Artículo completo
sobre Navarrés
Destaca por el Lago de Playamonte y sus parajes naturales de agua
Ocultar artículo Leer artículo completo
Desde la carretera, Navarrés aparece como un montículo calizo que rompe la llanura del río, coronado por una ermita blanca que se ve desde bastante lejos. La imagen no es casual. Este paso del río Navarrés ha funcionado como corredor natural desde tiempos muy antiguos, algo que sugieren los yacimientos de Las Fuentes: en un radio pequeño se han documentado restos que apuntan a ocupaciones humanas muy antiguas, de decenas de miles de años.
El montículo que eligió todo el mundo
La geografía explica buena parte de lo que se ve hoy. El cerro ofrece visibilidad y cierta defensa natural; el río, agua y paso entre comarcas. En época andalusí se levantó aquí un hisn, una pequeña fortificación que vigilaba la ruta entre el interior y la franja litoral. Apenas quedan restos visibles —algún tramo de tapial y la forma del recinto—, pero la huella se nota en el trazado del barrio antiguo: calles que suben en zigzag, buscando siempre la pendiente más llevadera.
En lo alto está la ermita del Santísimo Cristo de la Salud, levantada en el siglo XVIII. No es un edificio monumental, pero sí el punto de referencia del pueblo. Desde el atrio se abre la vista hacia la llanura agrícola que se extiende al sur, hoy llena de naranjos y almendros. En la base del cerro aparecen varias cuevas excavadas en la roca; durante mucho tiempo sirvieron como almacén, refugio o vivienda, y algunas siguen adaptadas como casas.
Cuando el Paleolítico está a tiro de piedra
En pocos kilómetros alrededor de Navarrés se concentran varios yacimientos prehistóricos. En la zona de Las Fuentes se han encontrado herramientas de sílex atribuidas al Paleolítico medio, asociadas a grupos de neandertales que habitaron este entorno hace unos 40.000 años.
Más cerca del casco urbano, en La Ereta del Pedregal, apareció un asentamiento neolítico con cerámica y útiles de piedra pulida. Y en el propio cerro del castillo se han recogido materiales que apuntan a ocupaciones de la Edad del Bronce. No es un gran parque arqueológico al uso, pero sí un territorio donde distintas épocas han ido dejando rastro.
Las pinturas rupestres del Abrigo del Garrofero y de Las Carasetas son más discretas y no siempre fáciles de visitar. Suelen requerir permiso previo y, en algunos casos, guía. No son paneles espectaculares como los de otras zonas del arco mediterráneo: aquí aparecen sobre todo signos y trazos rojizos pintados hace miles de años, cuyo significado sigue siendo incierto.
Un pueblo que se come con cuchara
La cocina local responde a un paisaje de interior seco y a una tradición de campo. Los guisos mandan. El gazpacho manchego se prepara aquí con torta de pan ácimo, carne de caza —normalmente conejo— y hierbas aromáticas; no tiene nada que ver con la sopa fría del sur.
El arroz al horno aparece en muchas mesas en días señalados. Antiguamente se llevaba la cazuela al horno comunal del pueblo, algo que todavía recuerdan los vecinos mayores cuando hablan de celebraciones colectivas.
En repostería se repiten recetas muy extendidas en la zona: orilletas fritas y finas, rosegones de almendra, turrón de rosas aromatizado con azahar. También la torta fina, hecha con aceite y un punto de aguardiente, o los pastissos de boniato que suelen prepararse en invierno. En el pueblo aún se elaboran en hornos tradicionales, sobre todo los fines de semana.
Cuando el río se pone serio
El río Navarrés forma a las afueras una serie de saltos de agua conocidos como Los Chorradores. Se llega por un sendero que baja entre huertas y campos de cítricos. No es una única cascada grande, sino varios escalones que la corriente ha ido tallando en la roca caliza, con pequeñas pozas entre uno y otro.
En verano es un lugar muy frecuentado por la gente del pueblo y de los alrededores. Cuando el caudal baja limpio, las pozas se usan como zona de baño. En invierno el río cambia de carácter: el agua baja más turbia y rápida, y el paisaje se vuelve bastante distinto.
Algo más arriba está el paraje del Pozo de las Aguas Quebradas, donde el río se encajona entre paredes de roca. Tradicionalmente fue zona de baño y también de pesca; algunos vecinos recuerdan cuando todavía se capturaban anguilas en estos tramos.
Cómo recorrer Navarrés con calma
Navarrés se encuentra en el interior de la provincia de Valencia, en la comarca del Canal de Navarrés, a algo más de una hora en coche de la capital siguiendo la A‑7 y carreteras comarcales.
Conviene dejar el coche en las zonas habilitadas a la entrada del casco urbano y recorrer el centro a pie. Las calles del barrio alto son empinadas y estrechas. De camino hacia la ermita aparecen varios detalles que hablan del pasado del pueblo: la fuente de los 24 chorros en la plaza, algunos escudos en fachadas de casas antiguas o los corredores de madera que todavía se conservan en ciertas viviendas.
El paseo por el casco antiguo y la subida al cerro se hace en poco tiempo. Si se añade la caminata hasta Los Chorradores y la vuelta, la visita se alarga fácilmente a media jornada. Para quienes tengan interés en los yacimientos cercanos, existen recorridos más largos por el entorno, que conviene hacer con calzado de campo.
En primavera el paisaje suele estar más verde y el río lleva agua suficiente para ver los saltos en funcionamiento. Durante las fiestas de octubre, el ambiente cambia: las calles se llenan de música y muchas casas recuperan recetas tradicionales cocinadas en cazuela. Navarrés sigue funcionando, en buena medida, como un pueblo de interior donde la vida cotidiana y el paisaje van bastante unidos.