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sobre Balones
Pequeña localidad serrana con encanto rural; ideal para el turismo de silencio y naturaleza
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A primera hora de la mañana, si se llega en coche desde Alicante, el aire cambia al salir de las autovías y empezar a subir hacia El Comtat. Huele a tierra húmeda y a olivo, y la luz del sol se filtra entre las ramas bajas de los bancales. El turismo en Balones empieza así, casi sin darse cuenta: un pueblo pequeño —unos 130 vecinos— que aparece en un altiplano a unos 660 metros de altura, rodeado de olivares y laderas donde el silencio solo se rompe cuando pasa un coche o ladra algún perro en la distancia.
La quietud aquí no es una pose. Se nota en cómo suenan los pasos sobre el pavimento irregular y en las conversaciones que salen de las puertas abiertas cuando cae la tarde.
Un puñado de calles alrededor de la iglesia
Las calles del centro se recorren en pocos minutos, pero conviene hacerlo despacio. Las fachadas encaladas devuelven la luz con un blanco algo rugoso, y muchas ventanas conservan carpinterías de madera oscurecidas por los años. No es raro encontrar macetas apoyadas directamente en el suelo o una silla sacada a la puerta.
La iglesia de San Francisco ocupa el centro del pueblo. Por fuera es sobria, con piedra visible en algunas partes del muro; por dentro, el ambiente suele oler a cera y a madera vieja, ese olor templado que tienen muchas iglesias de pueblos pequeños. La construcción ha ido cambiando con el tiempo, como ocurre en tantos templos rurales.
Bancales, olivos y caminos agrícolas
Alrededor de Balones todo son terrazas de piedra seca. Los bancales sostienen olivares que en primavera sueltan un polvillo fino de polen y dejan en el aire un olor suave, casi dulce. Entre ellos discurren caminos agrícolas que salen del mismo borde del pueblo.
No todos están señalizados con claridad. Algunos se bifurcan entre campos o acaban convertidos en simples sendas de paso, así que conviene llevar el recorrido guardado en el móvil o en un mapa si la idea es caminar un rato. A cambio, es fácil encontrarse completamente solo, con el ruido del viento moviendo las hojas plateadas de los olivos y, de vez en cuando, el sonido seco de una chicharra.
Desde ciertos altos del camino la vista se abre hacia barrancos cubiertos de pinos y almendros dispersos. El paisaje tiene ese tono mate del interior de Alicante: verdes apagados, tierra rojiza y muros de piedra que serpentean ladera abajo.
Un lugar para caminar sin prisas
Balones suele funcionar mejor como parada tranquila dentro de una ruta por la comarca. No hay grandes infraestructuras turísticas ni un centro histórico lleno de monumentos. Lo que hay son caminos cortos, silencio y un paisaje agrícola que sigue activo.
Al atardecer la luz baja y cálida cae de lado sobre los bancales. Las paredes de piedra cogen tonos naranjas y las sombras de los olivos se alargan sobre la tierra. Es uno de los momentos en que el pueblo se queda más quieto.
Si vienes en verano, compensa caminar temprano o ya al final de la tarde: el sol cae fuerte a mediodía y apenas hay sombra en los caminos.
Fiestas y ritmo del año
El calendario del pueblo sigue bastante ligado a lo agrícola. En verano suelen celebrarse las fiestas patronales, cuando regresan familiares que viven fuera y las calles se llenan más de lo habitual. Durante esos días el ambiente cambia: mesas en la calle, música por la noche y niños corriendo por las plazas pequeñas.
La recogida de la aceituna, ya entrado el otoño o en invierno según el año, también marca el paisaje. Es frecuente ver tractores subir y bajar por los caminos de tierra y gente trabajando en los bancales desde primera hora.
Cómo llegar y cuándo ir
Desde Alicante el trayecto suele rondar una hora larga en coche, primero por vías rápidas y después por carreteras comarcales que serpentean entre montañas al acercarse a El Comtat. Los últimos kilómetros ya anuncian el tipo de paisaje que rodea Balones: olivares, barrancos y pueblos pequeños separados por pocos kilómetros.
Primavera y otoño suelen ser las estaciones más agradables para pasear por los caminos. En invierno las mañanas pueden amanecer con escarcha en los campos, y en verano el calor aprieta durante el día aunque las noches suelen refrescar.
Si la idea es quedarse más tiempo que una visita rápida, conviene informarse antes en el propio municipio o en la comarca sobre casas rurales o alojamientos cercanos. Balones sigue siendo un lugar pequeño, y eso también significa que los servicios son los justos. Precisamente por eso muchos llegan hasta aquí.