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sobre Sedaví
Municipio comercial e industrial pegado a Valencia con acceso a la Albufera
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El tren de cercanías deja ver Sedaví antes de llegar: filas de casas bajas y bloques que se aprietan contra lo que queda de la huerta. No hay relieve que ordene el crecimiento, así que el municipio se ha ido estirando hacia Valencia y hacia los pueblos vecinos de l’Horta Sud. Sedaví forma parte de esa continuidad urbana que rodea la capital, pero su origen es mucho más antiguo: una pequeña alquería andalusí —citada en documentos medievales con formas parecidas a Beniçidavi— que pasó a manos cristianas tras la conquista de Jaime I en el siglo XIII.
De alquería de huerta a municipio
Durante siglos el paisaje apenas cambió: campos de regadío organizados por acequias, casas dispersas y una economía ligada a la huerta. Como ocurrió en buena parte de l’Horta de Valencia, la población musulmana siguió trabajando la tierra tras la conquista, aunque bajo nuevos señores.
La expulsión de los moriscos a comienzos del siglo XVII afectó a toda la comarca y debió de notarse también aquí, donde la agricultura dependía de mucha mano de obra. La recuperación fue lenta. La actual iglesia parroquial, iniciada en el siglo XVI y reformada en distintas épocas, refleja bien ese crecimiento irregular: partes del edificio parecen responder a momentos distintos de obra. La devoción a la Virgen del Rosario, muy arraigada en el pueblo, se mantiene en las celebraciones de octubre.
El ferrocarril y el crecimiento hacia Valencia
La llegada del ferrocarril en el siglo XIX cambió la lógica del lugar. Sedaví dejó de ser solo una población de huerta y empezó a integrarse en la órbita directa de Valencia. Alrededor de la estación fueron apareciendo calles más regulares y viviendas de dos alturas con balcones de hierro y fachadas sencillas de ladrillo o revoco.
Ese ensanche modesto convive hoy con construcciones posteriores, sobre todo de la segunda mitad del siglo XX, cuando buena parte de l’Horta Sud creció al ritmo de la industria y de los desplazamientos diarios a la capital. Si se camina sin prisa por las calles cercanas a la vía todavía se reconocen algunas casas antiguas con zócalos cerámicos y rejas trabajadas.
Un palacete inesperado entre edificios
Entre las calles del centro aparece un edificio que descoloca un poco el entorno: un palacete asociado históricamente al marquesado de Jura Real. La construcción, levantada en el siglo XVIII y transformada después, tiene una fachada más ambiciosa de lo que uno espera en un municipio de origen agrícola: balcones alineados, escudo nobiliario y una portada de cierta monumentalidad.
Durante el siglo XX tuvo usos diversos —institucionales y agrícolas, según recuerdan vecinos mayores—. Hoy el interior no suele visitarse, pero la fachada basta para entender que algunas familias acomodadas eligieron Sedaví como residencia ligada a las tierras de huerta.
La huerta que todavía rodea el municipio
Aunque el continuo urbano con Valencia y los municipios vecinos es evidente, alrededor de Sedaví aún sobreviven parcelas de regadío. Son campos pequeños, encajados entre carreteras, acequias y caminos agrícolas. En ellos se siguen viendo naranjos y cultivos de temporada.
El riego depende del histórico sistema de acequias de la huerta valenciana, que distribuye el agua por gravedad. A determinadas horas todavía se ve a agricultores —muchos ya jubilados o con pequeñas explotaciones familiares— abrir compuertas y dirigir el agua hacia los bancales.
No hay rutas señalizadas. Basta con alejarse unas calles del centro y seguir alguno de los caminos agrícolas que salen hacia los márgenes del término. A última hora de la tarde, cuando baja el sol sobre la llanura de l’Horta Sud, se entiende mejor cómo debió de ser el paisaje antes de que los polígonos y las avenidas ocuparan gran parte del terreno.
Cómo llegar y orientarse
Sedaví está muy cerca de Valencia y forma parte de su área metropolitana. Se puede llegar en tren de cercanías o por carretera en pocos minutos desde la capital. El municipio se recorre a pie sin dificultad.
Para acercarse a las zonas de huerta conviene llevar calzado cómodo: muchos caminos son de tierra y siguen utilizándose para el trabajo agrícola. Caminar sin prisa por las calles cercanas al centro permite reconocer las distintas capas del pueblo: la alquería original, el crecimiento ligado al tren y la expansión más reciente de la comarca.