Artículo completo
sobre Benigembla
Municipio del Valle del Pop con arte urbano en sus fachadas; rodeado de montañas y riuraus
Ocultar artículo Leer artículo completo
El turismo en Benigembla empieza por entender dónde está uno. El pueblo se asienta en la Vall de Pop, al pie de las sierras que cierran el interior de la Marina Alta. Almendros, bancales de piedra seca y el cauce del Gorgos marcan el paisaje. También la historia: hasta comienzos del siglo XVII fue una alquería morisca. Tras la expulsión decretada por Felipe III en 1609, el lugar quedó prácticamente vacío. Poco después llegaron familias procedentes de Mallorca para repoblar el valle y volver a poner en cultivo las tierras.
El trazado que sobrevivió a la expulsión
El casco antiguo conserva bastante bien el esquema de aquellas alquerías andalusíes: calles estrechas, giros inesperados y casas apoyadas unas en otras para ganar sombra. El recorrido acaba desembocando en la plaza.
Allí se levanta la iglesia de la Purísima Concepción, levantada tras la repoblación cristiana. El edificio actual es el resultado de obras y ampliaciones a lo largo de mucho tiempo, algo habitual en pueblos pequeños donde las construcciones avanzaban según lo permitían los recursos. En el interior hay un retablo barroco tardío. Más que la decoración, interesa la posición del templo: desde el entorno de la iglesia se abre la vista hacia buena parte de la Vall de Pop.
En la misma plaza se encuentra la antigua sociedad local, durante décadas punto de reunión del pueblo. Allí se hablaba de la cosecha, del agua o de la política del momento. Ese uso social todavía se mantiene en cierta medida: es uno de los lugares donde se ve la vida cotidiana, sobre todo a la hora de las cartas o el café.
El agua que marcó la vida
Bajando por la calle Mayor se llega al río Gorgos. No es un gran cauce, pero atraviesa todo el valle y ha condicionado la agricultura tradicional. El sistema de acequias que riega los huertos tiene origen andalusí y, con reparaciones y ajustes, sigue funcionando.
El lavadero público se encuentra cerca del río. Fue restaurado hace algunos años, aunque mantiene la estructura de pilas de piedra donde durante generaciones se lavó la ropa del pueblo. Hoy es más bien un lugar de paso o de sombra en verano.
A poca distancia del casco urbano el río se encajona entre paredes de roca caliza. Los vecinos suelen referirse a esa zona como las pozas del río. Cuando el caudal lo permite, en verano se forman charcas donde la gente del valle se baña desde hace décadas. El acceso no está especialmente acondicionado y conviene ir con cuidado: hay que dejar el coche en la carretera y seguir un sendero que baja hacia el cauce.
La cocina de la sequía
La cocina local responde a lo que daba la tierra. Platos de cuchara, verduras silvestres y bastante aprovechamiento.
Uno de los guisos más conocidos en el valle es la olla con tagarninas, un cardo silvestre que se recoge en los márgenes de los campos. Suele cocinarse con garbanzos, patatas y algo de carne si la hay. También es común la coca de mollitas, hecha con pan rallado, aceite y hierbas, una preparación sencilla ligada a épocas en las que no se tiraba nada.
Los embutidos forman parte de la matanza doméstica que aún se mantiene en algunas casas del interior de la Marina Alta. Y la miel suele ser de romero o de otras plantas del monte bajo que rodea los bancales.
No abundan las tiendas especializadas. En pueblos de este tamaño lo normal es preguntar: alguien siempre conoce a quien produce miel, aceite o embutido en casa.
Cuando el pueblo despierta
En verano la población aumenta bastante. Muchas familias que viven fuera regresan durante las fiestas patronales de agosto y el pueblo cambia de ritmo durante unos días.
Se organizan verbenas, comidas populares y actos religiosos que recorren las calles del casco antiguo. La plaza se convierte en el centro de todo. No es una fiesta pensada para visitantes: es más bien el momento del año en que quienes se marcharon vuelven a casa.
El resto del calendario es tranquilo. Las celebraciones religiosas de invierno y primavera siguen celebrándose, aunque de forma más sencilla que hace décadas.
Tres caminos que merecen la pena
Desde Benigembla salen varios senderos que recorren la Vall de Pop.
La subida hacia la Peña del Altar es una de las caminatas habituales desde el pueblo. No es larga y permite ver el valle desde arriba, con los bancales de almendros extendiéndose hacia Jalón y Parcent.
La ruta del Cavall Verd es más larga y rodea la montaña que domina esta parte de la comarca. El nombre recuerda episodios de la revuelta morisca del siglo XVI que tuvieron lugar en estas sierras. El recorrido requiere algo más de tiempo y conviene hacerlo con agua suficiente.
Para un paseo corto está el camino del lavadero y las acequias. Sirve para entender cómo se distribuye el agua entre los huertos cercanos al pueblo.
Cómo llegar y cuándo venir
Benigembla se encuentra en el interior de la Marina Alta, conectado por carretera con el resto de pueblos de la Vall de Pop. El acceso más habitual es por la carretera que atraviesa el valle desde Jalón.
El transporte público es limitado, como ocurre en buena parte del interior de la comarca, así que lo normal es llegar en coche.
El valle cambia bastante según la época del año. A finales de invierno los almendros en flor cubren los bancales de blanco y rosa. En otoño el campo vuelve a moverse con la recolección. Agosto es el momento con más ambiente, aunque también el más caluroso. Durante el invierno el ritmo del pueblo es mucho más pausado.