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sobre Tuéjar
Nacimiento del río Tuéjar con el Azud como zona de baño espectacular
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A media tarde, cuando el sol cae de lado sobre la sierra, las fachadas blancas de Tuéjar devuelven una luz casi seca. En algunas calles se oye agua correr antes de verla. Sale de una fuente, gira por una acequia corta y desaparece entre muros viejos. Así empieza muchas veces el paseo por Tuéjar, en la comarca de Los Serranos: siguiendo ese sonido y dejando que el pueblo marque el ritmo.
Con algo más de mil habitantes, el municipio se apoya en una ladera suave rodeada de pinares. No es grande. En diez minutos cruzas el centro, pero si vas despacio aparecen detalles: un banco gastado junto a una puerta, el olor a leña en invierno, las persianas medio bajadas cuando llega el calor de julio.
Calles alrededor de la iglesia
La iglesia de San Juan Bautista ocupa el centro del casco urbano. Su volumen se reconoce enseguida porque el campanario asoma por encima de los tejados. El edificio actual suele situarse en el siglo XVI, aunque ha tenido reformas con el paso del tiempo.
Alrededor se enredan las calles más antiguas. Son estrechas y con cierta pendiente. Algunas casas conservan portones anchos de madera y balcones de hierro donde todavía quedan ganchos para macetas o cuerdas. Si caminas temprano, antes de que el sol entre del todo, las paredes encaladas reflejan una luz fría que hace que el silencio se note más.
Agua y fuentes dentro del pueblo
El agua aparece en varios puntos del casco urbano. Hay fuentes pequeñas, algunas con inscripciones ya gastadas, que durante mucho tiempo fueron lugares de encuentro diario.
En verano se agradecen. El aire corre poco entre las calles y el frescor alrededor de la piedra húmeda se nota enseguida. A ciertas horas se forman pequeños corrillos de vecinos que paran a hablar mientras llenan botellas o descansan un momento.
El paisaje de Los Serranos
Al salir del núcleo urbano el paisaje cambia rápido. Empiezan los pinares de carrasca y algunas manchas de rodeno. Entre los árboles todavía se distinguen bancales antiguos sostenidos por muros de piedra seca. Muchos ya no se cultivan, pero marcan la forma de la ladera.
Desde algunos puntos altos al norte del pueblo se abre la vista hacia las sierras cercanas. Los días claros dejan ver una sucesión de colinas cubiertas de pino, con algún claro donde aparecen corrales o caminos antiguos.
Caminar desde Tuéjar
Varias rutas salen directamente desde el pueblo y se adentran en el monte. Algunas siguen antiguos caminos agrícolas y otras suben hacia miradores naturales sobre el valle.
Conviene empezar temprano si vas en los meses de calor. En julio y agosto el sol aprieta pronto y hay tramos con poca sombra. En cambio, en otoño el monte cambia de olor: pino húmedo, tierra removida y hojas secas.
Por esas fechas también es habitual ver gente buscando setas en los pinares cercanos. La presencia de níscalos depende mucho de cómo venga el año de lluvias, y hay zonas donde coincide la recolección con jornadas de caza, así que conviene informarse antes de salir.
Fiestas y vida del pueblo
Las celebraciones principales giran en torno a San Juan Bautista, patrón del municipio. Suelen tener lugar hacia finales de junio y combinan actos religiosos con verbenas y reuniones en la calle.
En verano también aparecen actividades culturales organizadas por el propio ayuntamiento o por asociaciones del pueblo. Son sencillas: conciertos pequeños, encuentros vecinales o muestras de oficios que todavía se recuerdan en la comarca.
Si buscas tranquilidad, mejor evitar los días centrales de agosto. El pueblo se llena de gente que vuelve por vacaciones y el ambiente cambia bastante.
Cómo llegar y cuándo ir
Tuéjar está a algo más de una hora en coche desde la ciudad de Valencia. El último tramo discurre por carreteras comarcales que cruzan varios pueblos de Los Serranos.
La primavera y el otoño suelen ser los momentos más agradables para caminar por la zona. En invierno el aire baja frío desde la sierra, y en verano conviene moverse a primera hora del día o ya al caer la tarde, cuando la luz vuelve a suavizar las laderas que rodean el pueblo.