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sobre La Romana
Pueblo agrícola y de canteras; entorno rural con pinadas y viñedos
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El turismo en La Romana pasa por entender primero dónde está uno. El municipio se sitúa en el Vinalopó Mitjà, en un valle interior del sur de Alicante donde el paisaje agrícola y las canteras han marcado el ritmo durante generaciones. La Romana aparece junto a la carretera con casas bajas, algunas alineadas sin demasiada ceremonia, y la torre de la iglesia dominando el perfil. No hay costa cerca ni grandes monumentos que expliquen su existencia. Lo que sostiene al pueblo es algo más antiguo: la agricultura de secano y la piedra que sale del subsuelo.
El día que Novelda perdió un pedazo
Hasta 1929, los vecinos de La Romana dependían administrativamente de Novelda. Trámites básicos —un nacimiento, una escritura, cualquier gestión municipal— obligaban a desplazarse allí. La segregación llegó entrado el siglo XX, cuando el núcleo ya tenía suficiente entidad para sostener su propio ayuntamiento.
No era un lugar nuevo. A finales del XVIII, Antonio José Cavanilles mencionaba en sus recorridos por el Reino de Valencia varios caseríos y explotaciones agrícolas en esta zona. El territorio estaba organizado en torno a partidas rurales, con viñedo, olivo y almendro. Con el tiempo, a esa economía se sumó la extracción de piedra.
El mármol del Vinalopó forma parte del paisaje. Las canteras abiertas en los alrededores del término han alimentado durante décadas la industria comarcal de la piedra natural. En muchas casas antiguas del pueblo todavía se ven muros levantados con bloques irregulares del mismo material. La piedra más fina se vendía; la que no servía para grandes piezas terminaba en las construcciones locales.
La Carrasca de La Romana
En una pequeña elevación conocida como La Muela, a las afueras del casco urbano, crece la Carrasca de La Romana. Es una de las encinas de mayor tamaño que se conservan en esta parte de la provincia, algo poco habitual en un territorio donde el bosque mediterráneo retrocedió hace siglos ante los cultivos de secano.
No es fácil precisar su edad con exactitud, pero los vecinos la consideran un árbol muy antiguo y la referencia natural más reconocible del término. Su copa amplia proyecta sombra sobre un claro donde hoy hay algunas mesas de piedra y una pequeña área de descanso bastante sencilla.
El lugar sigue teniendo algo de punto de encuentro rural. Tradicionalmente los agricultores se reunían por esta zona cuando tocaba organizar faenas del campo o repartir turnos de trabajo en determinadas épocas del año. Hoy se utiliza más bien como lugar tranquilo donde parar un rato. No hay grandes paneles explicativos ni instalaciones elaboradas; el protagonismo lo tiene el propio árbol.
El vino de la cooperativa
La agricultura sigue siendo visible alrededor del pueblo. El viñedo ocupa muchas de las parcelas que rodean el término, junto con olivo y almendro. Buena parte de la uva acaba en la cooperativa local, creada en el siglo XX cuando los pequeños propietarios empezaron a organizarse para comercializar el vino de manera conjunta.
La producción es modesta y muy ligada al consumo cercano. Son vinos sencillos, pensados más para la mesa diaria que para competir en ferias o concursos. Durante la vendimia, que suele celebrarse a finales del verano, el pueblo organiza actos populares relacionados con el vino y la cosecha. El ambiente recuerda más a una fiesta vecinal que a un evento pensado para atraer visitantes.
La iglesia de San Pedro
La iglesia parroquial de San Pedro ocupa el punto más alto del casco urbano. El edificio actual se levantó en el siglo XVIII sobre una construcción anterior y se fue reformando con el tiempo, especialmente después de que La Romana se convirtiera en municipio independiente.
La arquitectura es sobria. La fachada utiliza piedra de la zona y el conjunto no busca grandes efectos ornamentales. El campanario, rematado en ladrillo, introduce un contraste visible sobre el resto del volumen. Desde el entorno de la iglesia se entiende bien la geografía del término: campos en terrazas, manchas de viñedo y, en la distancia, las zonas blancas de las canteras.
En el interior se conserva un retablo de estilo neoclásico de autor desconocido y varias imágenes de devoción popular que salen en procesión durante las fiestas locales. Es una iglesia de escala modesta, acorde con el tamaño del pueblo.
Cómo llegar y qué hacer cuando estés ahí
La Romana se encuentra en el interior de la provincia de Alicante, en el eje que conecta Novelda, Monóvar y otras localidades del Vinalopó Mitjà. Se llega por carretera comarcal desde la autovía A‑31 y desde varios municipios cercanos.
El casco urbano se recorre rápido. Las calles son bastante rectas y las viviendas, en su mayoría de dos alturas, responden al modelo de pueblo agrícola del sureste. En los alrededores hay caminos rurales que atraviesan viñedos y campos de olivo, útiles para caminar o recorrer la zona con calma.
Si te interesa la actividad de la piedra, desde algunas carreteras del término se alcanzan a ver los frentes de cantera a cielo abierto, muy visibles por el color claro de la roca. No son espacios visitables, pero ayudan a entender por qué esta industria ha sido tan importante en toda la comarca.
Muchos visitantes terminan alojándose en municipios cercanos, donde la oferta es mayor. La Romana funciona más bien como una parada tranquila para entender cómo se organiza la vida en un pueblo del interior del Vinalopó: agricultura, cooperativa, piedra y un paisaje seco que marca el ritmo de todo lo demás.