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sobre Finestrat
Municipio que combina el Puig Campana con una cala turística; contraste entre montaña y mar
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Desde la N‑332, Finestrat aparece como un pueblo colgado. Las casas se agarran a un cerro de roca rojiza que domina la Marina Baixa y, detrás, se levanta el Puig Campana con su corte vertical —el conocido tall de la muntanya. La imagen resume bien el lugar: un núcleo interior a unos 280 metros de altitud que mira hacia el mar desde la sierra, y una cala de arena a unos 8 km que interrumpe la línea de acantilados entre Benidorm y Villajoyosa. Dos Finestrat en uno: el del cerro y el de la playa.
El cerro y la carta de población
La documentación medieval menciona el lugar como castrum Finestrati. Jaime I otorgó carta de población en el siglo XIII, dentro del proceso de reorganización cristiana del territorio tras la conquista. El topónimo suele relacionarse con una raíz árabe vinculada a la idea de “ventana”, algo que encaja con su posición dominante sobre la costa.
El castillo —hoy prácticamente desaparecido— vigilaba el paso entre el litoral y el interior. La lógica defensiva marcó la forma del pueblo: casas apretadas alrededor del cerro, calles estrechas y tramos de escaleras que siguen la pendiente natural. El campanario de Sant Bertomeu, cuya construcción comenzó en el siglo XVIII, sigue siendo el punto de referencia cuando se mira el casco antiguo desde abajo.
De la matança a la coca de mollitas
La cocina local refleja la doble geografía. En la sierra se cultivaban cereales y se criaba ganado; en la costa cercana llegaba pescado de bajura. De ahí platos como la olleta de blat, un guiso de invierno con trigo, legumbres y productos de la matanza.
La coca de mollitas pertenece a una tradición más reciente dentro del recetario popular: una base de masa cubierta con migas de harina, tomate, pimiento y bacalao desmigado. Todavía hay casas donde se elaboran embutidos durante la matança, y en los montes cercanos algunos apicultores mantienen colmenas entre romero y tomillo, sobre todo en las laderas de la Sierra de la Cortina y hacia el entorno del Amadorio.
Fiestas que suben y bajan
El calendario festivo también refleja esa relación entre el cerro, la sierra y el mar. A comienzos de febrero se baja la imagen del Santíssim Crist del Remei desde su ermita hasta la parroquia, una tradición que recuerda antiguas rogativas ligadas a epidemias del siglo XIX.
En primavera llegan las fiestas de Moros i Cristians, que aquí se celebran en calles bastante empinadas. Los cuarteles de las comparsas se distribuyen por el casco antiguo y los arcabuces retumban contra la ladera.
A finales de agosto, con las fiestas dedicadas a Sant Bartomeu, parte de la celebración se traslada a la cala. Y en primavera suele celebrarse también la romería a la Font del Molí, el manantial que abasteció al pueblo durante generaciones antes de que llegaran los sistemas modernos de suministro.
Subir (o no) el Puig Campana
La presencia del Puig Campana marca buena parte del ocio al aire libre en la zona. El ascenso clásico parte de la Font del Molí y alcanza la cima —unos 1.400 metros— tras varias horas de subida continua. También existe la llamada Senda de la Canaleta, un recorrido largo que rodea el macizo y pasa por antiguos neveros excavados en la ladera norte, utilizados durante siglos para almacenar nieve.
Quien prefiera caminar sin tanto desnivel puede seguir el circuito de Els Castellets, que bordea la cara sur de la montaña. Desde ahí se abre la vista hacia el litoral de la Marina Baixa.
Hacia el otro lado está la cala de Finestrat, una pequeña franja de arena entre Benidorm y Villajoyosa. Desde el interior hay caminos y carreteras que bajan en dirección al mar; algunos senderistas enlazan el entorno de la Font del Molí con la costa en una jornada tranquila.
Cómo llegar y aparcar
Desde Alicante se llega por la A‑70 y las conexiones con la N‑332 o la CV‑770. El casco histórico tiene bastantes calles estrechas y zonas peatonales, así que lo habitual es dejar el coche en los aparcamientos de la parte baja del pueblo y subir andando.
La cala dispone también de zonas de aparcamiento, aunque en verano se llenan con facilidad. Finestrat está muy cerca de Benidorm, desde donde salen conexiones frecuentes de autobús y la línea de TRAM que recorre buena parte de la costa alicantina.
Cuándo ir
La primavera y el principio del otoño suelen ser los meses más cómodos para caminar por la sierra. En verano la actividad se concentra en la cala, mientras que el casco antiguo queda más tranquilo.
En invierno el Puig Campana a veces amanece con nieve en la cima; entonces el pueblo cambia de ritmo y el olor a leña aparece en muchas calles del casco antiguo.