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sobre Náquera
Puerta de entrada a la Sierra Calderona y lugar de veraneo tradicional
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A primera hora de la mañana, cuando el sol todavía entra bajo entre los pinos de la Sierra Calderona, el aire de Náquera huele a tierra húmeda y a resina. En primavera se mezcla con el azahar de los campos cercanos. El pueblo aparece entre la vegetación con sus tejados rojizos y un caserío que sube y baja por la ladera. Náquera está a unos 25 kilómetros de Valencia, lo bastante cerca para oír hablar de la ciudad a diario, pero lo suficientemente rodeado de monte como para que el paisaje marque el ritmo.
El municipio se sitúa a unos 200 metros de altitud y ronda los ocho mil habitantes. Mucha gente trabaja en Valencia o en los polígonos cercanos y vuelve por la tarde. Mientras tanto, el pueblo se mueve entre calles tranquilas, la plaza donde se cruzan conversaciones a media mañana y los caminos que salen hacia los pinares de la Calderona.
La huella del pasado en sus calles
En el centro del pueblo, la iglesia de San Miguel Arcángel ocupa uno de los puntos más visibles. El edificio actual es posterior a la Guerra Civil; la reconstrucción dejó una fachada sobria, sin grandes adornos. Dentro se conservan algunos elementos devocionales que siguen teniendo uso cotidiano, sobre todo en las celebraciones locales.
En lo alto de una pequeña elevación quedan restos del antiguo castillo de Náquera. No queda mucho más que algunos muros y trazas del perímetro, pero la subida merece la pena por la perspectiva. Desde allí se abre el valle con los campos cultivados, las urbanizaciones dispersas entre pinos y, si el aire está limpio, una línea azul muy fina que delata el Mediterráneo al fondo.
El casco antiguo es compacto, con calles que giran sin demasiado orden. Hay casas tradicionales de dos alturas junto a construcciones más recientes. Al caminar aparecen detalles pequeños: un portal de madera oscurecida, macetas colgadas en balcones estrechos, el eco de voces que sale de una ventana abierta.
Caminos que se meten en la Sierra Calderona
Uno de los motivos por los que mucha gente llega a Náquera es la proximidad directa a la Sierra Calderona. Desde el propio pueblo salen pistas forestales y senderos que se internan en pinares densos y barrancos secos buena parte del año.
En primavera el monte se vuelve más claro: almendros florecidos en las zonas abiertas y un verde intenso después de las lluvias. En verano la sombra de los pinos se agradece, aunque conviene madrugar porque el calor aprieta a partir del mediodía. En otoño el suelo se cubre de agujas secas y el aire huele a madera caliente.
Hay rutas sencillas que siguen antiguas pistas forestales y otras que suben hacia cotas más altas de la sierra. En algunos puntos despejados se alcanza a ver la costa. No es raro cruzarse con ciclistas o con vecinos que suben a caminar al caer la tarde.
Naranjos alrededor del pueblo
Los campos de naranjos siguen formando parte del paisaje de Náquera, sobre todo en las zonas más llanas que rodean el núcleo urbano. En marzo y abril el olor del azahar se nota incluso desde algunas calles del pueblo cuando sopla la brisa adecuada.
En otoño las ramas cargadas de fruta cambian el color del campo. Los caminos agrícolas que atraviesan estas parcelas se usan mucho para pasear o salir en bici a última hora del día, cuando la luz baja y las montañas de la Calderona empiezan a oscurecerse detrás.
También hay pequeños parques y zonas arboladas dentro del municipio donde la gente se reúne por la tarde, sobre todo familias con niños o grupos que se quedan charlando cuando baja el calor.
Fiestas que marcan el calendario
Las celebraciones más conocidas del pueblo suelen concentrarse alrededor de San Miguel, hacia finales de septiembre. Durante esos días se organizan actos religiosos y actividades populares que llenan la plaza y varias calles cercanas.
En marzo también se plantan fallas en algunos barrios. El ambiente es más pequeño que en la capital, pero el sonido de los petardos y las reuniones en la calle forman parte de la semana.
El verano suele traer verbenas, conciertos al aire libre y actividades nocturnas organizadas por asociaciones del pueblo. Son noches largas, con gente sentada en corrillos cuando el calor del día ya ha aflojado.
Cómo llegar y cuándo acercarse
Llegar a Náquera desde Valencia suele llevar menos de media hora en coche si el tráfico acompaña. Lo habitual es tomar la autovía en dirección Sagunto o Teruel y desviarse después hacia el interior de la Calderona. También hay autobuses que conectan con la capital, aunque los horarios no siempre son muy frecuentes y conviene revisarlos antes.
La primavera y el otoño son los momentos más agradables para caminar por la zona: temperatura más suave y el monte con más color. En verano el calor se deja notar bastante en las horas centrales, así que las rutas se disfrutan más temprano o al final del día. En invierno el sol calienta durante el día, pero cuando cae la tarde el aire de la sierra refresca rápido.