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sobre Massamagrell
Capital de la subcomarca con iglesia destacada y proximidad a la playa
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A las ocho de la mañana, cuando el sol todavía se arrastra por los campos de naranjos, Massamagrell huele a tierra húmeda y a pan recién hecho. En la plaza, algún comercio levanta la persiana metálica con ese ruido seco que rebota entre las fachadas claras. Todavía no han llegado los coches que suben y bajan hacia Valencia por la V‑21, y durante un rato el pueblo se mueve despacio: alguien barre la acera, una bici cruza la calle Mayor, las campanas marcan la hora con un sonido que se escucha desde media huerta. Así empieza muchas jornadas en Massamagrell, en un lugar que vive pegado a la ciudad pero todavía conserva ritmo propio.
La torre que guía desde los campos
Hay pueblos de l’Horta Nord donde la torre de la iglesia asoma entre los campos como un faro. En Massamagrell ocurre algo parecido con la iglesia de San Juan Evangelista. El campanario se ve desde lejos, sobre todo cuando llegas por los caminos de huerta y el perfil del pueblo aparece poco a poco entre acequias y parcelas de cultivo.
Por dentro es un espacio amplio, de esos donde la luz entra alta y cae en rectángulos sobre los bancos de madera. A media mañana suele haber silencio, apenas el eco de alguna puerta lateral y el paso de vecinos que entran un momento antes de seguir con la compra o con las gestiones del día. No funciona como un monumento aislado: forma parte de la vida diaria del pueblo.
Si te acercas, rodéala despacio. Desde algunas calles laterales se entiende mejor su tamaño, sobre todo cuando el sol de la tarde vuelve anaranjada la piedra de la torre.
El olor del arroz al mediodía
En Massamagrell el arroz aparece muchas veces en conversación antes incluso de verlo en la mesa. A media mañana, cuando el sol ya aprieta sobre las calles más abiertas, empiezan a salir olores de sofrito de las cocinas: tomate, ajo, algo de pimentón que se tuesta un poco de más.
En bastantes casas sigue preparándose arroz al horno, una receta muy ligada a los pueblos de la huerta. Garbanzos, costilla de cerdo, morcilla, patata… cada familia tiene su proporción y su manera de rematarlo. Tradicionalmente se llevaba la cazuela de barro al horno del barrio para terminar la cocción; hoy ocurre menos, pero todavía hay quien mantiene la costumbre.
Si paseas por el centro a esa hora, verás a vecinos caminando con la cassola envuelta en un paño o simplemente el trasiego habitual de mediodía. Es un buen momento para notar cómo el pueblo cambia de ritmo: las calles se vacían un poco y el olor a comida queda flotando en el aire.
Fallas de barrio y procesiones en silencio
Las fallas también forman parte del calendario local, aunque aquí se viven de otra manera que en la capital. Los monumentos suelen levantarse en plazas o cruces de calles donde todos se conocen. Los niños corretean alrededor mientras los mayores comentan los detalles de la falla o preparan mesas largas para cenar al aire libre.
Durante esos días el pueblo tiene otro sonido: petardos por la tarde, música que llega desde un casal cercano y el olor dulzón de la pólvora después de cada mascletà pequeña.
En Semana Santa el ambiente cambia bastante. Algunas procesiones recorren las calles del centro con un paso lento y bastante silencio. Si coincides con una de ellas al anochecer, lo que más se oye es el roce de los pasos sobre el asfalto y las conversaciones bajas de la gente que mira desde la acera.
Caminar entre acequias hacia la huerta
Salir andando de Massamagrell es fácil. En pocos minutos pasas de las últimas casas a caminos de tierra que discurren entre parcelas de cultivo, acequias y motores de riego. En algunos tramos coincide con itinerarios señalizados que atraviesan la huerta hacia otros pueblos cercanos o hacia Valencia.
La ruta no tiene grandes desniveles; es una llanura abierta donde el horizonte lo marcan las torres de las iglesias y, si hay buena visibilidad, alguna franja azul del Mediterráneo al fondo. En primavera el aire trae olor de azahar y el zumbido constante de las abejas. En verano, en cambio, el calor cae vertical y apenas hay sombra.
Si te animas a caminar por aquí, lo más sensato es salir temprano o al final de la tarde. A mediodía en verano, el sol en la huerta no perdona.
Cuándo ir
Marzo suele tener movimiento por las fallas y un clima todavía amable para caminar. También a principios de otoño, cuando el calor afloja y la huerta vuelve a trabajar a pleno ritmo. En pleno verano conviene evitar las horas centrales del día.
Cómo llegar
Massamagrell está a pocos kilómetros de Valencia. Se puede llegar en coche por la V‑21 o en metro desde la ciudad, con parada en el propio municipio. Desde la estación al centro hay un paseo corto. Si vienes en fin de semana, revisa los horarios antes de salir porque las frecuencias pueden cambiar.