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sobre Sanet y Negrals
Pequeño municipio de la Rectoría; unión de dos núcleos con vistas al valle
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Hay pueblos que se entienden rápido. Aparcas, das una vuelta y ya sabes de qué van. El turismo en Sanet y Negrals funciona un poco así. No porque no tenga cosas, sino porque todo está muy a la vista: huerta, calma y un ritmo que no tiene nada que ver con el de la costa que queda a pocos kilómetros.
Sanet y Negrals es pequeño. Apenas algo más de setecientos vecinos. Está en la Marina Alta, en un valle abierto donde el río Girona ha ido marcando el terreno y, de paso, la manera de vivir. Aquí el paisaje no es decorado. Es trabajo: campos de cítricos, almendros, algún olivo y caminos que pasan entre bancales.
Son dos núcleos pegados, Sanet por un lado y Negrals por otro, que con el tiempo han acabado funcionando como un solo pueblo. Todo gira alrededor de la agricultura y eso se nota incluso caminando por el casco urbano.
Dos núcleos tranquilos en medio de la huerta
Cuando paseas por Sanet y Negrals tienes la sensación de que el pueblo se fue construyendo poco a poco, según hacía falta. Calles cortas, casas blancas o de tonos claros, portales de madera que ya han visto bastantes veranos.
No hay grandes plazas monumentales ni edificios que busquen llamar la atención. Más bien lo contrario. Es el tipo de sitio donde oyes una persiana subir por la mañana o alguien regando en la puerta.
Entre una calle y otra aparecen vistas abiertas hacia el valle. Bancales, acequias y caminos de tierra que salen del pueblo casi sin darte cuenta.
La iglesia y el pequeño centro del pueblo
La iglesia parroquial de San Pedro Apóstol queda más o menos en el centro de Sanet. Es el edificio que te sirve de referencia cuando empiezas a dar vueltas por allí. El origen parece remontarse a varios siglos atrás, aunque ha tenido cambios con el tiempo, algo bastante habitual en pueblos de esta zona.
Por dentro mezcla elementos de distintas épocas. Vigas de madera, partes reformadas y detalles barrocos añadidos más tarde. No es una iglesia monumental, pero encaja bien con el tamaño del pueblo.
Alrededor se concentra la poca vida que hay durante el día: vecinos que pasan, algún coche que entra y sale, conversaciones cortas en la calle.
Caminos entre bancales y acequias
Si sales del casco urbano enseguida empiezan los caminos agrícolas. No están pensados como rutas turísticas en el sentido clásico. Son caminos de trabajo que la gente del pueblo ha usado siempre para llegar a los campos.
Algunos siguen el curso del río Girona. Otros suben suavemente entre bancales de piedra seca. Caminar por aquí es bastante sencillo. El terreno es amable y las distancias cortas.
Lo interesante es fijarse en cómo está organizado todo: muros de piedra que separan parcelas, pequeñas acequias de riego y casetas de campo que aparecen de vez en cuando.
Un buen punto para moverse por la Marina Alta
Otra cosa que juega a favor de Sanet y Negrals es la ubicación. En coche estás relativamente cerca de la costa y de pueblos más conocidos de la Marina Alta. Dénia, por ejemplo, queda a un trayecto corto por carretera.
Eso hace que mucha gente pase por aquí de camino a otros sitios o lo use como base tranquila para moverse por la comarca. Sales por la mañana, recorres la zona y vuelves al final del día a un pueblo que sigue igual de calmado.
Fiestas y vida local
Las fiestas patronales dedicadas a San Pedro suelen celebrarse a principios del verano. Como en muchos pueblos pequeños de la zona, combinan actos religiosos con música en la calle y reuniones entre vecinos.
También es habitual que el calendario local esté ligado a la agricultura. Mercados pequeños, encuentros relacionados con la huerta o actividades que recuperan oficios tradicionales aparecen de vez en cuando.
No es algo pensado para atraer multitudes. Más bien son celebraciones que siguen existiendo porque el pueblo las mantiene.
Al final, visitar Sanet y Negrals es más bien parar un rato y mirar alrededor. Un paseo tranquilo, ver cómo se organiza la huerta y entender que en esta parte de la Marina Alta todavía hay pueblos donde el paisaje manda más que el turismo. Y eso, hoy en día, ya dice bastante.