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sobre Benetússer
Municipio densamente poblado con tradición fallera y una Semana Santa de interés turístico
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A primera hora de la mañana, cuando el tren de cercanías acaba de vaciarse en el andén, algunos vecinos caminan hacia Benetússer con el gesto todavía medio dormido. Las aceras suelen estar húmedas porque alguien ha regado los geranios antes de salir de casa. El aire mezcla olor a pan recién hecho con ese fondo de tierra removida que todavía llega desde la huerta. En el mapa, el turismo en Benetússer parece extraño: Valencia está a pocos kilómetros, casi pegada. Pero aquí aún se oyen gallos en algún corral y el ritmo de la calle no tiene nada que ver con el de la capital.
La hora en que despierta la huerta
Por la calle Mayor, los toldos se levantan despacio. Las mesas de fuera están frías y dentro ya hay alguien con un café amb llet y el periódico abierto. Las casas bajas —algunas con azulejos antiguos en la fachada y rejas de hierro pesado— conservan ese naranja algo oxidado que aparece en muchos pueblos de l’Horta. En alguna ventana cuelga una toalla que se seca al sol de invierno.
Benetússer nunca ha tenido aspecto de postal. No hay cuestas empedradas ni balcones de película. Lo que sí hay es una luz muy horizontal que entra entre los edificios y dibuja rectángulos claros en el asfalto, sobre los pasos de cebra o las persianas metálicas todavía cerradas.
La huerta empieza casi donde termina el asfalto. Entre bloques de los años setenta y naves del polígono, quedan parcelas de tierra oscura donde todavía se ven naranjos, cebollas o chufa según la temporada. A veces aparece algún vecino mayor con una azada o un cubo de plástico, regando sin prisa. Aquí el tiempo sigue teniendo algo de calendario agrícola.
La iglesia de Sant Nicolau de Bari
La iglesia parroquial no tiene ambiente de monumento visitado. Es un edificio muy integrado en la vida diaria del pueblo. A determinadas horas se abre y entra gente que viene a encender una vela o a sentarse un rato en silencio. El interior huele a cera y a madera vieja; las bancas están gastadas en los bordes, como suele pasar en las iglesias que se usan de verdad.
En una de las paredes laterales hay una imagen de la Virgen de los Desamparados con la pintura algo cuarteada. A veces alguien deja flores frescas delante. No hay carteles ni explicaciones largas: las cosas aquí se entienden porque forman parte de la rutina.
Cerca está el cementerio municipal, pequeño y muy cuidado. Al pasear entre los nichos se repiten muchos apellidos que también aparecen en buzones y portales del pueblo. Esa continuidad se nota mucho en lugares así.
Cuando el pueblo se llena de pólvora
En marzo todo cambia con las Fallas. Desde temprano empiezan a oírse petardos y el olor a pólvora se queda flotando entre las calles. Algunas casas bajan las persianas de madera durante esos días para proteger los cristales.
Las comisiones falleras pasan meses preparando el monumento. Muchas veces los ninots representan escenas del propio pueblo: vecinos reconocibles, pequeñas bromas sobre la vida diaria o sobre lo que ha pasado ese año. La noche de la cremà el humo se mezcla con el perfume del azahar si los naranjos ya están en flor.
Durante esos días Benetússer deja de ser un municipio tranquilo pegado a Valencia. Vuelve gente que vive fuera, se alargan las sobremesas y las calles se llenan de conversaciones en valenciano mezcladas con historias de familia. De madrugada todavía hay gente buscando algo caliente para acompañar el chocolate espeso que suele aparecer en estas fiestas.
Comer como se come aquí
Sentarse a comer en Benetússer se parece bastante a lo que pasa en muchas casas de l’Horta. Raciones sencillas, platos que llenan y poco adorno. En las barras aparecen croquetas de jamón con el interior muy cremoso, tortillas gruesas y pan que cruje al partirlo.
Al mediodía, mucha gente que trabaja en los polígonos cercanos entra a comer el menú del día. Ensaladas, sopa de fideos, arroz, bacalao con pimientos, conejo con tomate… cocina de diario, sin vueltas raras. De postre a veces hay horchata o fruta. Las conversaciones suelen acabar girando alrededor de la cosecha de cítricos, del tiempo o de la factura de la luz.
Cómo llegar y cuándo acercarse
Benetússer está dentro del área metropolitana de Valencia y se puede llegar fácilmente en tren de cercanías o en coche. La distancia es corta, pero conviene tener en cuenta que aparcar por el centro no siempre resulta sencillo: las calles son estrechas y muchos vecinos usan garaje.
Si vienes durante las Fallas, lo más práctico suele ser moverse en transporte público o llegar caminando desde estaciones cercanas. El pueblo se llena bastante y algunas calles quedan cortadas.
En pleno verano, sobre todo a las horas centrales del día, el ambiente cambia mucho. Muchas persianas están bajadas y el calor cae de plano sobre el asfalto. En cambio, a principios de otoño el ritmo es otro: las tardes se alargan, el aire trae olor de los campos cercanos y las terrazas vuelven a llenarse con esa luz suave que se queda pegada a las fachadas hasta que anochece.