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sobre El Poble Nou de Benitatxell
Municipio costero famoso por la Cala del Moraig y sus acantilados; mezcla agricultura y turismo residencial
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La primera vez que oí hablar de El Poble Nou de Benitatxell fue por una foto de Cala del Moraig que parecía sacada del Caribe. Luego llegas allí, bajas la cuesta en coche y piensas: “vale, el agua sí, pero esto no es una playa de postal fácil”. Hay acantilados, piedra y una bajada que te recuerda que luego toca subir. Y aun así, o quizá por eso, el sitio tiene algo.
El Poble Nou de Benitatxell, con unos 4.800 habitantes en la Marina Alta, mezcla un casco urbano sencillo con una franja de costa bastante seria: acantilados altos, calas escondidas y urbanizaciones colgadas en lo alto como si alguien las hubiera puesto ahí a propósito para mirar el mar todo el día. El pueblo está a unos 140 metros sobre el nivel del mar, así que las cuestas aparecen pronto. Aquí caminar suele implicar subir o bajar.
El nombre de “pueblo nuevo” viene de su origen histórico, aunque hoy ya tiene personalidad propia. Conviven vecinos de toda la vida con bastantes residentes europeos que se han instalado por la zona. No esperes un casco histórico monumental: el centro es pequeño y bastante funcional. Pero tiene esa vida tranquila de pueblo donde todavía ves a gente charlando en la puerta de casa o en la plaza.
Si vienes buscando largas playas de arena, aquí no es. En cambio, si te gustan las costas abruptas y las calas que obligan a ganarse el baño con una caminata o una bajada empinada, entonces Benitatxell empieza a tener sentido.
Lo imprescindible para entender Benitatxell
El patrimonio monumental es más bien discreto. La Iglesia Parroquial de Santa María Magdalena, del siglo XVIII, está en el centro del pueblo y refleja bastante bien el carácter del lugar: sencilla, sólida y sin demasiados adornos. Es uno de esos puntos donde aún se cruzan saludos entre vecinos.
La costa, en cambio, es otra historia. La Cala del Moraig es el lugar más conocido del municipio. El agua suele ser muy clara y las paredes de roca que la rodean hacen que parezca casi una piscina natural gigante. En verano se llena con facilidad, así que madrugar ayuda bastante. Llegar al atardecer también cambia mucho el ambiente.
A un lado de la cala está la Cova dels Arcs, una formación natural con arcos de roca que el mar ha ido perforando con el tiempo. Cuando el mar está tranquilo se ven bastante bien desde dentro, y por eso suele aparecer en muchas fotos de la zona. Si el oleaje está movido, conviene mantener distancia: aquí el Mediterráneo a veces parece calmado y de repente cambia el humor.
Encima de todo esto se levanta el Puig de la Llorença, el punto más alto de la zona costera. Desde algunos miradores se alcanza a ver el Peñón de Ifach hacia el norte, y en días muy claros hay quien dice que se distingue Ibiza en el horizonte. También queda una antigua torre vigía que recuerda la época en que estas costas se vigilaban por si aparecían barcos poco amistosos.
El Paseo Ecológico conecta varios tramos del litoral y permite recorrer parte de estos acantilados andando. No es un paseo marítimo cómodo: hay piedra, tramos irregulares y bastante sol en verano. Agua, gorra y calma ayudan.
Actividades para mantenerte ocupado
En Benitatxell casi todo gira alrededor de la costa. Caminar por los senderos que bordean los acantilados es la forma más clara de entender el lugar. Hay tramos sencillos y otros donde el terreno pide ir con más cuidado.
La llamada Ruta de los Acantilados sigue buena parte de la línea litoral. Si vas en verano, lo agradecerás más a primera hora o cuando baja el sol. Algunas zonas tienen piedra suelta y desnivel, así que mejor llevar calzado con buena suela.
Bajo el agua también hay movimiento. En días tranquilos, hacer snorkel en Cala del Moraig suele dar bastante juego: rocas, huecos y praderas submarinas donde se mueve bastante vida. Otras calas cercanas, como Cala dels Testos o Llebeig, requieren más esfuerzo para llegar. Son de esas en las que primero sudas bajando y luego disfrutas del baño con más ganas.
Otra forma de ver esta costa es desde el agua. En kayak, por ejemplo, se aprecia bien la altura real de los acantilados y las pequeñas cuevas que desde arriba casi pasan desapercibidas. Eso sí, siempre conviene mirar antes cómo está el mar. Aquí el viento puede aparecer rápido.
Festividades sin mucho ruido
Las fiestas locales siguen un ritmo bastante de pueblo. Las dedicadas a Santa María Magdalena, hacia julio, suelen concentrar buena parte de los actos: música, encuentros vecinales y celebraciones religiosas que aún mantienen bastante participación local.
No es el típico calendario pensado para atraer autobuses de visitantes. Más bien son días en los que el pueblo se reúne, las calles tienen más movimiento de lo habitual y quien esté de paso puede ver cómo funciona la vida local cuando se pone un poco más festiva.