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sobre Titaguas
Pueblo de montaña reserva Starlight y famoso por la Mojiganga
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A esa hora temprana en la calle Mayor todavía se oye el eco de los pasos. La piedra guarda el frío de la noche y las fachadas, rugosas y apagadas, empiezan a coger color cuando el sol asoma por encima de los tejados. El turismo en Titaguas suele empezar así, caminando despacio por el centro, cuando el pueblo aún no ha terminado de despertarse y solo se oye algún gorrión en los cables.
Aquí arriba las calles son estrechas y a veces se inclinan sin avisar. Las puertas antiguas conservan aldabas gastadas y algunas ventanas tienen macetas donde el romero se seca al sol. No es un casco grande. En pocos minutos lo recorres. Pero conviene hacerlo sin prisa, porque los detalles aparecen en los márgenes: un arco bajo, una pared con piedra irregular, una sombra fresca donde el aire huele a leña.
El casco alto y la iglesia
Desde la plaza, una cuesta empedrada sube hacia la iglesia parroquial de San Bartolomé. El edificio se levantó hace varios siglos, probablemente en el XVI, y sigue dominando el perfil del pueblo. La torre sirve de referencia cuando te mueves por las calles de alrededor.
A media mañana la luz entra de lado y marca las texturas de la piedra. Las rejas proyectan sombras finas sobre las paredes claras. En los portales se ven bancos pequeños donde la gente se sienta cuando baja el calor de la tarde.
Bancales alrededor del pueblo
En cuanto sales del núcleo, el paisaje cambia rápido. Aparecen los bancales sostenidos por muros de piedra seca. Algunos siguen cultivados; otros se han ido cubriendo de hierba y matorral bajo.
En marzo los almendros rompen el tono marrón del campo. En otoño el color se vuelve más apagado y el aire trae olor a hojas secas. Los pinares cercanos también se notan. Cuando el viento sopla hacia el pueblo llega ese aroma de resina que se mezcla con el humo de las chimeneas en invierno.
El camino hacia Los Chorradores
Detrás del cementerio arranca el sendero que lleva hacia Los Chorradores. Es un camino claro, entre pinos y zonas de roca. No tiene grandes desniveles, aunque el terreno es irregular en algunos tramos.
La cascada aparece al final del recorrido, escondida entre paredes húmedas donde crecen musgos y helechos. Suele llevar más agua después de épocas de lluvia. En verano el caudal puede bajar bastante, algo normal en esta parte de Los Serranos.
Conviene ir temprano si hace calor. El sendero tiene zonas de sombra, pero otras quedan bastante expuestas cuando el sol está alto.
Aves y silencio en los alrededores
Los montes cercanos se mueven más de lo que parece al principio. Entre los pinos se oyen carboneros y herrerillos durante buena parte del año. En los claros aparecen otras especies pequeñas que buscan semillas o insectos.
No hace falta equipo especial para notarlo. Basta detenerse unos minutos en los márgenes del camino. Cuando el ruido del pueblo queda atrás, el sonido más constante suele ser el del viento en las copas de los pinos.
Lo que suele aparecer en la mesa
En Titaguas todavía pesan mucho los productos de alrededor. La miel procede de colmenas repartidas por la sierra. Los embutidos tienen relación con las matanzas que se hacían en invierno, cuando el frío ayudaba a conservarlos.
El aceite de oliva sigue siendo la base de muchos platos sencillos. También aparecen almendras y nueces, sobre todo cuando llega el frío. En los días más duros del invierno, las sopas calientes y los guisos de verduras siguen teniendo su lugar en muchas casas.
Cuándo venir y cómo moverse por Titaguas
Primavera y otoño suelen ser los momentos más agradecidos para caminar por los alrededores. La luz cambia rápido sobre los bancales y el aire todavía mantiene algo de frescor.
En verano el calor aprieta en las horas centrales. Lo más sensato es salir temprano o esperar al final de la tarde, cuando las laderas empiezan a dorarse y el pueblo vuelve a llenarse de movimiento.
El invierno aquí es seco y puede engañar. Al sol se está bien, pero cuando cae la tarde la temperatura baja deprisa. Si vas a pasear por los caminos o quedarte fuera un rato, conviene llevar una capa más de ropa en la mochila.