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sobre Lorcha
Pueblo a orillas del Serpis con un castillo templario; final de la Vía Verde del Serpis
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Hay pueblos a los que llegas casi por casualidad. Vas siguiendo una carretera secundaria, el valle se va estrechando, y de repente aparece un puñado de casas al fondo. Con el turismo en Lorcha pasa un poco eso. No es un sitio al que se llega por accidente del todo, pero tampoco está en la ruta rápida de casi nadie.
La primera sensación es simple: aquí el tiempo va a otra velocidad. No más lento de postal, sino a ritmo de pueblo pequeño. Con unas seiscientas personas, Lorcha (o l’Orxa, como verás escrito también) sigue muy pegada al valle y al monte que la rodea.
Llegar a Lorcha y entender dónde estás
Lorcha está en la comarca de El Comtat, en el interior norte de la provincia de Alicante. El pueblo queda encajado en el valle del río Serpis, entre montañas que lo aíslan bastante del tráfico y del ruido de las zonas más urbanizadas.
Cuando llegas en coche lo notas enseguida. La carretera se mete entre paredes de roca y campos en terraza. De esos bancales que llevan ahí décadas, algunos todavía trabajados y otros ya medio comidos por la vegetación.
No es un sitio grande ni pretende serlo. Más bien funciona como punto tranquilo dentro de un valle muy utilizado por senderistas y gente que viene a pasar el día caminando.
El casco urbano: pequeño y bastante auténtico
El centro de Lorcha se recorre rápido. Un puñado de calles que suben y bajan, casas pegadas unas a otras y la plaza donde gira buena parte de la vida del pueblo.
La iglesia de San Miguel Arcángel marca bastante el perfil del casco urbano. Es el edificio más reconocible, con una fachada sencilla y un campanario que se ve desde distintos puntos del pueblo. No es un monumento espectacular, pero encaja bien con el resto: arquitectura práctica, sin adornos de más.
Si te gusta fijarte en detalles, merece la pena caminar sin prisa. Hay portones de madera antiguos, rejas trabajadas y muros de piedra que cuentan bastante sobre cómo se construía aquí hace generaciones. Las casas siguen la pendiente del terreno, así que a veces una calle parece casi un pequeño mirador sobre el valle.
El valle del Serpis y la antigua vía del tren
Si Lorcha aparece en muchos mapas de rutas es por lo que tiene justo al lado: el valle del Serpis. Por aquí pasa un trazado ferroviario antiguo que hoy se utiliza como camino largo entre montañas.
Es uno de esos recorridos que mucha gente hace andando o en bici. El camino sigue el río, atraviesa túneles excavados en la roca y pasa junto a restos de infraestructuras del antiguo tren. El paisaje mezcla paredes de piedra, vegetación de ribera y tramos donde el valle se abre un poco.
No hace falta plantearlo como una gran excursión. Mucha gente simplemente camina un tramo, se da la vuelta y vuelve al pueblo. Funciona bien para pasar una mañana moviendo las piernas sin complicarse demasiado.
Senderos y caminos alrededor del pueblo
Además de ese eje del valle, alrededor de Lorcha salen caminos rurales que suben hacia las montañas cercanas. Algunos atraviesan antiguos bancales de olivos y almendros; otros se meten directamente en zonas de monte bajo.
Son rutas sencillas si estás acostumbrado a caminar, aunque el terreno aquí tiene bastante pendiente. Ese tipo de cuesta que al principio parece suave y a los diez minutos ya te hace notar las piernas.
A cambio, en cuanto ganas algo de altura, el valle se ve entero. El pueblo queda abajo, pequeño, con el río marcando la línea verde en medio del paisaje.
Fiestas, comida y vida de pueblo
En Lorcha las celebraciones siguen bastante ligadas al calendario religioso y a las costumbres del pueblo. Las fiestas dedicadas a San Miguel suelen ser el momento en que el lugar se llena más de gente, con actos que mezclan tradición, música y reuniones entre vecinos.
También hay otros momentos del año con celebraciones más pequeñas. Cosas muy de pueblo: comidas colectivas, actividades en la calle y ese ambiente en el que casi todo el mundo se conoce.
En la cocina manda lo que ha marcado siempre esta zona del interior valenciano. Platos contundentes, embutidos caseros en muchas casas y dulces que aparecen sobre todo cuando hay fiesta o reunión familiar.
Lorcha no intenta llamar la atención. Es más bien ese tipo de sitio que funciona como base tranquila para caminar por el valle, sentarte un rato en la plaza y ver pasar la tarde sin demasiada prisa. A veces, con eso ya basta.