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sobre Novelda
Ciudad del modernismo y el mármol; destaca por su santuario inspirado en Gaudí
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El mármol de Novelda no es solo un recurso económico: explica buena parte del aspecto que tiene el pueblo. Cuando a finales del siglo XIX empezaron a explotarse con más intensidad las canteras del entorno, apareció una burguesía local vinculada a ese negocio y al comercio de la uva de mesa. Ese momento de prosperidad coincidió con la moda modernista, y muchas familias encargaron viviendas que incorporaban ese lenguaje. El resultado es un centro histórico donde la piedra clara convive con hierro forjado, cerámica y una arquitectura poco habitual en una localidad del interior alicantino.
El modernismo que nadie espera
La ruta suele empezar en la plaza de la Constitución y, más que seguir un recorrido cerrado, consiste en caminar unas pocas calles del centro fijándose en los detalles: balcones de forja vegetal, escudos tallados en mármol o mosaicos hidráulicos que todavía aparecen en portales y escaleras.
La Casa Museo Modernista ayuda a entender bien ese momento. La vivienda conserva buena parte del mobiliario y la distribución original, con un patio interior que organiza la casa alrededor de la luz. En la rejería exterior aparecen uvas y hojas de parra. No es un capricho decorativo: durante décadas Novelda exportó uva de mesa —sobre todo a mercados británicos— y esa actividad marcó la economía local.
A poca distancia, en el cerro de la Mola, se levanta el Santuario de Santa María Magdalena. Es un edificio singular, construido en piedra y con una silueta que recuerda al modernismo catalán, aunque reinterpretado de forma bastante libre. El interior guarda un órgano realizado en mármol, algo muy poco común. El arquitecto fue José Sala Sala, que era joven cuando asumió el proyecto y cuya trayectoria quedó prácticamente vinculada a esta obra.
Castillo, cardet y azafrán
En el mismo cerro del santuario están los restos del Castillo de la Mola. La subida se hace por un camino de tierra entre pinos y antiguas zonas de cantera. Lo más llamativo es la torre triangular, levantada en época medieval y poco habitual en la arquitectura militar de la zona. Desde arriba se entiende bien la posición de Novelda en el valle del Vinalopó y su relación con las sierras cercanas, que protegen parcialmente el casco urbano del viento de levante.
Al otro lado del valle aparecen todavía muchas parcelas dedicadas a la uva embolsada del Vinalopó, un cultivo que sigue teniendo peso en la comarca.
En el casco urbano, el mercado municipal suele concentrar bastante movimiento algunos días de la semana. Allí todavía se ven productos muy ligados a la cocina local. Uno de los platos tradicionales es la olla de cardet, un guiso de cordero con cardo y almendra que se asocia a los meses fríos. Antiguamente también se aromatizaba con azafrán, cuando este cultivo tenía presencia en la zona entre los siglos XVII y XVIII.
Otra preparación habitual es la coca de mollita: base fina con tomate y pimiento cubierta por migas de harina y aceite. Se come fría y es frecuente verla en panaderías y reuniones familiares.
Moros y Cristianos en julio
Las fiestas de Moros y Cristianos se celebran en julio en honor a Santa María Magdalena y ocupan varios días del calendario festivo local. Durante esas jornadas hay desfiles de comparsas, actos religiosos y disparos de arcabucería con pólvora negra, que resuenan con fuerza entre las calles del centro.
La procesión de la patrona se celebra de madrugada, una costumbre bastante arraigada en Novelda. Es un momento muy seguido por los vecinos, con banda de música acompañando la imagen por las calles mientras muchos observan desde portales o balcones.
A diferencia de otras celebraciones más masivas de la provincia, aquí se percibe un ambiente bastante familiar: las comparsas están muy ligadas a grupos de amigos y a varias generaciones de la misma familia.
Cómo llegar y cuándo ir
Novelda está a unos 30 kilómetros de Alicante, conectada por la autovía A‑31. También tiene estación de tren en la línea que atraviesa el valle del Vinalopó.
El centro se recorre sin dificultad a pie. Para subir al cerro de la Mola conviene llevar calzado cómodo porque el último tramo es de tierra.
El clima es seco y las temperaturas en verano suelen ser altas. Primavera y otoño resultan más suaves para caminar por el casco urbano o subir al santuario y al castillo. En esas épocas, además, el paisaje agrícola del valle cambia bastante con el ciclo de la uva.