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sobre Picassent
Extenso municipio con muchas urbanizaciones y tradición agrícola y cantera
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Picassent se sitúa en el borde sur del área metropolitana de Valencia, en un punto donde la huerta empieza a abrirse hacia terrenos más secos y ondulados. Con más de veinte mil habitantes y un término municipal amplio para la comarca —suele citarse como uno de los mayores de l’Horta Sud—, el municipio combina dos paisajes que en esta parte de la provincia conviven muy cerca: las tierras de cultivo ligadas al regadío histórico y, hacia el interior, las primeras elevaciones de la sierra.
El viernes por la mañana, el mercado semanal sigue siendo un buen termómetro de la vida local. No funciona como reclamo turístico sino como punto de encuentro para vecinos de Picassent y de pedanías cercanas. Entre puestos de fruta, verdura o ropa se percibe todavía el peso que la agricultura ha tenido aquí durante siglos.
Entre la huerta y las primeras sierras
A unos diecisiete kilómetros de Valencia, Picassent queda en una posición intermedia entre la llanura agrícola próxima a la Albufera y las elevaciones calcáreas que anuncian el interior. En esa transición aparecen campos de cítricos, antiguas parcelas de arroz y, más arriba, zonas de monte bajo y pinar.
El origen del asentamiento suele relacionarse con una alquería de época islámica que aprovechaba las aguas del barranco del Magre y de acequias vinculadas al sistema de riego de la huerta valenciana. Tras la conquista cristiana del siglo XIII, el lugar pasó a manos señoriales. Durante siglos dependió del marquesado de Dos Aguas, una situación común en muchos pueblos de la huerta hasta la desaparición del régimen señorial en el siglo XIX.
Sobre el nombre del municipio circulan varias explicaciones populares. Una de las más repetidas habla de “cent piques”, las lanzas o picas que un señor feudal debía aportar para la defensa del territorio. No está claro que esa etimología sea correcta, pero la historia se sigue contando en el pueblo.
La Torre d’Espioca
A unos dos kilómetros del casco urbano se levanta la Torre d’Espioca, probablemente el elemento histórico más reconocible del término. Es una torre cilíndrica de origen andalusí que formaba parte de la red de vigilancia del entorno de Valencia.
Su función era controlar los caminos que atravesaban esta franja de huerta hacia el interior. Desde la distancia se entiende bien su posición: domina una llanura amplia donde cualquier movimiento habría sido visible. La estructura que se conserva hoy es de mampostería y piedra, bastante sobria, y ha llegado hasta nosotros sin algunos de los elementos superiores originales.
El acceso suele hacerse a pie por caminos agrícolas que atraviesan campos de cultivo. La torre no siempre se puede visitar por dentro, pero incluso desde el exterior se aprecia bien su escala y su papel dentro del paisaje.
La iglesia de San Cristóbal
En el centro del pueblo se encuentra la iglesia parroquial de San Cristóbal, levantada en el siglo XVIII sobre un templo anterior. La fachada responde a un lenguaje neoclásico bastante contenido, similar al que se extendió por muchas localidades de la huerta en esa época.
El interior es sencillo. Más que grandes obras artísticas, interesa como espacio que ha organizado la vida religiosa del municipio durante generaciones. La imagen de San Cristóbal que participa en las celebraciones patronales sigue teniendo mucha presencia en la memoria colectiva del pueblo.
Cocina doméstica y hornos
En las casas de Picassent, como en buena parte de la provincia de Valencia, el arroz aparece en muchas formas. El arroz al horno sigue siendo uno de los platos más asociados a las comidas familiares de fin de semana. Se prepara en cazuela ancha, con embutido, garbanzos, patata y a veces trozos de carne de cerdo. Cada casa ajusta cantidades y acompañamientos.
En la repostería tradicional aparece con frecuencia la coca de llanda, un bizcocho sencillo elaborado con aceite, azúcar y un toque de anís. Durante mucho tiempo estas preparaciones estaban vinculadas al uso del horno del barrio o del pueblo, cuando se aprovechaba el calor después de la cocción del pan.
Fiestas y vida local
Las celebraciones principales del municipio se concentran en agosto en torno a San Cristóbal y la Virgen del Olivar, considerada patrona de Picassent desde hace siglos. Durante esos días regresan muchos vecinos que viven fuera y el centro del pueblo concentra procesiones, actos musicales y actividades populares.
Como en otras localidades de la Comunidad Valenciana, en marzo también se celebran Fallas, aunque a una escala muy distinta de la capital. Aquí el ambiente suele ser más de barrio, con monumentos levantados por las comisiones locales y actos concentrados en las plazas del municipio.
Cómo llegar y orientarse
Picassent cuenta con estación de Cercanías en la línea C1 que conecta con Valencia y con otras poblaciones de la costa. El trayecto desde la ciudad es corto y permite llegar sin coche.
Por carretera, el acceso habitual se hace desde la A‑7 y la CV‑405. El casco urbano se recorre caminando sin dificultad, mientras que para acercarse a la Torre d’Espioca o a las zonas de sierra conviene disponer de coche o bicicleta.
El mercado semanal suele celebrarse los viernes por la mañana en el centro del pueblo, uno de los momentos más animados para ver cómo funciona la vida cotidiana de Picassent más allá de las rutas rápidas desde Valencia.