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sobre Olocau del Rey
Pueblo histórico situado en el límite con Aragón; destaca por su castillo y su arquitectura de piedra en un entorno de alta montaña
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A primera hora la plaza está casi muda. Solo se oye alguna puerta de madera y el roce del viento en las banderas del ayuntamiento. Olocau del Rey aparece así, despacio, con la piedra todavía fría y la luz entrando de lado entre las fachadas. Este pequeño municipio de Els Ports ronda los 135 habitantes y se alza a más de mil metros de altitud, en una ladera abierta hacia el norte. Cuando el aire está limpio, el horizonte parece más ancho de lo que uno espera para un pueblo tan pequeño.
El pueblo en la ladera
El casco urbano se recorre sin esfuerzo. Calles cortas, alguna cuesta y bastante silencio entre semana. La iglesia parroquial de Santa María domina la plaza con muros de piedra gruesa y un perfil austero que encaja con el resto del pueblo. Fue levantada en el siglo XVI, aunque el conjunto se ha ido ajustando con el tiempo.
Al caminar sin prisa aparecen detalles que suelen pasar desapercibidos en una visita rápida: portales con grandes dovelas, rejas pesadas en las ventanas bajas, aleros de teja que proyectan sombra sobre la calle. En algunos rincones quedan pilas de piedra y pequeños pozos pegados a las paredes. Elementos prácticos, más que decorativos.
Por la mañana la luz baja resalta mucho las texturas. A media tarde el pueblo queda más apagado, con sombras largas en las calles estrechas.
Miradores naturales sobre Els Ports
Basta alejarse unos minutos del centro para que el paisaje tome protagonismo. El término municipal se mueve entre muelas de roca caliza, barrancos y lomas cubiertas de pino. La sensación es de amplitud, aunque el relieve sea áspero.
Hay varios puntos altos alrededor del pueblo desde donde se entiende bien la geografía de Els Ports. Las plataformas rocosas, las vaguadas cubiertas de bosque y, en días claros, las sierras que marcan el límite con Aragón. El viento suele soplar con fuerza en estas cotas, sobre todo en invierno.
Conviene llevar algo de abrigo incluso si abajo hace buen día.
Abrigos con arte rupestre
En los alrededores existen varios abrigos con pinturas rupestres de estilo levantino. Forman parte del conjunto protegido que se extiende por buena parte del arco mediterráneo. No siempre es sencillo encontrarlos si no se conoce bien la zona.
Algunos caminos no están señalizados de forma clara y las pistas pueden volverse incómodas después de lluvias. Antes de acercarse es buena idea revisar el acceso o preguntar en el propio pueblo. Aquí el terreno manda bastante.
Caminar por los alrededores
Los senderos que salen de Olocau del Rey conectan con barrancos y pequeñas muelas cercanas. No son caminos espectaculares en el sentido clásico, pero tienen algo muy propio de esta comarca: silencio, olor a resina y tramos abiertos donde solo se oyen los cencerros de algún rebaño lejano.
En verano el sol cae fuerte en las zonas despejadas. Lo más sensato es salir temprano. A media tarde el calor todavía aprieta y apenas hay sombras en algunos tramos.
Calzado con buena suela y agua suficiente suelen ser más importantes aquí que la distancia del recorrido.
Noches oscuras y vida del pueblo
Cuando cae la noche el pueblo cambia bastante. La iluminación es escasa y el cielo se vuelve profundo, con muchas más estrellas de las que se ven en zonas urbanas. A menudo se acercan aficionados a la astronomía porque la contaminación lumínica es muy baja.
Incluso en verano refresca. El aire baja frío desde la sierra y obliga a sacar una chaqueta.
A lo largo del año el calendario local mantiene algunas celebraciones tradicionales. En verano suelen concentrarse las fiestas patronales, cuando regresan familiares y el pueblo se llena más de lo habitual. En invierno se conservan celebraciones ligadas a San Antonio, con hogueras en la plaza y un ambiente más vecinal que festivo.
Conviene tener presente que fuera de esas fechas el ritmo es tranquilo. Algunos servicios no abren todos los días y los horarios pueden variar bastante.
La carretera que llega hasta aquí atraviesa un terreno montañoso, con curvas y tramos estrechos. No es complicada, pero sí lenta. Eso también forma parte del viaje: cuando uno llega a Olocau del Rey, ya viene con otro ritmo encima.