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sobre Moncada
Sede de la Universidad CEU y del Seminario con restos íberos en el Tos Pelat
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El viernes por la mañana, cuando el mercado ocupa la plaza Mayor, Moncada huele a naranja amarga y a tomate de colgar. No es casualidad: la huerta llega prácticamente hasta el centro del municipio, y algunas calles siguen el trazado de antiguos caminos agrícolas. A poco más de quince kilómetros de Valencia, Moncada ha crecido como ciudad universitaria y residencial, pero todavía mantiene una relación directa con la tierra que la rodea.
La huerta que todavía marca el ritmo
Moncada existe en gran medida gracias a la Real Acequia de Moncada, uno de los grandes canales históricos derivados del Turia. Este sistema de riego, organizado desde época medieval —con raíces que probablemente se remontan a la gestión hidráulica andalusí—, reparte el agua por buena parte de l’Horta Nord.
El agua se distribuye tradicionalmente por tandas, un sistema de turnos que durante siglos marcó el calendario agrícola y también la vida cotidiana. Los regantes siguen reuniéndose en la llamada Casa de la Comuna, un edificio histórico donde se conservan documentos del reparto de agua de varios siglos atrás. Revisarlos es entender que la huerta no es solo paisaje: es, sobre todo, una infraestructura colectiva muy precisa.
De torre islámica a parroquia cristiana
La parte más alta del casco urbano conserva una torre de origen medieval que durante mucho tiempo se ha relacionado con el periodo andalusí y con la posterior reorganización del territorio tras la conquista de Jaume I en el siglo XIII.
Su función era clara: vigilar el camino que conectaba Valencia con los pueblos de la huerta septentrional y controlar una llanura agrícola muy productiva. Tras la conquista cristiana, la zona pasó a manos de órdenes militares y linajes vinculados a la repoblación. La torre quedó integrada con el tiempo en el conjunto parroquial.
No es un edificio monumental, pero su posición explica bastante bien la lógica del asentamiento: desde aquí se domina buena parte de la llanura de l’Horta Nord y, en días despejados, la línea del mar aparece al fondo.
El mosaico romano bajo la expansión moderna
Durante unas obras urbanísticas en los años ochenta apareció parte de una villa romana datada entre los siglos II y IV d. C. El hallazgo obligó a replantear el proyecto y finalmente se excavó el yacimiento.
El elemento más conocido es el llamado Mosaico de las Nueve Musas, hoy protegido y presentado en un pequeño espacio interpretativo. El pavimento representa a las musas con sus atributos habituales —la tablilla, la máscara teatral, la lira— dentro de una composición geométrica bastante ordenada.
No parece una residencia aristocrática de gran lujo. Todo apunta más bien a una villa agrícola acomodada, vinculada a la producción y comercio que salía hacia la costa valenciana. El yacimiento queda muy cerca del núcleo urbano actual, recordando algo que en esta comarca es bastante habitual: bajo urbanizaciones recientes siguen apareciendo capas mucho más antiguas del territorio.
El Tos Pelat y el paisaje de la huerta
A poca distancia del casco urbano se levanta el Tos Pelat, una pequeña elevación que rompe la horizontalidad de la huerta. En sus alrededores se han encontrado restos arqueológicos que indican ocupación desde la Edad del Bronce.
La subida no es larga y desde arriba se entiende bien la estructura del paisaje: parcelas estrechas, caminos de servicio, acequias que dibujan líneas casi paralelas. El nombre parece aludir a un cerro despejado de vegetación arbórea —algo bastante lógico en un entorno intensamente cultivado—.
La zona también se relaciona históricamente con el linaje de los Moncada, una familia nobiliaria documentada desde la Edad Media y con presencia destacada en la historia de la Corona de Aragón. Como ocurre a menudo, el apellido y el territorio terminaron mezclándose en la memoria histórica del lugar.
Qué se come por aquí
En Moncada la cocina sigue muy vinculada a la huerta. No es raro encontrar arroces con caracoles recogidos en los márgenes de los campos o cocas saladas donde el tomate manda claramente.
El arroz al horno aparece con frecuencia en los menús de mediodía y la horchata llega de las localidades vecinas de l’Horta Nord, donde el cultivo de chufa sigue teniendo peso. Lo más sensato suele ser entrar en un bar del centro y preguntar qué se ha hecho ese día.
Un último consejo
Moncada se entiende mejor caminando sin prisa entre el casco urbano y los caminos de huerta que aún sobreviven alrededor. El mercado semanal sigue siendo uno de los momentos en que esa relación con el campo se hace más visible.
Si te interesa la parte histórica, conviene informarse antes sobre las visitas al espacio del mosaico romano, porque los horarios suelen variar. El resto se recorre con calma: la torre, las acequias, los caminos que todavía recuerdan que este lugar nació, ante todo, del agua.