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sobre Alaquàs
Ciudad del área metropolitana de Valencia destacada por su imponente castillo renacentista y vida cultural
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Hablar de turismo en Alaquàs obliga a mirar primero su contexto: un municipio de l’Horta Sud pegado físicamente a València y marcado por la huerta que durante siglos sostuvo la economía de toda la llanura. Hoy el continuo urbano del área metropolitana lo envuelve casi todo, pero todavía quedan franjas de cultivo y, sobre todo, la red de acequias que explica por qué el asentamiento nació aquí y no unos cientos de metros más allá.
A unos siete kilómetros del centro de València, Alaquàs ha crecido rápido desde mediados del siglo XX. Aun así, el núcleo histórico sigue siendo reconocible y gira alrededor de un edificio que define la historia local: el castillo‑palacio renacentista.
El castillo que marca el centro del pueblo
El nombre árabe que suele asociarse a Alaquàs se interpreta a menudo como “el arco”, aunque la etimología no está del todo clara. Lo que sí es evidente es que el lugar ocupaba una posición útil dentro de la red de caminos de la huerta valenciana.
El edificio que concentra la atención es el castillo‑palacio de Alaquàs, levantado en el siglo XVI como residencia señorial fortificada. No responde al modelo de castillo medieval que uno imagina con torres y murallas extensas. Es más bien una casa fuerte de planta cuadrada, organizada alrededor de un patio, con torres en las esquinas y elementos defensivos discretos.
Su historia es larga y bastante práctica: residencia nobiliaria durante siglos, después distintos usos administrativos y educativos, y desde comienzos del siglo XXI equipamiento cultural y biblioteca pública. La intervención que permitió recuperarlo respetó buena parte de la estructura renacentista, especialmente el patio porticado y la escalera interior.
Hoy funciona como espacio vivo del municipio. Más que un monumento aislado, es el punto alrededor del cual se articula buena parte de la actividad cultural local.
La huerta alrededor del casco urbano
Aunque Alaquàs supera los treinta mil habitantes y tiene una densidad urbana considerable, todavía conserva tramos de huerta en su perímetro. Es la misma llanura agrícola que caracteriza a toda l’Horta de València.
Lo interesante aquí no es tanto el paisaje —cada vez más fragmentado— como el sistema de riego tradicional. Varias acequias históricas atraviesan el término municipal y siguen distribuyendo el agua según turnos que, en muchos casos, se transmiten de generación en generación. Algunas reciben nombres antiguos vinculados al día en que se abrían sus compuertas o a los caminos que seguían.
Caminar por estos márgenes permite entender cómo funcionaba la huerta antes de la expansión urbana: parcelas estrechas, caminos de tierra entre campos y pequeños elementos hidráulicos que regulan el paso del agua. No es un recorrido monumental, pero sí bastante revelador de la organización histórica del territorio.
La iglesia y el antiguo convento
La iglesia de Santa María del Olivar se levanta donde en el siglo XVI se estableció un convento de la orden de los Mínimos. La fundación se sitúa en la primera mitad de ese siglo, cuando varias familias nobles promovieron instituciones religiosas en la huerta valenciana.
El convento desapareció tras las desamortizaciones del siglo XIX y hoy lo que permanece es la iglesia parroquial. El interior responde en gran parte a reformas posteriores, con un retablo mayor de estilo neoclásico bastante sobrio. Se conserva, según suele señalarse en la tradición local, una imagen más antigua de la Virgen vinculada a las celebraciones del pueblo.
El entorno de la iglesia forma uno de los pocos espacios donde todavía se percibe el trazado histórico de Alaquàs, antes del crecimiento urbano del siglo pasado.
Tradición agrícola y cocina doméstica
La cocina local sigue ligada a lo que da la huerta. Las cocas saladas —con tomate, verduras o pescado en conserva— forman parte del recetario habitual en casas y hornos del área valenciana, también aquí.
En las reuniones familiares o festivas aparece la paella en versiones que combinan carne y verduras de temporada. Como ocurre en muchos pueblos de la huerta, cada casa tiene su manera de hacerla y no hay una única fórmula que todos reconozcan como propia del municipio.
Más que una cocina singular, lo que se percibe es continuidad con la tradición culinaria de la llanura valenciana.
Cómo acercarse y cuándo pasar
Alaquàs está integrada en el área metropolitana de València y se llega fácilmente por carretera desde la capital. También hay conexión por tren de cercanías en la línea que atraviesa l’Horta Sud.
El castillo‑palacio suele abrir como equipamiento cultural y biblioteca municipal, aunque los horarios pueden variar según la programación. Conviene consultarlos antes de ir.
El pueblo cobra más movimiento durante las fiestas locales y las celebraciones tradicionales, que normalmente concentran actos en torno al castillo y las plazas cercanas. Fuera de esos momentos, la visita es tranquila y se recorre en poco tiempo. Si se quiere entender mejor el lugar, merece la pena dedicar un rato a caminar hacia los bordes del municipio, donde todavía aparecen los restos de la huerta histórica.