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sobre Benasau
Pueblo tranquilo rodeado de naturaleza; destaca por la Torre del Palacio y su proximidad a Aitana
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A mediodía, cuando el sol cae casi vertical sobre las paredes de piedra de Benasau, el pueblo se queda en silencio. La luz rebota en las fachadas claras y las calles estrechas se llenan de sombras cortas. Solo se oye alguna persiana que se mueve, el zumbido de los insectos en verano y, de vez en cuando, el eco de unos pasos sobre el empedrado.
El turismo en Benasau tiene poco que ver con grandes reclamos. Con unos 174 habitantes y a más de 700 metros de altitud, este pequeño municipio de la comarca de El Comtat mantiene un ritmo lento, marcado por el campo que lo rodea. El casco urbano se adapta a la pendiente con calles que suben y bajan sin mucha lógica aparente, entre casas de piedra, portones de madera y pequeños patios donde suelen aparecer macetas, parras o algún limonero que busca el sol.
El centro del pueblo y sus casas
La iglesia parroquial ocupa el punto más visible del casco urbano. No llama la atención por tamaño ni por decoración, pero su campanario sirve de referencia cuando uno entra al pueblo desde la carretera. A su alrededor se abren algunas de las calles principales, donde las casas mantienen esa mezcla habitual de reformas recientes y muros antiguos.
En muchos portales todavía se ven los herrajes viejos o las puertas gruesas pensadas para guardar el calor en invierno. Las ventanas son pequeñas y profundas, algo muy común en los pueblos del interior alicantino, donde las temperaturas pueden bajar bastante cuando llega el frío.
Conviene recorrer el pueblo sin prisa, simplemente enlazando calles. En menos de una hora se puede atravesar entero, pero si vas despacio empiezan a aparecer detalles: una escalera exterior gastada por los años, una pared cubierta de hiedra o el olor a leña cuando llega el final de la tarde en invierno.
El paisaje de bancales alrededor de Benasau
Al salir del núcleo urbano, el paisaje cambia enseguida. Los alrededores de Benasau están llenos de bancales sostenidos por muros de piedra seca. Algunos siguen cultivados y otros han quedado a medio camino entre campo y monte.
Almendros, olivos y pequeñas viñas aparecen dispersos entre pinos jóvenes y carrascas. En febrero, cuando los almendros florecen, el contraste entre el blanco de las flores y el marrón de la tierra seca se ve desde muchos caminos que rodean el pueblo.
No hay grandes miradores acondicionados. Lo habitual es parar en cualquier curva o pequeño alto del camino y mirar el valle del Comtat extendiéndose entre sierras suaves. Si vienes a caminar, lleva agua y descarga el recorrido antes en el móvil: algunos senderos existen más por costumbre que por señalización.
Caminos entre pueblos del Comtat
Benasau también funciona como punto de paso para caminar hacia otros pueblos cercanos. Antiguos caminos de herradura todavía conectan con localidades del entorno, atravesando barrancos y zonas de cultivo abandonado.
Son rutas tranquilas, pero el terreno tiene tramos pedregosos y pendientes cortas que se hacen notar. Unas botas con suela firme ayudan bastante, sobre todo después de lluvias, cuando la tierra se vuelve resbaladiza en algunos bancales.
Mientras caminas es fácil notar los aromas del monte bajo: tomillo, romero o mejorana, sobre todo cuando el sol calienta las laderas. A veces se ven rapaces planeando sobre los barrancos, aprovechando las corrientes de aire que suben desde el valle.
Un pueblo pequeño, con fiestas sencillas
Las fiestas de Benasau siguen el ritmo de muchos pueblos del interior valenciano. En verano suelen concentrarse los días más animados del año: procesiones, música por la noche y vecinos que regresan al pueblo para reunirse con la familia.
En enero se mantiene la tradición de San Antonio Abad, con la bendición de animales en la plaza. Es un acto breve, pero muy arraigado en los pueblos agrícolas de la zona.
Durante el otoño, cuando llega la recogida de almendra o aceituna, el movimiento vuelve al campo. No es un evento organizado como tal, simplemente el trabajo de temporada que todavía marca el calendario en muchos pueblos de la comarca.
Llegar a Benasau
Desde Alicante capital el trayecto ronda la hora y algo más de coche. Lo habitual es subir hacia la zona de Alcoy y desde allí continuar por carreteras comarcales que se van estrechando a medida que uno entra en El Comtat.
Los últimos kilómetros tienen curvas y cambios de altura, así que conviene tomárselo con calma. Aparcar en el pueblo no suele ser complicado porque el tráfico es mínimo, aunque en fiestas o fines de semana puede haber más movimiento del habitual.
Si buscas grandes atracciones turísticas, probablemente Benasau no sea ese lugar. Pero si te interesa ver cómo respiran todavía algunos pueblos pequeños del interior alicantino —con su silencio al mediodía, los bancales alrededor y el olor a leña en invierno— aquí aún quedan esas escenas cotidianas.