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sobre Penàguila
Pueblo con encanto medieval; famoso por el Jardín de Santos y la alineación solar del Arco de Santa Lucía
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Hay pueblos a los que llegas casi por accidente. Vas conduciendo por carreteras con curvas, mirando bancales y monte bajo, y de repente aparece uno en lo alto. Turismo en Penàguila es un poco eso: un alto en el camino en el interior de L’Alcoià, un municipio muy pequeño, con algo más de 300 vecinos, donde todo se mueve despacio.
La primera impresión suele ser el silencio. No el silencio dramático de postal, sino el normal de un pueblo donde apenas pasan coches. Pasos sobre piedra, alguna persiana que se abre, y poco más.
Las calles suben y bajan casi todo el tiempo. Si vienes de ciudad, a los diez minutos ya notas las cuestas en las piernas.
El casco antiguo, cuesta arriba
El centro de Penàguila se recorre rápido, pero conviene hacerlo sin prisa. Las calles son estrechas y algo irregulares, como suele pasar en pueblos que crecieron sin demasiado plan previo.
Subiendo hacia la parte alta aparece la iglesia de San Miguel Arcángel. El edificio que se ve hoy es resultado de varias reformas hechas a lo largo de los siglos, algo bastante habitual por esta zona. No es una iglesia monumental, pero sí marca el perfil del pueblo cuando lo miras desde fuera.
Desde algunas esquinas se abre el paisaje. Lomas, campos y, cuando el día está claro, la sierra recortando el fondo. Ese momento de asomarte y ver todo el valle suele ser lo que más recuerda la gente.
El castillo y lo que queda de las murallas
En lo alto están los restos del castillo. No esperes una fortaleza restaurada ni paneles explicándolo todo. Son más bien vestigios que ayudan a imaginar la posición estratégica del lugar.
Desde aquí se entiende bien el porqué del asentamiento. Los caminos que conectaban Alcoy, Cocentaina y los pueblos del interior pasan relativamente cerca. Controlar ese punto tenía sentido hace siglos.
Hoy lo que manda son las vistas. Campos, huertos pequeños y ese mosaico de bancales que todavía define buena parte del paisaje de la zona.
El lavadero y la vida cotidiana
Bajando hacia la parte baja aparece el antiguo lavadero público. Es de esos lugares que cuentan más de la vida diaria que cualquier monumento.
Las pilas de piedra siguen allí. Durante años fueron punto de encuentro del pueblo. Mientras uno lo mira, es fácil imaginar conversaciones, cubos de agua, ropa golpeando la piedra.
No hay grandes explicaciones ni carteles. Y casi mejor así.
Pasear hacia la sierra
Alrededor del pueblo el paisaje cambia poco a poco hacia monte mediterráneo. Pinos, encinas dispersas y muchas plantas aromáticas. Cuando aprieta el sol huele a romero y tomillo.
Desde el propio casco urbano salen caminos que se acercan a fuentes y pequeñas zonas de monte. Algunos vecinos mencionan rutas hacia puntos como la Font de Mariola, aunque conviene mirar un mapa antes de lanzarse porque la señalización puede variar.
No es terreno complicado, pero sí de esos donde agradeces llevar calzado cómodo.
Cuánto tiempo dedicar a Penàguila
Penàguila es ese tipo de sitio que se recorre en una mañana tranquila. Un paseo por el casco antiguo, subir hacia el castillo, dar una vuelta por los alrededores y poco más.
¿Merece parar? Yo diría que sí, sobre todo si ya estás moviéndote por el interior de Alicante. No es un destino para llenar dos días, pero como parada corta funciona muy bien.
En un par de horas te haces una idea clara del lugar.
Cuándo ir y cómo llegar
Primavera y otoño suelen ser las épocas más agradables. El calor aquí aprieta menos que en la costa, pero las cuestas se notan cuando el sol cae fuerte. En invierno las mañanas suelen ser claras, aunque el viento puede bajar la temperatura bastante.
Para llegar desde Alicante lo normal es subir por la A‑7 en dirección Alcoy y después continuar por carreteras comarcales hacia el interior. Los últimos kilómetros tienen curvas y tramos estrechos, algo bastante típico en esta parte de la provincia.
Una vez dentro del pueblo, lo mejor es aparcar en cuanto veas un hueco y seguir a pie. En Penàguila casi todo acaba siendo cuesta arriba… o cuesta abajo. Y así se entiende mejor el sitio.