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sobre Llocnou d'En Fenollet
Pequeña localidad agrícola en la Costera con ambiente rural
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A las nueve de la mañana la luz entra a tiras por las persianas de muchas casas de la calle Major. Todavía huele a humedad de riego y, cuando sopla un poco de aire desde los campos, llega ese perfume denso de azahar que se queda un rato suspendido en el aire. En Llocnou d'En Fenollet las mañanas suelen empezar así, con pocos coches y algún vecino cruzando la plaza con paso tranquilo.
El municipio está en la comarca de la Costera, a unos 80 kilómetros de Valencia y muy cerca del eje de Xàtiva. Llocnou mantiene la estructura habitual de muchos pueblos agrícolas de esta parte del interior valenciano: calles estrechas que se enroscan alrededor de la plaza y casas de dos alturas, con balcones de hierro y portales amplios donde antes entraban carros.
La iglesia parroquial ocupa el centro de la plaza. No es un edificio monumental; más bien discreto, con paredes claras que reflejan la luz fuerte del mediodía y una torre que sobresale lo justo por encima de los tejados. A ciertas horas, cuando las campanas marcan el tiempo del pueblo, el sonido se escucha también desde los campos cercanos.
Alrededor de la plaza aparecen fachadas encaladas, algunas recién pintadas y otras con grietas finas que delatan los años. Muchas conservan rejas antiguas y puertas de madera oscurecida por el sol. Si caminas sin rumbo por las calles laterales, todavía se ven patios interiores con macetas y algún limonero que asoma por encima de la pared.
Los campos alrededor del pueblo
El término municipal es pequeño y enseguida aparecen los cultivos. Al salir andando del casco urbano empiezan los caminos agrícolas, rectos y polvorientos en verano, húmedos y con barro después de los riegos.
Los naranjos ocupan buena parte del paisaje. En primavera el azahar se nota incluso antes de ver los árboles: un olor dulce, algo pegajoso, que se mete por la nariz y acompaña varios metros de camino. También hay parcelas con olivos y algarrobos, más oscuros y retorcidos, que rompen la uniformidad de las hileras de cítricos.
Entre los campos discurren acequias de riego que forman parte del sistema tradicional de la huerta. Algunas van cubiertas, otras quedan abiertas y el agua corre despacio, con ese sonido constante que se oye mejor al caer la tarde cuando baja el ruido de los motores.
Son paseos fáciles, prácticamente llanos. Eso sí: en verano conviene salir temprano o al final del día. A mediodía el calor se queda atrapado entre los caminos y apenas hay sombra.
Ritmo agrícola y cocina de temporada
Aquí el calendario lo sigue marcando el campo. Durante los meses de recogida es normal ver remolques cargados de cajas de naranjas entrando y saliendo del pueblo. La campaña suele concentrarse entre finales de otoño y el invierno, aunque depende mucho del año.
En los huertos cercanos también aparecen alcachofas, tomates o pimientos según la temporada. Son productos que todavía se consumen mucho en las casas del pueblo, en arroces sencillos o en verduras asadas con aceite de oliva de la zona.
Si paseas por la tarde, cuando ya cae el sol, a veces llega olor a leña o a sofrito desde las cocinas abiertas a los patios.
Fiestas y vida de pueblo
Las celebraciones más visibles llegan en agosto, cuando se organizan las fiestas patronales y el pueblo cambia de ritmo durante varios días. Hay actos religiosos, música por la noche y actividades en la calle donde participa prácticamente todo el mundo.
Durante el resto del año la vida es mucho más tranquila. Las conversaciones se concentran en la plaza, en los bancos junto a la iglesia o a la sombra de alguna fachada cuando el calor aprieta.
En fechas como Navidad o Semana Santa también hay celebraciones tradicionales, con procesiones y reuniones familiares que llenan el casco urbano de gente que vuelve esos días al pueblo.
Cuándo acercarse
Desde Valencia el trayecto suele rondar una hora en coche, pasando por la zona de Xàtiva y continuando por carreteras locales hasta entrar en la Costera.
Los meses más agradables para pasear por los caminos suelen ser marzo, abril y mayo, cuando los naranjos están en flor y el campo tiene más actividad. Octubre también suele ser buen momento: el calor afloja y la luz de la tarde se vuelve más dorada sobre los campos.
En julio y agosto el calor puede ser intenso a partir del mediodía. Si vienes en esas fechas, merece la pena salir temprano por la mañana y dejar las caminatas largas para última hora de la tarde, cuando el aire empieza a moverse otra vez entre los naranjos.