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sobre El Camp de Mirra
Lugar histórico donde se firmó el tratado de Almizra; pequeño y rodeado de cultivos
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En el extremo occidental de la provincia de Alicante, ya en las tierras altas del Alt Vinalopó, El Camp de Mirra sigue teniendo escala de pueblo agrícola. Apenas supera los cuatrocientos habitantes y se asienta a algo más de 600 metros de altitud, en un pequeño llano rodeado de sierras bajas. La vida aquí siempre ha estado ligada a los cultivos de secano y a una posición histórica de frontera entre territorios.
El propio nombre del lugar aparece en las crónicas medievales por un episodio concreto: el acuerdo firmado en el siglo XIII entre las coronas de Aragón y Castilla para fijar sus límites en estas tierras. Aquel pacto, conocido como Tratado de Almizra, se asocia al castillo que domina el entorno del pueblo.
El paisaje agrícola del Alt Vinalopó
Alrededor del casco urbano se extiende un mosaico de viñedos, almendros y pequeñas parcelas sostenidas por muros de piedra seca. Es el paisaje típico del interior alicantino, donde cada metro cultivable se ha ido ganando con paciencia. Los bancales escalonan las laderas y explican mejor que cualquier discurso cómo se ha trabajado aquí durante generaciones.
Las estaciones se notan mucho en este tipo de terreno. A finales de invierno florecen los almendros; en verano el campo se vuelve más áspero y seco; y en otoño las viñas cambian de color antes de la vendimia. No es un paisaje espectacular, pero sí muy representativo de esta parte del Vinalopó.
El núcleo urbano es sencillo: casas bajas, fachadas encaladas y cubiertas de teja. No hay grandes monumentos ni calles pensadas para el paseo turístico. Es, sobre todo, un pueblo donde se vive.
El castillo de Almizra y la frontera medieval
A poca distancia del pueblo se encuentran los restos del Castillo de Almizra, una fortificación de origen islámico levantada en el siglo XI. Hoy quedan tramos de muralla y parte de la estructura, suficientes para hacerse una idea de su función: controlar el paso natural entre valles.
En este entorno se sitúa tradicionalmente la firma del tratado que fijó la frontera entre los reinos de Jaime I de Aragón y Alfonso X de Castilla en 1244. El acuerdo condicionó durante siglos la organización de estas tierras y explica por qué esta comarca quedó integrada en el ámbito valenciano.
Más que por la arquitectura conservada, el lugar interesa por lo que representa en la historia de la expansión medieval hacia el sur.
Paseos por el entorno
El terreno que rodea El Camp de Mirra permite caminar por caminos agrícolas y pequeños barrancos sin demasiada dificultad. Muchos de estos recorridos siguen trazados antiguos entre parcelas, con muros de piedra que delimitaban propiedades y protegían los cultivos del viento.
También es habitual ver ciclistas atravesando la zona, enlazando el pueblo con otras localidades del Alt Vinalopó por pistas rurales y carreteras secundarias.
Fiestas y costumbres
Las celebraciones del calendario mantienen rasgos bastante arraigados en los pueblos del interior. En enero se suele encender la hoguera de San Antón y se bendicen animales en la plaza. En verano llegan las fiestas patronales, con actos religiosos, música y comidas colectivas donde siguen apareciendo platos de cocina doméstica.
En las casas no es raro encontrar recetas ligadas al campo y a la caza menor: gazpacho manchego, guisos con conejo o embutidos elaborados en invierno.
Apunte práctico
El Camp de Mirra se recorre rápido. Lo más interesante suele estar en el entorno: acercarse a los restos del castillo y recorrer con calma los caminos agrícolas que rodean el pueblo ayuda a entender cómo funciona este paisaje del interior del Vinalopó.