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sobre Godelleta
Conocida por su producción de moscatel y sus urbanizaciones de segunda residencia
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El viernes, cuando el mercado ocupa la plaza, el centro de Godelleta huele a romero recién cortado y a embutido colgado en las carnicerías de la calle Mayor. El turismo en Godelleta empieza muchas veces ahí, en esa escena cotidiana. El pueblo tuvo que recomponerse más de una vez. Tras la expulsión de los moriscos en 1609 quedó prácticamente vacío y al año siguiente llegaron familias procedentes de Alcublas. Con ellas llegó también una forma de hablar castellano que todavía se reconoce en la entonación local, más cercana al interior que a la costa valenciana.
La torre que no fue castillo
La llamada Torre Árabe no fue un castillo. Es una torre de vigilancia, levantada en época andalusí para controlar el paso hacia Valencia por el interior. Está construida con tapial y mampostería y supera con claridad las casas cercanas. Desde ese punto se domina buena parte del término: secanos, parcelas de viña y el casco urbano extendido alrededor.
Durante años se ha repetido que bajo la torre existían galerías que comunicaban con el antiguo núcleo del pueblo, quizá con la zona donde estuvo la mezquita. Hoy no se pueden ver; están cerradas y no hay estudios concluyentes. Pero la historia circula entre los vecinos desde hace generaciones.
Una iglesia levantada con paciencia
La iglesia de San Pedro Apóstol empezó a construirse en el siglo XIX y tardó décadas en terminarse. En ese tiempo el país atravesó conflictos y crisis que afectaron también a pueblos pequeños como este. El resultado es un templo neoclásico sobrio, sin grandes alardes arquitectónicos.
El interior guarda algunas reliquias atribuidas a san Pedro y san Pablo. No siempre está claro cuándo llegaron al pueblo ni por qué vía. Lo que sí permanece es la tradición de sacarlas en la festividad de finales de junio, cuando la plaza vuelve a llenarse de música y gente.
El telégrafo en lo alto del cerro
En el Alto de la Torre quedan los restos de una estación de telégrafo óptico del siglo XIX. Formaba parte de la línea que comunicaba Valencia con el interior peninsular mediante señales visuales. Hoy solo queda la estructura de piedra, pero el lugar ayuda a entender la posición estratégica del pueblo.
Desde allí el valle se abre en todas direcciones. Los barrancos bajan hacia zonas de cultivo y el viento corre sin obstáculos. En los días claros se percibe bien por qué este punto sirvió primero como atalaya y después como estación de comunicaciones.
Cuando el agua marcaba el ritmo del campo
La Senda del Agua sigue el barranco del Gallet hasta un pequeño azud. Son unos cuatro kilómetros de recorrido sencillo. Durante buena parte del año el cauce apenas lleva agua, pero aún se reconocen los muros de piedra seca que guiaban el riego hacia los huertos.
El camino atraviesa vegetación baja de secano: romero, tomillo, algo de espliego. En primavera se escuchan muchas abejas trabajando en los márgenes. Más que un sendero llamativo, es un recorrido que explica cómo se organizaba el agua en un paisaje donde siempre fue un recurso escaso.
Llegar y moverse por el pueblo
Godelleta se encuentra en la Hoya de Buñol, a menos de una hora en coche desde Valencia por la A‑3 y las carreteras comarcales que entran en el valle. El centro se recorre andando sin dificultad. Las calles principales se concentran alrededor de la plaza y de la iglesia.
Si se quiere caminar por los alrededores conviene llevar agua, sobre todo cuando aprieta el calor. El paisaje es de secano y las sombras no abundan fuera del casco urbano. Los viernes por la mañana el mercado sigue siendo el mejor momento para ver el pueblo con movimiento.