No ocupan tanto terreno como antes, pero siguen formando parte del paisaje.
Un pueblo pensado para moverse en bici
Las distancias dentro del municipio son cortas y bastante llanas. Por eso la bicicleta se ha convertido en un medio habitual para moverse entre barrios, parques y zonas deportivas. Existe un recorrido ciclista que rodea buena parte del casco urbano y conecta con caminos rurales.
Los fines de semana es fácil ver familias pedaleando por esa circunvalación tranquila, lejos del tráfico principal. En algunos tramos todavía se circula entre campos cultivados; en otros aparecen urbanizaciones y zonas verdes. Esa mezcla resume bien lo que es hoy L'Eliana.
Entre la huerta y la estación
Quien llegue buscando un casco histórico compacto quizá se sorprenda. L'Eliana no funciona así. El centro se organiza alrededor de la plaza y de la iglesia parroquial, de líneas neoclásicas, con edificios municipales y comercios cotidianos. Las calles cercanas conservan algunas casas antiguas de una o dos alturas.
Pero el carácter del municipio se percibe mejor caminando hacia los bordes. En pocos minutos aparecen caminos agrícolas, acequias y parcelas de cítricos. A lo lejos se adivina la silueta de la sierra Calderona, mientras hacia el este se extiende el área metropolitana de Valencia.
Ese contraste define el lugar.
Cómo llegar y moverse
L'Eliana está conectada con Valencia por tren de cercanías. La estación queda muy cerca del centro. El municipio se puede recorrer andando o en bicicleta sin dificultad.
Cuándo ir
La primavera suele ser un buen momento para caminar por los caminos agrícolas, cuando los naranjos están en flor y el olor se nota en el aire. En verano el pueblo tiene más actividad por las fiestas locales y la vida en la calle. En otoño las temperaturas vuelven a ser suaves.