Artículo completo
sobre Museros
Pueblo de la huerta con la histórica Masía de San Onofre y tradición taurina
Ocultar artículo Leer artículo completo
El olor de la naranja en flor suele llegar antes que el propio pueblo. Cruzas la V‑21, dejas atrás el último chalé de Valencia y enseguida aparecen los caminos de tierra entre bancales, casas bajas con porxets y la torre de la iglesia asomando entre palmeras. Museros pertenece de lleno a ese paisaje de l’Horta Nord donde la huerta todavía estructura el territorio. No es un lugar de postal: se entiende mejor caminándolo despacio, siguiendo acequias y calles que nacieron mucho antes de que Valencia quedara tan cerca.
De un origen agrícola a la parroquia actual
El nombre del pueblo suele relacionarse con una familia musulmana —los Muzas— que habría cultivado estas tierras antes de la conquista cristiana del siglo XIII. Tras la entrada de Jaime I, el territorio pasó a manos de la Orden de Santiago y se organizó como pequeña comunidad agrícola de regadío vinculada a la séquia de Montcada, una de las arterias históricas de la huerta valenciana.
Los documentos medievales hablan de repartos de tierra y obligaciones agrícolas bastante precisas: parcelas de regadío, tributos en especie y un calendario marcado por el agua. La estructura básica del pueblo nació entonces y, con cambios, ha llegado hasta hoy.
Durante la Edad Moderna existió aquí un convento dominico dedicado a San Onofre. Se suele mencionar porque uno de sus priores fue san Luis Bertrán, figura muy vinculada a Valencia. El convento desapareció con el tiempo, pero el recuerdo quedó en el callejero y en algunas piezas religiosas conservadas en la parroquia.
La iglesia parroquial actual es del siglo XVIII. Su tamaño sorprende si se piensa en el Museros de entonces, que era un núcleo pequeño de agricultores. Parte del templo se levantó sobre el solar donde había una fortificación anterior, probablemente de origen islámico. Con el paso del tiempo esa estructura se perdió; algunas piedras se reutilizaron en edificios municipales y en construcciones cercanas, algo bastante habitual en los pueblos de la huerta.
Caminos de agua y casas de huerta
El trazado del casco antiguo sigue bastante ligado a la lógica de la huerta. Calles que giran sin demasiada geometría, pequeños caminos que continúan hacia los campos y acequias que todavía marcan los límites entre parcelas.
Las casas tradicionales suelen ser de una o dos alturas, con fachada estrecha y patio o corral en la parte trasera. Los porxets de madera —a veces apenas un alero profundo— servían para guardar herramientas, carros o parte de la cosecha. Muchos miran al sur, buscando el sol de invierno.
Cerca de algunas acequias aún se ven antiguos llavadors de piedra. Durante décadas fueron lugares de trabajo cotidiano y también de conversación. Hoy la mayoría han perdido su función, aunque algunos se han restaurado como pequeño recuerdo de esa vida ligada al agua.
El término municipal continúa ocupado en gran parte por huerta. Predominan los cítricos, aunque todavía aparecen parcelas con hortalizas. A pesar de la proximidad con Valencia y del crecimiento residencial de las últimas décadas, el paisaje agrícola sigue muy presente alrededor del núcleo urbano.
Juan Bautista Muñoz y la memoria ilustrada
Museros también aparece en la historia intelectual del siglo XVIII por el nacimiento de Juan Bautista Muñoz. Fue uno de los primeros historiadores que trabajó de forma sistemática con documentos de archivo para estudiar la expansión española en América.
Llegó a ser cronista mayor de Indias y participó en la organización de los fondos documentales que más tarde formarían el Archivo General de Indias en Sevilla. Su obra más conocida, Historia del Nuevo Mundo, se publicó a finales del siglo XVIII.
La casa donde nació se mantiene en el casco antiguo, con una placa conmemorativa colocada a mediados del siglo XX. No siempre llama la atención del visitante, pero recuerda que incluso en pueblos pequeños de la huerta surgieron figuras conectadas con debates mucho más amplios de la época.
Fiestas a lo largo del año
Como en muchos municipios del entorno de Valencia, las Fallas tienen presencia en marzo. Las comisiones del pueblo plantan sus monumentos en distintas plazas y calles, con un ambiente más vecinal que el de la capital.
La Semana Santa se vive sobre todo dentro del propio municipio, con procesiones acompañadas por la banda de música local y por las cofradías del pueblo.
Las fiestas mayores suelen celebrarse en agosto, alrededor de San Roque y la Virgen de la Asunción. El programa cambia según el año, pero mantiene algunos elementos bastante arraigados: actos religiosos, comidas populares, música por la noche y la llamada entrà de la murta, cuando los vecinos decoran balcones y portales con ramas de mirto, una costumbre antigua en varios pueblos de la huerta.
Cómo acercarse y recorrerlo
Museros está a pocos kilómetros al norte de Valencia y se llega fácilmente por carretera desde la V‑21. También tiene conexión con transporte público metropolitano, con autobuses que enlazan con la ciudad.
El casco urbano se recorre rápido; lo interesante es salir a pie por alguno de los caminos que bordean el pueblo y entender cómo la red de acequias organiza todo el paisaje. Conviene llevar calzado cómodo si se piensa caminar por la huerta, sobre todo después de lluvias.
En temporada de cosecha es habitual encontrar venta directa de cítricos en cooperativas agrícolas o en pequeños puntos de venta vinculados a los propios campos. Es la forma más sencilla de llevarse algo del paisaje que todavía define a Museros.