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sobre Castellfort
Localidad fortificada de origen templario situada en un altozano ventoso; ofrece un rico patrimonio arquitectónico y vistas panorámicas de la comarca de Els Ports
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Hay pueblos que parecen puestos en el mapa para recordarte que la provincia de Castellón no es solo costa. Castellfort es uno de esos. Llegas después de una buena tanda de curvas por Els Ports y, de repente, aparece el pueblo arriba del todo, como si alguien lo hubiera dejado sobre la muela de una mesa. Con apenas un puñado de calles y poco más de un centenar largo de vecinos, aquí el ritmo va bastante más despacio que en cualquier capital de comarca.
Castellfort está a más de mil metros de altura y eso se nota enseguida: el aire es más fresco y el paisaje alrededor tiene ese tono áspero de las montañas del interior de Castellón. Durante siglos la vida aquí ha girado alrededor del campo y del ganado, y todavía se percibe en cómo está construido el pueblo y en lo que hay —y lo que no hay— en sus calles.
La iglesia y el pequeño núcleo del pueblo
La iglesia parroquial de San Miguel Arcángel manda bastante en el perfil del pueblo. No es una de esas iglesias gigantes que dominan todo el casco urbano, pero sí tiene esa presencia tranquila de edificio antiguo que siempre ha estado ahí. La piedra es la misma que ves en muchas casas del pueblo, lo que hace que todo encaje bastante bien.
Alrededor se organiza el núcleo antiguo: calles cortas, empedradas en algunos tramos y con casas de muros gruesos. Si has estado por otros pueblos de Els Ports reconocerás el patrón enseguida. Balcones de madera, aleros generosos para cortar el viento y fachadas pensadas más para aguantar inviernos largos que para lucirse.
No hay grandes monumentos ni museos. Lo que hay es un conjunto bastante coherente de arquitectura rural de montaña. Ese tipo de sitio donde paseas diez minutos y ya te haces una idea bastante clara de cómo ha sido la vida aquí.
Miradores naturales y la Muela de Castellfort
Uno de los puntos que más llaman la atención en el entorno es la Muela de Castellfort. Es una elevación bastante reconocible en la zona y durante generaciones ha servido de referencia natural para los pueblos cercanos. Desde arriba se entiende bien cómo es esta parte de Els Ports: barrancos, muelas calcáreas y una mezcla de pinos, encinas y algo de roble en las zonas más frescas.
Dentro del propio pueblo también hay varios puntos desde donde el paisaje se abre bastante. No son miradores señalizados con paneles y bancos; más bien esquinas o bordes del pueblo donde te asomas y ves kilómetros de montaña.
Huellas de la vida agrícola
Si te alejas un poco del casco urbano empiezan a aparecer bancales antiguos, corrales de piedra seca y muros que dibujan parcelas. Muchos ya no se usan, pero siguen ahí recordando que durante mucho tiempo cada trozo de tierra contaba.
Es bastante típico en esta comarca: campos que hoy parecen casi salvajes pero que durante generaciones se trabajaron a mano. Cuando caminas por los alrededores de Castellfort te cruzas con estas estructuras continuamente.
Senderismo por Els Ports
Castellfort funciona bien como base para caminar por la zona. Desde el propio pueblo salen caminos que conectan con barrancos, zonas de bosque y pistas forestales que llevan hacia otros pueblos de la comarca.
El GR‑7 pasa relativamente cerca, así que hay senderistas que utilizan el pueblo como parada o desvío. El terreno aquí no es precisamente suave: hay desniveles y tramos pedregosos, algo bastante normal en Els Ports.
Si te gusta caminar sin demasiada gente alrededor, este tipo de rutas tienen bastante sentido.
Fauna y paisaje de montaña
En estas montañas todavía es relativamente fácil ver rastros de fauna. Jabalíes hay muchos, y con algo de suerte también pueden aparecer corzos en zonas tranquilas al amanecer o al atardecer. Sobre las paredes rocosas suelen planear rapaces aprovechando las corrientes de aire.
No hace falta montar una excursión complicada para notar esa sensación de naturaleza bastante presente. Basta con salir un poco del pueblo y caminar sin prisa.
Lo que se come por aquí
La cocina de la zona suele ir por lo sencillo y contundente. Cordero de la comarca, miel de colmenares cercanos, setas cuando el otoño viene bien de lluvias y, algunos años, trufa negra en invierno.
No es un lugar con una oferta gastronómica enorme. Más bien lo contrario: lo que hay suele basarse en producto de la zona y recetas de siempre.
Carreteras duras para bici
Quien venga en bici tiene que saber dónde se mete. Las carreteras de acceso a Castellfort son de esas que se ganan cada metro a base de curva y pendiente. Para ciclismo de carretera o BTT el terreno puede ser muy entretenido, pero no es precisamente una zona suave.
Dicho de otra forma: si subir puertos largos te gusta, aquí vas a encontrar unos cuantos.
Fiestas y vida del pueblo
Las fiestas principales giran alrededor de San Miguel Arcángel, a finales de septiembre. Son celebraciones bastante locales, con actos tradicionales y mucha participación de la gente del pueblo.
En agosto también suele haber algo más de movimiento. Muchos vecinos que viven fuera vuelven unos días y se organizan actividades aprovechando que las noches, a esta altura, refrescan bastante.
Cómo llegar a Castellfort
La forma más habitual de llegar es desde la N‑232 en dirección a Morella. A la altura de Forcall sale la carretera que sube hasta Castellfort. Son unos cuantos kilómetros de curvas y paisaje de montaña.
El último tramo es de esos que te hacen bajar la velocidad sin que nadie te lo diga: carretera estrecha, pendientes y bastante silencio alrededor. Pero también es parte del encanto de llegar hasta aquí.
Cuándo venir
Entre primavera y otoño el clima suele acompañar más para caminar por los alrededores. El invierno puede ser duro; a esta altura la nieve no es rara algunos años y el viento a veces sopla con ganas.
Aun así, cuando el pueblo amanece con escarcha o con algo de nieve, el paisaje tiene ese aire de montaña seria que define bastante bien a Castellfort. Un pueblo pequeño, algo apartado y muy ligado al terreno en el que está. Y eso, hoy en día, ya dice bastante.