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sobre La Vall de Laguar
El balcón de la Marina; famoso por el Barranc de l'Infern y sus escalones moriscos
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La Vall de Laguar es un municipio del interior de la Marina Alta formado por varios núcleos dispersos en la ladera de la Serra del Cavall Verd. Su geografía, un valle largo y encajado entre sierras, explica la estructura del territorio: bancales, caminos empedrados y pueblos separados entre sí. Esta no es una postal costera; es un paisaje modelado por una historia agrícola particular.
Durante siglos fue un territorio de población morisca. Tras la expulsión decretada a comienzos del siglo XVII, muchos de estos lugares quedaron casi vacíos. La repoblación posterior llegó con familias procedentes en buena parte de Mallorca, un hecho que aún se percibe en algunos apellidos y en ciertas tradiciones del valle. Los núcleos actuales —Benimaurell, Fleix, Campell y Fontilles— se asientan sobre pequeñas plataformas o laderas donde era posible cultivar, siempre rodeados por los muros de piedra seca que sostienen el terreno.
Un paisaje construido con piedra seca
El elemento que define el valle es su bancalización histórica. Los muros de piedra seca que se ven hoy no son decorativos; se levantaron hace generaciones para ganar tierra cultivable a la pendiente. Este sistema permitió sostener olivos, almendros y pequeñas huertas en un entorno abrupto. Es una arquitectura rural funcional, sin firma de autor.
En Benimaurell, la iglesia de San Miguel Arcángel, un edificio relativamente sobrio, actúa como centro del núcleo. En una sociedad rural dispersa, el templo cumplía una doble función: religiosa y de organización comunitaria.
Fontilles tiene una trayectoria distinta. A comienzos del siglo XX se estableció allí un sanatorio para el tratamiento de la lepra. Durante décadas fue uno de los centros más conocidos de España para esta enfermedad. Su presencia marcó la vida del lugar y explica la arquitectura aislada y particular de esa zona del valle.
El manejo del agua también dejó su huella. Pequeños aljibes y conducciones tradicionales aparecen repartidos por los caminos. En un territorio de lluvias irregulares, almacenar agua era una cuestión de supervivencia agrícola.
El Salt de la Novia es una cascada que cae por un barranco profundo. Su caudal depende por completo de las lluvias; tras periodos secos puede quedar reducida a un hilo de agua o desaparecer. El paraje sirve, sobre todo, para comprender la profundidad y lo encajado del relieve que rodea el valle.
Recorrer el territorio
La forma más coherente de entender este lugar es caminando. Muchos senderos actuales siguen antiguos caminos agrícolas o las veredas que conectaban los núcleos dispersos. Las pendientes son constantes; no se trata de un paseo llano.
Algunos recorridos descienden hacia barrancos muy encajados y vuelven a subir entre bancales, algunos abandonados y otros todavía en uso. Desde las partes más altas del valle, con buena visibilidad, se puede llegar a distinguir la línea lejana del Mediterráneo.
Las carreteras que lo atraviesan son estrechas y sinuosas. Atraen a ciclistas en busca de desnivel sin un tráfico denso. Para quien conduzca, requieren atención por los cambios constantes de rasante y las curvas cerradas.
La cocina aquí sigue ligada al calendario agrícola: almendra, aceite de oliva local, verduras de temporada y platos sencillos que tradicionalmente se preparaban en las masías del valle.
Fiestas y ciclo anual
Las fiestas patronales dedicadas a San Miguel suelen celebrarse a finales de septiembre. Como en otros pueblos del interior valenciano, son días en los que regresan vecinos que viven fuera y el valle recupera una actividad notable.
En Fontilles se mantienen celebraciones vinculadas a San Blas durante el invierno. Tienen un carácter más reducido, muy ligado a la comunidad local que permanece.
Hacia febrero o marzo, si el invierno ha sido propicio, los almendros florecen en los bancales. No es un evento organizado, pero durante esas semanas el paisaje cambia por completo su tono.
Cómo llegar y cuándo ir
El acceso habitual pasa por Ondara y continúa por carreteras interiores que se adentran en la montaña. El último tramo es sinuoso y marca bien la transición entre la llanura litoral y el relieve escarpado del interior.
El ritmo aquí es pausado. En verano el calor puede ser intenso, haciendo las caminatas más exigentes. El otoño, el invierno o los inicios de la primavera suelen ser momentos más adecuados para recorrer el territorio a pie; el paisaje varía notablemente según las lluvias de cada temporada.