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sobre Chella
Destaca por el impresionante Salto de Chella y su barrio morisco
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Si vienes por turismo en Chella, lo primero es bajar al Salto. El río Sellent ha ido cortando la roca y forma una cascada conocida como El Salto de Chella. En verano la gente se baña abajo, en la zona que muchos llaman La Playa Salvaje. Cuando ha llovido fuerte el agua baja turbia y el sendero puede estar embarrado. No tiene más misterio: es un rincón del río que el pueblo usa desde siempre.
Cómo llegar y dónde dejar el coche
Chella está en la CV‑580, entre Navarrés y Anna. La carretera es estrecha en algunos tramos, pero se conduce sin problema.
Desde Valencia lo normal es bajar hasta Xàtiva y luego subir hacia la Canal de Navarrés por carretera comarcal. El último tramo ya es más tranquilo.
Para aparcar no suele haber complicaciones. Se deja el coche en las calles cercanas al centro o en las entradas del pueblo y se termina andando. Los sábados por la mañana hay mercadillo y se nota más movimiento, pero nada exagerado. No hay zona azul.
Lo que encontrarás (y lo que no)
Chella ronda los dos mil y pico habitantes. Casas bajas, calles rectas y un centro que ha cambiado poco con los años. No es un pueblo monumental. Es un pueblo agrícola que sigue funcionando como tal.
La iglesia de la Asunción es el edificio más visible. La actual se levantó después del terremoto del siglo XVIII que afectó a buena parte de la zona. Piedra, campanario y una plaza delante donde suele haber movimiento a ciertas horas.
A veces se ven encajes de bolillos en algunas ventanas o pequeños escaparates. Los hacen mujeres del pueblo más por costumbre que por negocio.
Comer y beber
Hay bares de pueblo. Café, cerveza, bocadillos y alguna tapa. Cumplen su papel y poco más.
La cocina que manda aquí es la de casa. El arroz caldoso aparece mucho en reuniones familiares. También el gazpacho manchego, que en esta zona se hace con conejo y torta cenceña. En febrero, alrededor de San Blas, suelen prepararse torticas de cacahuete en muchas casas.
Cuándo ir (y cuándo no)
Febrero concentra varias fiestas seguidas: Candelaria, San Blas y el Cristo del Refugio. Hay procesiones, comida en la calle y bastante movimiento.
En agosto llegan los Moros y Cristianos. Mucha pólvora, comparsas y gente que vuelve al pueblo por vacaciones. Si buscas calma, mejor evitar esos días.
Primavera suele ser el momento más agradable para caminar por la zona. El campo está verde y todavía no aprieta el calor.
Dos caminos y un consejo
Desde el pueblo sale el PR‑CV 113 hacia el Salto de Chella y otros parajes cercanos. Es una ruta circular larga, de varias horas. Conviene llevar agua porque fuera del casco urbano no hay dónde comprar nada.
También pasa por la zona el GR‑332, en una etapa que conecta pueblos de la Canal de Navarrés. Es recorrido de senderistas que ya van de paso.
Consejo directo: baja al Salto por la mañana y vuelve al pueblo a comer. Después de media tarde el ritmo baja bastante. Aquí la noche es tranquila y el día siguiente empieza temprano. Así funciona el pueblo.