Artículo completo
sobre La Vila Joiosa
Capital histórica de la Marina Baixa; famosa por sus casas de colores y el chocolate
Ocultar artículo Leer artículo completo
En La Vila Joiosa lo primero que conviene resolver es el coche. En verano el paseo marítimo se llena rápido y dar vueltas no sirve de mucho. Si llegas temprano aún encuentras hueco; si no, toca aparcar más arriba y bajar andando.
Cuando llegas al paseo lo ves claro: las casas de colores frente a la playa. No una o dos, sino una fila entera de fachadas azul limón, rosa, verde o amarillo. Tradicionalmente se pintaban así para que los pescadores identificaran su casa desde el mar cuando regresaban al puerto. Hoy siguen ahí, y el pueblo empieza justo detrás.
El color antes que nada
El casco antiguo no es grande. Tres o cuatro calles principales y algunas cuestas que bajan hacia la playa. Se cruza rápido.
La plaza de la iglesia es el punto donde casi todo el mundo se detiene un momento. Las fachadas cambian bastante según la luz del día. El ayuntamiento mantiene una cierta coherencia en los colores y los vecinos suelen respetarla. Eso evita que el conjunto se desmadre.
Aquí todavía hay vida diaria: panadería, ferretería, librerías, mercado municipal por la mañana. No todo gira alrededor del turismo, y se nota. La calle Mayor sigue siendo una calle de paso para los vecinos.
Un poco más apartado queda la torre de Sant Josep, una torre funeraria romana bastante bien conservada. Se llega caminando desde el centro en un rato. Desde allí se entiende bien la geografía del sitio: el río Amadorio por un lado, el casco urbano pegado a la playa y, al fondo, el puerto.
Playas que no están de paso
El término municipal tiene bastantes calas repartidas por la costa. Algunas son pequeñas y otras apenas son un tramo de grava entre rocas.
La playa Centro es la más accesible y donde acaba casi todo el mundo. Si te alejas un poco aparecen zonas más tranquilas. Hacia el sur está la del Paradís, más abierta. Otras, como l’Esparrelló, son calas estrechas entre roca donde el acceso ya requiere bajar a pie.
El agua suele estar bastante clara cuando el mar está en calma. La cercanía con Benidorm hace que mucha gente venga a bañarse aquí buscando algo menos de densidad, aunque en agosto también se nota.
Aparcar cerca de estas calas pequeñas puede ser complicado en pleno verano.
Lo que se come de verdad
La Vila sigue teniendo puerto pesquero y lonja. Por la mañana se mueve género: sardina, boquerón, sepia y pescado de temporada.
En muchas casas se sigue preparando arròs amb senyal, un arroz caldoso con pimiento y pescado. Tiene ese color anaranjado que parece más suave de lo que luego resulta.
También aparece el peix sec, pescado secado al aire que después se hidrata y se pasa por la plancha. Es una tradición del barrio pesquero que todavía se ve en algunos balcones cuando hace buen tiempo.
En la parte dulce, el turrón forma parte de la identidad local. No se limita a Navidad; se vende durante todo el año en distintos formatos, incluida la crema fría que aparece en muchas cartas cuando llega el calor.
Fiestas que suenan a pólvora
Las fiestas de Moros y Cristianos se celebran a finales de julio y cambian bastante el ritmo del pueblo durante unos días.
Uno de los actos más conocidos es el desembarco en la playa, por la mañana temprano. Se dispara mucha pólvora y la zona se llena rápido. Si te acercas demasiado, conviene proteger oídos y cámara.
El resto de días hay desfiles con bandas y trajes bastante pesados. Las calles del centro se cortan y el tráfico se complica.
Durante el verano también suele haber conciertos y actuaciones al aire libre, a menudo organizadas por bandas locales.
Consejo práctico
Si vienes en coche, intenta llegar antes de media mañana. El aparcamiento del entorno del cementerio antiguo suele ser una opción razonable para dejar el coche y bajar caminando.
Dentro del casco antiguo lo mejor es olvidarse del vehículo. Calles estrechas, suelo de piedra y controles de acceso en algunas zonas.
La Vila se ve rápido. Un paseo por el casco viejo, la playa y el puerto no lleva más de medio día. Si tienes tiempo extra, úsalo para bajar a alguna cala tranquila y esperar a que regresen los barcos al atardecer. Ahí se entiende mejor el sitio que mirando fachadas.