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sobre Pedralba
Pueblo agrícola junto al Turia con paisaje de huerta y secano
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Turismo en Pedralba no es un plan para todo el día. Se recorre rápido. Aparca primero y luego decide si te apetece dar una vuelta. El pueblo pasa de los tres mil vecinos y vive bastante de las huertas del Turia, sobre todo naranjos. El río queda al lado y marca el valle donde se asienta todo.
Cómo llegar y aparcar
La entrada habitual es por la CV‑35 desde la zona de Vilamarxant. Los últimos kilómetros ya van entre campos y urbanizaciones dispersas. El pueblo aparece sin mucho aviso.
Dentro no hay zona azul ni parquímetros. Se aparca en la calle si encuentras hueco. La calle Mayor suele concentrar bastante coche. Los domingos por la mañana, cuando hay mercado, la cosa se complica y a veces toca dejar el coche en la entrada y caminar unos minutos.
Qué ver en el centro
Empieza por la iglesia de la Purísima Concepción. Es grande para el tamaño del pueblo. Se levantó en el siglo XVIII sobre la antigua mezquita y el campanario procede del viejo alminar. Es lo más llamativo que hay aquí y se ve rápido.
Desde ahí baja por la calle de la Acequia. El canal pasa pegado a las casas y algunos vecinos construyeron pequeños puentes de piedra para entrar a sus portales. Es un detalle curioso del urbanismo local.
La plaza del Ayuntamiento es sencilla. Bancos, un quiosco y poco más. Sirve para sentarse un rato y orientarse. El ambiente es tranquilo incluso los fines de semana.
Subida a la Torreta
Si te apetece caminar un poco, la Torreta queda en lo alto de un cerro cercano. El sendero suele arrancar detrás del polideportivo y la subida ronda la media hora.
Arriba quedan restos de una antigua torre defensiva. Lo que compensa son las vistas del valle del Turia y del parque natural que sigue el curso del río. Conviene llevar agua porque en la subida no hay fuentes ni sombra constante.
Por aquí circula la historia del bandolero Santacruz. Forma parte del relato popular de la zona, aunque pruebas reales hay pocas.
La ermita de Luján
A unos dos kilómetros está la ermita de la Virgen de Luján. La historia tiene su gracia. A finales de los años sesenta varios vecinos que habían emigrado a Argentina trajeron una réplica de la virgen de Buenos Aires y levantaron aquí la ermita.
Se puede llegar andando por un camino que sale del barranco de la Pedrera. El paseo ronda los tres cuartos de hora. El edificio es sencillo y no siempre está abierto; depende de si alguien del pueblo se acerca.
Cuándo venir y un último consejo
Primavera y otoño son los momentos más llevaderos. En verano el calor aprieta y muchas calles tienen poca sombra. En invierno el valle a veces amanece cubierto de niebla.
El domingo por la mañana hay mercado y el centro se anima algo más. Aun así, Pedralba sigue siendo un pueblo tranquilo. No hay playa ni grandes reclamos. Tampoco restaurantes de destino; lo normal es encontrar bares de menú y vida de diario.
Si estás por Los Serranos o recorriendo el Turia, puedes parar un rato. Entra en la iglesia, pasea por la acequia y, si tienes ganas, sube a la Torreta. Luego sigue camino. En unas pocas horas ya te habrás hecho una idea del lugar.