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sobre Benimarfull
Municipio conocido por sus aguas sulfurosas y balneario; entorno rural tranquilo
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Hay pueblos que aparecen en el mapa como una mota pequeña, de esas que dudas si el navegador se ha equivocado. Benimarfull es un poco así. Vas por las carreteras de El Comtat, entre bancales y curvas suaves, y de repente lo tienes delante. Pequeño, discreto, como ese bar de carretera donde paras a estirar las piernas y acabas quedándote más rato del que pensabas.
El turismo en Benimarfull funciona de esa manera: no vienes buscando un gran reclamo. Vienes porque estás cerca, porque alguien lo mencionó o porque te pilla de paso entre otros pueblos del interior de Alicante. Y cuando aparcas y empiezas a caminar, entiendes rápido el tamaño del lugar. Esto no es una excursión de todo el día. Es más bien como cuando entras a una tienda pequeña del barrio: en diez minutos ya sabes dónde está todo.
Un paseo corto por el centro
La iglesia de San Juan Bautista hace de punto de referencia. En pueblos de este tamaño pasa mucho: miras alrededor y el campanario te sirve de brújula, como el poste de luz en un campo de fútbol improvisado.
El edificio es sencillo, sin demasiada ornamentación. Piedra, fachada sobria y ese aire de templo que ha visto pasar generaciones enteras del mismo pueblo. Dentro se conservan algunos elementos devocionales tradicionales, los típicos que encuentras en parroquias rurales donde la historia no está en vitrinas, sino en el uso continuo.
Desde ahí salen varias calles estrechas que se recorren rápido. Literalmente rápido: si caminas sin pararte a mirar detalles, en veinte minutos has hecho el circuito entero. Las casas mantienen fachadas de mampostería, tejados inclinados y portales que a veces dejan ver patios pequeños. Algunos tienen herramientas viejas apoyadas en la pared, como si alguien las hubiera dejado ahí ayer.
Es el tipo de sitio donde te imaginas la vida de antes con bastante facilidad. Puertas bajas, calles que serpentean un poco y balcones con macetas que parecen puestos ahí sin demasiada planificación, como cuando alguien llena una estantería con lo que tiene a mano.
El paisaje que rodea al pueblo
Al salir del núcleo urbano lo que domina son los olivares. Filas bastante ordenadas, como si alguien hubiera peinado la tierra con un peine gigante. Muchos árboles tienen décadas encima, y algunos probablemente más de un siglo.
Entre los campos aparecen barrancos y pequeñas laderas donde el terreno ya no permite tanta geometría. Allí crecen pinos dispersos y matorral mediterráneo: romero, tomillo y otras plantas que, cuando hace calor, sueltan ese olor seco tan típico del interior alicantino. Es como abrir un tarro de especias, pero en versión paisaje.
En invierno y a comienzos de primavera los almendros cambian bastante la escena. De repente aparecen manchas blancas y rosadas entre los bancales. No es algo exclusivo de Benimarfull, pasa en buena parte de la comarca, pero aquí se ve muy cerca del pueblo.
Caminos y rutas alrededor
Los caminos rurales que salen del municipio permiten moverse por la zona sin demasiada dificultad. Son pistas agrícolas que conectan bancales, barrancos y, en algunos casos, pueblos cercanos de El Comtat.
Caminar por aquí tiene algo muy cotidiano. No es la típica ruta de montaña donde estás pendiente del desnivel o del reloj. Se parece más a dar un paseo largo por caminos de campo, de esos donde vas viendo cómo cambia el paisaje metro a metro.
Conviene llevar alguna referencia de ruta o mapa. La señalización en estas zonas a veces es irregular, y algunos cruces dependen más del sentido común que de un cartel.
También se ven ciclistas con frecuencia. Las carreteras comarcales y las pistas rurales se prestan bastante a eso, con subidas suaves que poco a poco se hacen notar en las piernas.
Comida de interior
La cocina que suele aparecer por esta zona es la que uno espera en pueblos agrícolas del interior valenciano. Mucho producto cercano, aceite de oliva y platos pensados para jornadas largas de trabajo.
Guisos de caza menor, arroces con verduras del huerto, ollas contundentes cuando hace frío. Son comidas que recuerdan a las que hacía la abuela cuando venía toda la familia un domingo: cazuela grande, sabores intensos y poca complicación en la presentación.
Fiestas y vida del pueblo
Las celebraciones principales giran alrededor de San Juan Bautista, normalmente a comienzos del verano. Durante esos días el pueblo cambia el ritmo. Hay música de banda, actos religiosos y actividades organizadas por los propios vecinos.
En agosto suelen celebrarse también las fiestas mayores. Es la época en que regresan muchos que viven fuera. Se nota en el ambiente: más gente por las calles, mesas largas al aire libre y conversaciones que parecen ponerse al día después de meses.
No esperes grandes montajes ni programas interminables. Son fiestas de pueblo en el sentido literal. Como una reunión familiar grande: cada uno aporta algo y al final todo el mundo acaba participando de una forma u otra.
Benimarfull funciona así todo el año. Pequeño, tranquilo y bastante directo. No intenta impresionar a nadie. Y, curiosamente, ahí está parte de su gracia. Porque a veces lo que apetece en un viaje es justo eso: parar un rato en un sitio que no intenta venderte nada. Solo seguir siendo lo que siempre ha sido.