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sobre Castell de Castells
Pueblo en el interior montañoso; destaca por el arte rupestre y el paraje de Els Arcs
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En el turismo en Castell de Castells lo primero es el coche. El centro tiene poco sitio para aparcar y las calles son estrechas. En verano la plaza de la iglesia se llena rápido. Lo habitual es dejar el coche en la entrada del pueblo o en algún ensanche del camino y subir andando. No pasa nada: todo está cerca y en diez minutos lo has cruzado.
Castell de Castells ronda los 440 habitantes y se nota. Aquí no hay grandes montajes turísticos. Casas de piedra, teja árabe y reformas bastante discretas. El ritmo es el de un pueblo pequeño de interior. En octubre celebran las fiestas de la Virgen del Rosario con procesiones y actos tradicionales. En enero suele hacerse la fiesta de San Antonio Abad, con bendición de animales.
El centro del pueblo
El núcleo gira alrededor de la iglesia parroquial, levantada en el siglo XVIII. La fachada es simple y el campanario se ve desde casi cualquier punto del casco urbano. Dentro quedan algunos retablos antiguos y la imagen de la Virgen del Rosario que todavía mueve las celebraciones del pueblo.
Las calles son cortas y con pendiente. Casas antiguas, portales de piedra y alguna reforma reciente. No hay mucho más que buscar. La calle Mayor conecta con la Plaça Major y ahí se concentra la vida diaria: vecinos que se conocen, conversación tranquila y poco tráfico.
Lo que hay alrededor
El interés real está fuera del casco urbano. Castell de Castells queda metido entre sierras de la Marina Alta interior. El paisaje es de roca caliza, bancales antiguos y monte bajo.
A pocos kilómetros está el Pla de Petracos, conocido por sus abrigos con arte rupestre prehistórico. Están documentados desde hace décadas y forman uno de los conjuntos más conocidos de este tipo en la Comunidad Valenciana.
Las laderas cercanas mezclan pino carrasco con matorral mediterráneo: romero, tomillo, algo de madroño en zonas más frescas. Todavía aparecen fuentes pequeñas junto a antiguos caminos. Algunas se usaban para el campo o para el ganado.
Caminar por la zona
Desde el propio pueblo salen senderos hacia las sierras cercanas y hacia otros pueblos del interior. Son caminos de montaña normales, algunos fáciles y otros con bastante subida.
Quien camina por aquí suele encontrarse rapaces planeando sobre los barrancos. También hay rastro de jabalí y zorro. Es terreno tranquilo, sobre todo entre semana.
Cocina de interior
La cocina local sigue la lógica de esta zona de montaña. Embutidos, guisos contundentes y hierbas del monte. La longaniza aparece en muchos platos y también la caza menor cuando toca temporada. En algunas casas todavía se elaboran quesos frescos de forma muy sencilla.
En otoño varios vecinos salen a por rebollones cuando el monte lo permite. Si no sabes distinguir setas, mejor mirar y ya está. Cada año hay sustos por confiarse.
Fiestas que siguen vivas
Las fiestas de la Virgen del Rosario suelen concentrar varios días de actos en octubre. Procesiones, música y comidas populares organizadas por los propios vecinos.
San Antonio Abad, a comienzos de año, mantiene la tradición de bendecir animales. Suelen verse caballos y animales de trabajo de la zona.
En agosto también hay celebraciones más pequeñas. Cenas al aire libre, actos religiosos y actividades organizadas por la gente del pueblo cuando cae la tarde.
Un consejo rápido
Ven temprano y recórrelo andando. El pueblo se ve rápido. Si tienes tiempo, guarda fuerzas para el Pla de Petracos o para alguna ruta por la sierra. Ahí está lo más interesante de esta zona.