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sobre Els Poblets
Municipio costero plano y tranquilo; antigua zona romana con playa de cantos rodados
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Te voy a contar un secreto sobre Els Poblets: hasta hace relativamente poco ni siquiera existía como municipio. Es como cuando un bar de toda la vida cambia de dueño pero sigue teniendo a los mismos parroquianos. Aquí pasó algo parecido. Durante siglos fueron tres núcleos separados —Setla, Mirarrosa y Miraflor— y no fue hasta principios de los años 70 cuando acabaron funcionando como un solo ayuntamiento. En el día a día, de hecho, todavía hay quien sigue hablando de “ir a Setla” o “bajar a Mirarrosa”, como si fueran pueblos distintos.
El río que se escapa
El Girona pasa por aquí como quien hace una visita rápida antes de irse a otro sitio. Els Poblets es de los últimos municipios que atraviesa antes de llegar al mar, y alrededor del río se entiende bien cómo se ha vivido aquí durante generaciones.
La huerta sigue marcando el paisaje. Naranjos, caquis, acequias que cruzan los campos… todo bastante llano y tranquilo, de esos sitios donde el coche va despacio porque siempre hay un tractor entrando o saliendo de un camino.
Y luego está la playa de la Almadrava. Aquí conviene venir con la idea clara: no es arena fina. Son cantos rodados y zonas de roca, ese tipo de playa donde aprendes rápido a traer escarpines o unas chanclas de agua. A cambio, el agua suele estar bastante limpia y el ambiente es tranquilo. Mucha gente extranjera que vive por la zona lo tiene clarísimo: una toalla, un baño largo y poco más.
Tres pueblos, una fiesta
En verano el calendario se anima con las fiestas del Divino Salvador. Suelen durar varios días y mezclan un poco de todo: música, actos en la calle, comidas populares… lo típico de un pueblo que se toma en serio sus fiestas.
Los Moros y Cristianos también aparecen en el programa algunos años, con comparsas y desfiles que recuerdan bastante a lo que se ve en otros pueblos de la Marina Alta.
Y en enero llega Sant Antoni, que es otro clásico de la comarca. Hoguera, bendición de animales, vecinos charlando alrededor del fuego desde por la mañana… Si pasas por allí ese día, el olor a leña y a embutido a la brasa se te queda pegado a la ropa.
Donde los martes (o casi) son importantes
El mercadillo semanal suele ser uno de esos momentos en los que el pueblo se junta. No esperes nada sofisticado: fruta, ropa, algún puesto de herramientas, cosas para la casa… lo de siempre.
Pero más que por lo que se compra, tiene gracia por el ambiente. Las abuelas con el carro de la compra, vecinos que se paran a hablar en mitad del pasillo entre puestos, y bastante mezcla de idiomas. En esta parte de la Marina Alta hay mucha gente llegada de otros países europeos y en Els Poblets se nota.
El resto de la semana el ritmo es tranquilo. Huerta, coches que cruzan despacio las calles del centro y bastante vida de barrio. Para moverse en transporte público, eso sí, normalmente toca mirar hacia los municipios cercanos más grandes.
La playa que no es playa
Vuelvo a la Almadrava porque, al final, ahí se entiende bastante bien el carácter del lugar.
No es una playa de postal ni sale mucho en folletos. Es más bien la playa de los que ya saben a lo que vienen: traes tus escarpines, una sombrilla si aprieta el sol y algo frío en la neverita. Te metes al agua, flotas un rato y listo.
En la parte donde el río Girona se acerca al mar hay zonas donde la gente se sienta al atardecer a charlar. Jubilados comentando el día, críos corriendo con la bici, familias enteras que se quedan hasta que baja el calor. Ese tipo de escena cotidiana que no sale en las guías pero explica bastante bien cómo funciona un sitio.
La hora de marcharse
Els Poblets no es un lugar que necesite demasiados días para entenderlo. Más bien encaja como parada tranquila dentro de una ruta por la Marina Alta: un paseo por el pueblo, comer con calma, acercarte a la playa y poco más.
Si luego necesitas más movimiento, Dénia queda a un salto y también están cerca El Verger o Pedreguer para compras y recados.
El truco está en elegir bien el momento. En agosto se llena bastante y encontrar aparcamiento cerca de la playa puede ser un pequeño deporte local. A principios de verano o ya en septiembre el ambiente vuelve a ser más relajado.
Al final, Els Poblets funciona así: tres antiguos núcleos que acabaron formando un municipio, huerta alrededor, un río que se dirige al mar y una playa de piedras donde mucha gente de la zona sigue dándose el primer baño del día sin hacer demasiado ruido. Un sitio sencillo, pero con vida propia.