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sobre Tàrbena
Pueblo de montaña con herencia mallorquina; famoso por su embutido y vistas
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A media mañana, cuando el sol empieza a rebotar en las fachadas blancas, las calles de Tarbena se quedan casi en silencio. Solo se oye el roce de las suelas contra la piedra y alguna conversación que sale por una ventana abierta. Las calles bajan y suben con pendiente, siguiendo la forma de la ladera, y entre las casas aparecen huecos desde donde se adivinan los bancales de almendros y olivos que rodean el pueblo.
Quien busca turismo en Tarbena suele llegar desde la costa, después de una carretera que se enrosca entre montañas. El mar está relativamente cerca, aunque aquí arriba lo que domina es la sierra. En días muy claros, desde algunos puntos altos se intuye una franja azul en la distancia; otras veces el horizonte queda cerrado por las crestas de la sierra de Bernia y las montañas que protegen el valle.
Qué ver sin rodeos
La iglesia de San Antonio Abad ocupa el centro del pueblo. Es un edificio sencillo, encalado, con una puerta de madera que suele permanecer cerrada durante buena parte del día. A su alrededor hay movimiento tranquilo: vecinos que cruzan la plaza, alguien cargando bolsas, una moto que sube despacio por la cuesta.
El casco urbano se recorre sin mapa. Las calles son estrechas y a ratos empedradas, con escalones improvisados y curvas que obligan a ir despacio. En algunas esquinas quedan fuentes de piedra y pequeños patios con macetas de romero o geranios. Conviene mirar al suelo: hay tramos pulidos por los años donde el calzado resbala un poco, sobre todo cuando el calor aprieta y la piedra se vuelve lisa.
Caminos entre bancales
Al salir del núcleo urbano empiezan enseguida los bancales. Muros de piedra seca, almendros separados entre sí y caminos agrícolas que serpentean ladera abajo. En febrero y marzo —según venga el invierno— muchos de esos árboles florecen y el valle se llena de tonos blancos y rosados.
No todos los caminos están señalizados. Algunos enlazan con sendas que se acercan hacia la sierra de Bernia o conectan con otros pueblos del interior. Si quieres caminar un rato largo, merece la pena mirar la ruta antes o llevar el recorrido guardado en el móvil; los cruces entre bancales a veces se parecen demasiado entre sí.
Al atardecer la luz cae de lado sobre las terrazas de cultivo y el valle se queda muy callado. A pocos minutos del pueblo ya no se oye nada más que el viento moviendo las copas de los pinos.
Comer aquí también cuenta algo del lugar
La cocina local sigue muy ligada a lo que da la zona: embutidos, almendras, aceite y verduras de huertas pequeñas. Hay una mezcla curiosa de sabores dulces y salados que aparece en varias recetas. La sobrasada con miel, que muchos vecinos mencionan cuando se habla de comida del pueblo, es uno de esos contrastes que sorprenden la primera vez.
Cuándo venir
Primavera y otoño suelen ser los momentos más agradables para caminar por los alrededores. La floración de los almendros, normalmente entre finales de invierno y comienzos de primavera, cambia bastante el aspecto del valle durante unas semanas.
En verano el calor se nota en las cuestas del casco urbano. Si vienes en esos meses, compensa moverse temprano o esperar a última hora de la tarde, cuando la sombra vuelve a las calles.
En invierno el pueblo queda muy tranquilo. El aire baja frío desde la sierra y al caer la tarde la temperatura se desploma rápido, así que las horas centrales del día son las más agradecidas para pasear.
Una parada breve, pero con sentido
Tarbena es pequeño. En una hora larga se puede recorrer casi todo el casco urbano sin prisa. Aun así, merece la pena alargar un poco la visita y salir a pie hacia los bancales que lo rodean. Ahí es donde se entiende mejor el lugar: el olor de la tierra seca, el sonido de las hojas moviéndose y la sensación de estar en un pueblo de interior aunque el Mediterráneo quede a poca distancia.
Si llegas en coche, ten en cuenta que las calles del centro son estrechas y con pendiente. Lo más cómodo suele ser dejar el vehículo en las zonas de acceso y entrar caminando. Aquí, de todas formas, casi todo se hace a pie. Y sin prisa.