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sobre La Nucia
Ciudad del deporte; municipio moderno con excelentes instalaciones deportivas y casco antiguo cuidado
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El pueblo que se inventó un gimnasio del tamaño de 63 campos de fútbol
La primera vez que oí hablar de La Nucia fue en un bar de Benidorm. Un ciclista holandés me contó que entrenaba allí porque “tiene como 63 campos de fútbol llenos de instalaciones deportivas”. Pensé que exageraba, como cuando alguien dice que ha encontrado el mejor arroz de su vida. Luego fui y entendí a qué se refería. La Ciudad Deportiva Camilo Cano es enorme, de esas que te hacen mirar alrededor y pensar que en tu pueblo el polideportivo sigue teniendo las mismas dos pistas de siempre.
De dónde viene el nombre y otras historias del pueblo
La Nucia, tal y como existe hoy, no es especialmente antigua comparada con otros pueblos de la Marina Baixa. Se separó de Polop a principios del siglo XVIII, que en términos de historia española es bastante reciente. El nombre, como pasa con muchos lugares de la zona, tiene raíz árabe.
Durante mucho tiempo aquello fue poco más que casas dispersas, campos de almendros y la eterna pelea por el agua que ha marcado media historia del Mediterráneo. En el casco antiguo todavía se notan esas dimensiones: es pequeño, de los que recorres en un rato tranquilo.
Hay detalles curiosos. El campanario de la iglesia, levantado en el siglo XVIII, tiene esa presencia que domina todo el casco. Y luego está “el Chalet”, una casa de aire colonial construida a principios del siglo XX que hoy se usa para asuntos municipales. Parece más la vivienda de un terrateniente en una película antigua que un edificio administrativo.
La ermita que está más lejos de lo que parece
La Capelleta, dedicada a San Rafael, es uno de esos sitios que ves desde el pueblo y piensas: “eso está ahí al lado”. Luego empiezas a subir y te das cuenta de que la distancia engaña. El camino ronda los setecientos metros, pero al ser cuesta arriba se alarga un poco más de lo que uno calcula desde la plaza.
La ermita actual se levantó a finales del siglo XIX para sustituir otra más antigua. Desde arriba se abre la vista hacia el valle y hacia la costa. No es un mirador preparado con barandillas y paneles, es simplemente el alto del cerro. Aun así, la gente suele parar un rato allí arriba.
Cuando el deporte se convierte en la excusa
Aquí está la parte que realmente ha cambiado el papel de La Nucia en el mapa. Mientras muchos pueblos del interior viven mirando al turismo de playa de Benidorm, aquí apostaron fuerte por el deporte.
La Ciudad Deportiva Camilo Cano ocupa una superficie enorme —suele decirse que ronda el equivalente a decenas de campos de fútbol— y reúne instalaciones de todo tipo: pistas, campos, velódromo, pabellones… Por eso es habitual ver equipos extranjeros entrenando por la zona, sobre todo en invierno.
Y luego está el Auditorio del Mediterráneo, donde programan conciertos y espectáculos. Que haya ópera o música clásica en un municipio de algo más de 19.000 habitantes siempre sorprende un poco la primera vez que lo escuchas.
Platos que siguen siendo de casa
La cocina local sigue muy ligada a lo que se cultivaba aquí. Los pilotes de dacsa, hechos con maíz, suelen aparecer acompañados de verduras o caldo. Los minxos —una masa fina rellena con lo que haya en temporada— se ven bastante en la comarca.
Y luego está el arròs cuinat, un arroz contundente que mezcla legumbres, verduras y lo que dé la huerta. Es comida de casa, de las que nacen porque alguien tenía que aprovechar lo que había en la despensa.
Mi consejo de amigo
La Nucia no es un lugar para pasar una semana entera dando vueltas por el casco antiguo. Es más bien una parada de un día tranquilo.
Llegas por la mañana, das una vuelta por el centro, subes hasta la ermita si te apetece estirar las piernas y luego bajas otra vez al pueblo. Si coincide con algún evento deportivo, es curioso acercarse a la ciudad deportiva y ver el ambiente.
En verano el pueblo suele animarse bastante con las fiestas patronales, que se celebran hacia mediados de agosto. También es habitual que en torno al día del municipio se organice algún mercado temático en el casco antiguo.
Y otro detalle: los domingos suele montarse un rastro en una de las avenidas principales. No es gigantesco, pero tiene ese ambiente de mercadillo donde aparecen herramientas viejas, plantas, ropa y objetos que claramente salieron del trastero de alguien.
¿Compensa acercarse? Depende de lo que busques. Si tu idea es encontrar un pueblo de piedra congelado en el tiempo, aquí no va la cosa. Pero si te interesa ver cómo un municipio pequeño se ha reinventado apostando por algo tan poco típico como el deporte, La Nucia tiene su gracia.
Además estás a un paso de Benidorm y de la costa. Como tener base en un pueblo tranquilo mientras el ruido de la playa se queda a unos minutos en coche.