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sobre La Vall d'Alcalà
Valle histórico morisco; despoblados antiguos y naturaleza salvaje
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La Vall d'Alcalà ocupa un valle interior de la Marina Alta, ya cerca del límite con las comarcas montañosas del norte de Alicante. El término municipal se reparte en varios pequeños núcleos y caseríos dispersos entre barrancos, laderas y bancales de piedra seca. A unos seiscientos metros de altitud y con una población muy reducida, el paisaje habla de una economía agrícola que durante siglos tuvo que adaptarse a un terreno difícil.
Aquí el territorio se entiende mirando las terrazas agrícolas. Los bancales sostienen almendros, olivos o algarrobos y marcan la forma del valle. Muchas de esas paredes de piedra se levantaron a mano, generación tras generación, para poder cultivar en pendientes que de otro modo serían improductivas. Cuando uno recorre la zona a pie, lo que aparece no es un decorado rural, sino el resultado de mucho trabajo acumulado.
Un valle marcado por la historia morisca
La Vall d'Alcalà suele mencionarse al hablar del último episodio de resistencia morisca en estas montañas a comienzos del siglo XVII. Tras la expulsión decretada por la monarquía, algunos grupos se refugiaron en los valles más abruptos del interior. La tradición local sitúa en estas sierras uno de esos focos de resistencia, aunque muchos detalles históricos se conocen más por crónicas que por restos visibles.
Esa historia explica en parte la dispersión del poblamiento. Los núcleos actuales —pequeños y separados entre sí— ocupan zonas donde el terreno permite algo de cultivo y acceso al agua.
En uno de esos núcleos se encuentra la iglesia dedicada a la Virgen del Rosario, levantada en época moderna y reformada posteriormente. Es un edificio sobrio, propio de una comunidad pequeña. Más que por su arquitectura, interesa como punto de referencia del pueblo y como lugar donde se han concentrado durante siglos los momentos colectivos: celebraciones, anuncios, reuniones.
Calles, casas y bancales
El casco urbano es reducido y se recorre rápido. Las calles siguen la pendiente del terreno y enlazan casas de mampostería encalada o con la piedra a la vista, muchas con reformas recientes que conviven con elementos más antiguos.
Conviene fijarse en detalles que a menudo pasan desapercibidos: antiguos corrales adosados a las viviendas, pequeñas eras en las afueras o depósitos de agua ligados al riego tradicional. Son pistas de cómo se organizaba la vida agrícola en un valle donde cada metro cultivable contaba.
Al salir del núcleo, los bancales vuelven a dominar el paisaje. Algunos siguen en uso; otros están colonizados por matorral o por pinos jóvenes que han ido ocupando antiguas parcelas.
Caminos de valle y senderos de montaña
Los caminos que salen del pueblo conectaban antiguamente con masías, fuentes y pueblos vecinos de la Marina Alta y del Comtat. Muchos de esos trazados todavía se utilizan como rutas de senderismo.
Caminar por la zona implica subir y bajar con frecuencia: barrancos, collados y laderas forman un relieve bastante marcado. A cambio, los cambios de perspectiva son constantes. Desde ciertos puntos altos, en días despejados, el horizonte llega a abrirse hacia la costa.
La fauna es la habitual de estas sierras mediterráneas. No es raro ver rapaces planeando sobre los barrancos o escuchar pequeños pájaros entre pinos y matorral. A primera hora de la mañana y al final de la tarde el valle suele estar más activo.
Cocina de interior
La cocina tradicional de la zona responde a lo que daba el entorno: legumbres, aceite de oliva, caza menor cuando la había y arroz preparado de muchas maneras. En las casas del valle han sido habituales los guisos largos, los arroces de montaña y los embutidos elaborados durante la matanza.
En otoño algunas personas del lugar salen a buscar setas en zonas concretas de la sierra, una práctica que requiere conocer bien el terreno y las especies. En primavera aparecen hierbas aromáticas silvestres que tradicionalmente se han utilizado en la cocina doméstica.
Fiestas y vida local
Las celebraciones del calendario siguen el ritmo de los pueblos pequeños. La festividad dedicada a la Virgen del Rosario suele concentrar los actos principales del año, con procesión, música y comidas compartidas entre vecinos.
También se celebran fechas religiosas como la Semana Santa o las fiestas navideñas, normalmente con actos sencillos organizados por la propia comunidad. En municipios de este tamaño, el interés no está en la magnitud de las celebraciones sino en la participación de quienes viven allí.
Cómo llegar y cuándo ir
La Vall d'Alcalà se alcanza por carreteras comarcales que atraviesan el interior de la Marina Alta. El último tramo discurre entre sierras y valles agrícolas, con bastantes curvas.
Primavera y otoño suelen ser los momentos más cómodos para caminar por la zona. En verano el calor aprieta durante el día, aunque las noches suelen refrescar por la altitud. El invierno puede traer viento y temperaturas bajas.
Si la idea es recorrer senderos o moverse entre los distintos núcleos del valle, conviene llevar agua y calzado adecuado. Las distancias no son grandes, pero el terreno siempre tiene pendiente.