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sobre Riba-roja de Túria
Ciudad con yacimientos visigodos y parque natural del Turia
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El Túria baja más calmado cuando llega a Riba-roja de Túria. Después de atravesar gargantas y presas río arriba, aquí empieza a abrirse paso entre huertas. El municipio, a unos veinte kilómetros de Valencia, ha crecido alrededor de ese curso de agua que riega los campos de cítricos de la vega. Hoy ronda los 24.600 habitantes, pero durante siglos fue sobre todo un pueblo agrícola ligado al río y a las acequias que lo distribuyen.
El castillo y lo que queda del pasado visigodo
Desde la carretera se distingue enseguida la silueta del llamado castillo de Riba-roja. El nombre puede llevar a engaño. En origen hubo aquí una posición defensiva islámica, probablemente una atalaya levantada en época almohade. Tras la conquista cristiana del siglo XIII el lugar cambió de función y acabó convertido en residencia señorial. El edificio que se conserva responde sobre todo a reformas de época moderna, con intervenciones posteriores que le dieron el aspecto actual.
Hoy el conjunto funciona como espacio cultural. En sus salas se instaló el Museo de Cerámica y también el MUPLA, dedicado a la arqueología local. Parte del interés procede del cercano yacimiento de Pla de Nadal, descubierto en el siglo XX durante unas obras. Allí aparecieron restos de un complejo rural de época visigoda, datado hacia el siglo VII según los estudios arqueológicos. En el museo se pueden ver capiteles, piezas de ornamentación y fragmentos arquitectónicos que ayudan a situar ese momento poco visible de la historia valenciana, entre el final del mundo romano y la llegada de al‑Ándalus.
La iglesia parroquial y la plaza
La iglesia parroquial domina el centro del pueblo. A primera vista parece un edificio homogéneo, pero basta fijarse en las torres para notar que no se levantaron al mismo tiempo. Una se terminó a finales del siglo XVIII y la otra ya en el XIX, después de décadas en las que las obras avanzaron con interrupciones.
El interior responde al gusto neoclásico que se extendió por muchas parroquias valencianas en esa época: líneas bastante sobrias, bóvedas de cañón y un retablo posterior que sustituyó a uno anterior perdido en un incendio en el siglo XVIII.
Frente a la fachada se abre la plaza principal. El edificio del ayuntamiento, construido en el primer tercio del siglo XX, refleja ese momento en que muchos municipios agrícolas buscaban una arquitectura más institucional, con ladrillo visto y composición simétrica, sin romper del todo con el carácter de pueblo.
El río y la llamada Ruta del Agua
El Túria marca buena parte del paisaje local. Un paseo señalizado conocido como Ruta del Agua recorre varios puntos vinculados a ese uso histórico del río: antiguos lavaderos, depósitos, acequias y miradores sobre la ribera. Es un itinerario corto y prácticamente llano que ayuda a entender cómo se organizaba la vida cotidiana alrededor del agua.
Las riadas también forman parte de esa relación. La gran inundación de 1957, que afectó a buena parte del área de Valencia, dejó recuerdo aquí como en muchos pueblos del valle. Algunas tradiciones religiosas locales se relacionan con esa memoria colectiva de las crecidas.
Más allá del casco urbano empieza el Parque Natural del Túria. Los caminos de servicio que siguen el río permiten caminar entre carrizales, pinos y cultivos de la huerta. No hace falta planificar demasiado: basta con seguir el curso del agua y volver por el mismo camino.
Fiestas ligadas a la historia local
Además de las Fallas, muy presentes en toda el área metropolitana de Valencia, Riba-roja organiza desde hace años una recreación histórica centrada en su pasado visigodo. Durante unos días el entorno del castillo se llena de puestos, talleres y desfiles que evocan ese periodo. La figura del dux, un cargo militar de la época, da nombre a la celebración.
En septiembre también tienen lugar las fiestas del Cristo de los Afligidos, muy arraigadas entre los vecinos. Tradicionalmente los fadrins —los solteros del pueblo— se encargaban de buena parte de la organización festiva, una costumbre que todavía se recuerda aunque el papel haya cambiado con el tiempo.
Lo que se come en la huerta
La cocina local se parece mucho a la de otros pueblos de la ribera del Túria y de la huerta valenciana. El arroz aparece en muchas variantes; una de las recetas que suele mencionarse es el arroz con costra, preparado al horno con embutido y huevo. También son habituales las cocas saladas, especialmente las de tomate.
En invierno aparecen platos de cuchara con legumbres y verduras de temporada, como los guisos con cardo. En las panaderías tradicionales se siguen viendo dulces sencillos: rollets de anís, pastissets de boniato o la clásica coca de llanda.
Cómo llegar y cuándo acercarse
Riba-roja de Túria está conectada con Valencia por carretera y también por transporte público metropolitano, lo que facilita una visita corta desde la ciudad. En coche se llega en poco tiempo siguiendo las vías que salen hacia el interior por el valle del Túria.
La primavera suele ser el momento más agradecido: los campos de naranjos están en flor y el río lleva más agua. El verano es seco y caluroso, como en buena parte del interior valenciano.
El centro se recorre sin prisa en una tarde. Después queda el paseo junto al río, que es donde mejor se entiende el lugar: un pueblo que creció mirando al Túria, entre huerta, acequias y caminos agrícolas que aún siguen en uso.